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Escrito por Pedro Arias Veiras
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Viernes, 09 de Mayo de 2008 03:06 |
... Lo que faltan son incentivos a la innovación, que es lo que caracteriza
a las empresas privadas competitivas -no las monopolísticas-. En el
sector público no hay incentivos, ni a los pacientes para que se
ajusten a las relaciones costes/beneficios, ni al personal del sistema
para que administre con máxima eficiencia. La sanidad privada no
existe, es un abuso del lenguaje, porque quien quisiera elegirla debe
en cualquier caso pagar antes la pública. La habría si los afiliados
pudieran elegir ... El artículo en La Voz de Galicia
Ya es una salmodia crónica
el problema recurrente de las crecientes listas de espera. Nadie ha
podido ni podrá arreglarlo porque se trata de un problema irresoluble
desde el modelo sanitario vigente. La sanidad pública se financia por
descuentos tasados y concretos en las nóminas, mientras que los gastos
dependen de una demanda ilimitada para una población cada vez más
necesitada en razón a su progresivo envejecimiento. Como los servicios
son cada vez más amplios, su tecnología más puntera y sus costes
crecientes, el desajuste entre lo que deseamos y lo que pagamos
experimenta una brecha exponencial que se manifiesta irrefrenable en la
generalización de las listas de espera. Desde una estricta lógica
económica, la única solución sería aumentar las cotizaciones sociales,
lo que ocasionaría o bien un descenso de los salarios percibidos, o
bien un alza de costes que hundiría la competitividad de las empresas,
y con ellas los pilares del sistema. Financiarla con más impuestos
acabaría en igual bancarrota.
Se dice que hay
que gestionar mejor. Pero eso es pura utopía. Los médicos no son
propietarios de los centros, tampoco sus gerentes ni los equipos
decisores. Carecen de sanciones e incentivos reales. Lo más que hacen
es multiplicar los reglamentos, las órdenes administrativas, las
regulaciones sin fin, las amenazas del control judicial de los fallos
médicos, etcétera, lo que provocará más ineficiencia y costes por la
adopción de cautelas, comprobaciones y garantías para eximirse de
responsabilidades por parte del personal sanitario. Lo que faltan son
incentivos a la innovación, que es lo que caracteriza a las empresas
privadas competitivas -no las monopolísticas-. En el sector público no
hay incentivos, ni a los pacientes para que se ajusten a las relaciones
costes/beneficios, ni al personal del sistema para que administre con
máxima eficiencia. La sanidad privada no existe, es un abuso del
lenguaje, porque quien quisiera elegirla debe en cualquier caso pagar
antes la pública. La habría si los afiliados pudieran elegir centro
médico y sistema alternativo al público, pero no es nuestro caso. De
haber competencia entre centros públicos y también centros privados,
medidas específicas de apoyo a los de menores rentas y libertad de
fijación de salarios, precios comparativos y fijación de incentivos,
todo sería distinto. Podría llegar la verdadera modernización y
consideración digna y respetuosa del paciente como cliente, como
persona, como centro del sistema. Pero hoy por hoy el Estado vela por
los supuestos desfavorecidos haciéndoles compañía virtual en la
correspondiente lista de espera.
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