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Las asociaciones cívicas Coruña
Liberal para la defensa de los valores constitucionales y AGLI
(asociación gallega para la libertad de idioma) desean dar
expresión a la parte de opinión ciudadana
frecuentemente silenciada u omitida en los medios, en relación
con el proceso de persecución y exclusión totalitaria
del uso público del idioma español en el territorio
abandonado a la administración regional de Galicia.
Uno de tantos episodios bochornosos de
esta guerra total contra quienes sencillamente usan su idioma como su
mejor herramienta de trabajo, lo constituyen las denuncias a dos
destacados funcionarios de la administración de justicia, de
las que hemos tenido noticia por la edición impresa del Ideal
Gallego del 15 de febrero.
Los denunciantes tampoco son ciudadanos
corrientes, sino elementos liberados del trabajo, es decir,
mantenidos por el resto de los españoles para la promoción
de los derechos de los trabajadores de sus respectivos gremios,
liberación que usan para enredar, y, en este caso, perseguir a
dos funcionarios por razón del idioma, y avisar a los demás que no se sometan al capricho nacionalista. Son, además,
instrumento de una organización que se aprovecha de las
instituciones del estado de derecho para reducirlo a una
yuxtaposición de territorios definidos supuestamente por
criterios étnico-lingüísticos y extinguir el
pueblo español como titular de la soberanía.
Tales denuncias, en las que los
denunciantes son los provocadores de las situaciones que denuncian,
se producen en un momento de recrudecimiento de la ofensiva desatada
con el pretexto de la llamada normalización lingüística ,
y también con los ataques provenientes de diversas instancias
contra la unidad e independencia de instituciones clave del
funcionamiento democrático:
-
acoso callejero al Tribunal
Superior de Justicia del País Vasco por no reconocer un
estatuto privilegiado ante la ley a un destacado nacionalista;
-
presiones intolerables al Tribunal
Constitucional para que no ejerza con independencia su función
respecto de determinada norma de promoción nacionalista;
-
insultos en el Congreso al
Defensor del Pueblo por haberse atrevido a impugnar dicha norma;
-
chantaje al Tribunal Supremo por
el ayuno voluntario de otro nacionalista, secundado, entre otros
muchos, por el presidente del Senado;
No es raro que hasta los más
obscuros adeptos del nacionalismo se sientan alentados en esta
dinámica infernal de deslegitimación de las
instituciones independientes en nuestro sistema democrático.
Queremos llamar la atención sobre la necesidad imperiosa de
detener este proceso de degradación, mediante la defensa
enérgica de esa independencia, y el cumplimiento sin titubeos
de la ley.
Es necesario reflexionar sobre las
causas y los antecedentes que explican la escandalosa audacia de los
promotores de estos hechos. Ciñéndonos ahora a la
construcción normativa en la que los denunciantes pretenden
legitimar su acoso a estos dos jueces, negamos que la Constitución
o el Estatuto de Autonomía consientan desatar un proceso de
"normalización lingüística".
De juicios de valor carentes de todo
efecto normativo como considerar la pluralidad lingüística
como "un patrimonio cultural que será objeto de especial
respeto y protección»" no se sigue, en modo alguno,
que una parte de la población deba ser considerada anormal, ni
perseguida o discriminada por no emplear, a demanda del poder o de
terceros, la lengua de su capricho.
El proceso de normalización se
desata en Galicia por el efecto emulación de las asambleas
legislativas regionales catalana y vasca, que siguen constituyendo el
nefasto ejemplo de la nuestra, y, aunque perverso en su esencia, no
pudo ser desarrollado en todas sus consecuencias, precisamente
gracias al control de constitucionalidad, que declaró la
nulidad del llamado "deber" de conocimiento de la lengua
regional, por el que los nacionalistas de todos los partidos
pretendían, unánimemente, equiparar la lengua regional
a la común de todos los españoles, y humillar a los
gallegos duplicando sobre ellos la carga lingüística, que
en los territorios españoles no agraciados con esa riqueza, y
en las naciones civilizadas del mundo, se contrae a un solo idioma.
Pero además,
el Tribunal Constitucional, sin haber estado acertado ni mucho menos,
en el tratamiento de estas cuestiones, declaró que "no se
impone un deber individualizado de conocimiento del euskera, ya que
el deber correspondiente se predica de las Administraciones públicas,
que son las que deberán proveer los medios necesarios para la
efectividad de tal derecho, ... que a cada poder público corresponde concretar
gradualmente, de acuerdo con sus posibilidades y criterios
organizativos" [STC 82/1986 (Pleno), de 26 junio] Esta
sentencia sirvió de precedente y fundamento para la que luego
se dictaría en el recurso interpuesto por el gobierno español
contra la Ley del parlamento gallego.
En consecuencia,
estas denuncias contra dos funcionarios, articuladas por sendos
sindicalistas no son más que otro episodio de la
creciente chulería nacionalista; no tienen por objeto la
salvaguarda de derecho alguno, sino la propaganda a costa del crédito
y de la tranquilidad de dos profesionales honestos, ante la
inobjetabilidad de su trabajo por razones substantivas. Los
incidentes fueron provocados de propósito por
provocadores profesionales con fines puramente propagandísticos.
El agravio de la l del artículo que suele
anteponerse al nombre de la plaza La Coruña- cuando se
habla o escribe en correcto español, revela estupidez o
sectarismo. No dudamos que se trata de lo segundo.
Debemos
reflexionar sobre los riesgos ciertos de ensuciar el diario oficial
con conceptos totalitarios como normalización, lengua
propia y sus secuelas: los fanáticos van a utilizarlos en
contra de honrados y pacíficos ciudadanos que se limitan al
cumplimiento de su deber. Lo estamos viendo con los profesores de los
centros de enseñanza del subsistema educativo regional, lo
vemos ahora con estos dos magistrados, y no lo vemos con decenas de
miles de niños forzados a estudiar en un idioma que no es el
suyo, con unos incalculables costes de todo tipo.
En este momento
crucial en que el nacionalismo de todos los partidos, apenas con
matices, está gestando un nuevo asalto a las libertades
individuales, y, concretamente, a la libertad de idioma que aún
no ha sido cercenada, es de la mayor importancia tomar conciencia de
que el totalitarismo lingüístico constituye un tumor en
nuestro sistema democrático, llamar la atención
ciudadana sobre la necesidad de revertir el proceso y denunciar con
la mayor energía la ceguera de los partidos supuestamente
democráticos en su abducción por el nacionalismo.
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