...Es una pena pero Solbes ha
perdido su prestigio ganado en Flandes allende nuestras fronteras. Y además,
contra lo que cabría haber esperado de todo un ex comisario europeo, cuando se
ve incapaz de controlar los manejos ya nada disimulados de las doñas Brígidas o
Celestinas, Trotaconventos abundantes como arenillas a la vera del Tormes, en
vez de presentar la renuncia a Su Reverendísima, va y malbarata su pasada
dignidad y prosapia, disimula y, con mañas eclesiásticas, hace como que ampara
las viciosas labores de tercería de la mal llamada oficina económica, afirmando
que son cosas de esos chicos. ...
In illo
tempore el cura putas era una sabia institución salmantina dirigida al
control de la acreditada casa instituida al efecto por la hábil monarquía
renacentista castellana a fin de satisfacer las urgencias eróticas o sexuales
de la nutrida población estudiantil de su magnífica Universidad.
El cura putas vigilaba el bienestar
espiritual y buen hacer de las chicas bajo su jurisdicción, que debían vestir
indumentaria con picos pardos para público reconocimiento de su oficio, y cuya
sacrificada labor estaba encaminada a que dieran calidad y servicio dentro de
una cultura de empresa dirigida, no sólo en la retórica publicitaria sino lo
que es más importante y difícil en la práctica, a satisfacer de verdad al
cliente.
La casa de putas funcionaba en Salamanca
en todo tiempo excepto en Cuaresma, en que al igual que los cómicos, sus
funciones eran suspendidas hasta el lunes después de la semana de Pascua. Entonces,
las mancebas abandonaban la hermosa ciudad dorada para descansar y reponer
fuerzas. Allí, el cura putas las confesaba y animaba a dejar de pecar, al menos
mientras no tuvieran que ejercer su trabajo tras las vacaciones. El llamado lunes de aguas volvían a Salamanca
y su recibimiento con el cura putas al frente era apoteósico. Los ilustres aficionados
a sus servicios las saludaban con ramos de romero e incluso las recogían en
barcas para atravesar el Tormes todo ello dentro del mayor jolgorio en una
época en la que el viejo profesor, "esa víbora con cataratas" como le
calificaba caritativamente su cofrade sevillano, el Guerra, aún no había nacido
ni tenido oportunidad por tanto de realizar su gran aportación a la cultura
occidental inventando el botellón desde el balcón de homenajes del ayuntamiento
en otra de las emblemáticas plazas mayores de España, la de Madrid.
Así, con estos antecedentes, cuando se
formó el abigarrado gobierno de ZP con sus diversas cuotas de ministros y
ministras de género e igual servicio gubernamental, los más avisados
sospechaban que el nombramiento del entonces prestigioso don Pedro Solbes era
un intento del flamante "presidente por accidente" de colocar una persona de
respeto, una especie de nuevo cura putas, una carabina, para poner un poco de
orden entre la ministrada tan inopinadamente acarreada al Consejo de Su
Majestad y preservar así la doncellez política, de conocimiento y de honradez de
tanto neófito ministril y acólitos que podrían pensar que eso del socialismo
bien entendido comienza por uno mismo. Pero si la intención fue esa tan loable
hay que reconocer ahora que lamentablemente ha fracasado. No sabe donde ponerse
la estola pues ninguna se le confiesa ya
con él. Prefieren la compañía y santo ejemplo de mozos con mayor desvergüenza,
lozanía y donosura que prometen más granjería y pingüe negocio mientras dure el
momio zapateril y además perdonan los pecados a granel y sin penitencia
apreciable. Para colmo, le han montado otra casa, pero de tapadillo, a la vera
de la institucional en la que el comercio habitual se ve ventajosamente
complementado con las mañas de Monipodio cohechando corchetes y puñeteros para
la causa con la mayor desenvoltura, eficacia y donaire.
Es una pena pero Solbes haya perdido su
prestigio ganado en Flandes allende nuestras fronteras. Y además, contra lo que
cabría haber esperado de todo un ex comisario europeo, cuando se ve incapaz de
controlar los manejos ya nada disimulados de las doñas Brígidas o Celestinas,
Trotaconventos abundantes como arenillas a la vera del Tormes, en vez de
presentar la renuncia a Su Reverendísima, va y malbarata su pasada dignidad y
prosapia, disimula y, con mañas eclesiásticas, hace como que ampara las
viciosas labores de tercería de la mal llamada oficina económica, afirmando que
son cosas de esos chicos. Pero la oficina oficiosa de esos chicos es la que manda
en el patio de Monipodio patrio relegando a la pomposamente llamada
vicepresidencia económica del gobierno a una superestructura inútil que diría
el Marx obsoleto ya que el otro, el
cómico, sigue vigente.
La verdad es que no entiendo como es que nuestro
veterano cura no resigna su cargo pero debe ser que este modesto amanuense no
entiende de ministros y le pasa lo que a Quevedo cuando reconocía: "no valgo
para Palacio porque no sé lisonjear y tengo vergüenza"
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