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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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 ...Es una pena pero Solbes ha perdido su prestigio ganado en Flandes allende nuestras fronteras. Y además, contra lo que cabría haber esperado de todo un ex comisario europeo, cuando se ve incapaz de controlar los manejos ya nada disimulados de las doñas Brígidas o Celestinas, Trotaconventos abundantes como arenillas a la vera del Tormes, en vez de presentar la renuncia a Su Reverendísima, va y malbarata su pasada dignidad y prosapia, disimula y, con mañas eclesiásticas, hace como que ampara las viciosas labores de tercería de la mal llamada oficina económica, afirmando que son cosas de esos chicos. ...

In illo tempore el cura putas era una sabia institución salmantina dirigida al control de la acreditada casa instituida al efecto por la hábil monarquía renacentista castellana a fin de satisfacer las urgencias eróticas o sexuales de la nutrida población estudiantil de su magnífica Universidad.

El cura putas vigilaba el bienestar espiritual y buen hacer de las chicas bajo su jurisdicción, que debían vestir indumentaria con picos pardos para público reconocimiento de su oficio, y cuya sacrificada labor estaba encaminada a que dieran calidad y servicio dentro de una cultura de empresa dirigida, no sólo en la retórica publicitaria sino lo que es más importante y difícil en la práctica, a satisfacer de verdad al cliente.

La casa de putas funcionaba en Salamanca en todo tiempo excepto en Cuaresma, en que al igual que los cómicos, sus funciones eran suspendidas hasta el lunes después de la semana de Pascua. Entonces, las mancebas abandonaban la hermosa ciudad dorada para descansar y reponer fuerzas. Allí, el cura putas las confesaba y animaba a dejar de pecar, al menos mientras no tuvieran que ejercer su trabajo tras las vacaciones. El llamado lunes de aguas volvían a Salamanca y su recibimiento con el cura putas al frente era apoteósico. Los ilustres aficionados a sus servicios las saludaban con ramos de romero e incluso las recogían en barcas para atravesar el Tormes todo ello dentro del mayor jolgorio en una época en la que el viejo profesor, "esa víbora con cataratas" como le calificaba caritativamente su cofrade sevillano, el Guerra, aún no había nacido ni tenido oportunidad por tanto de realizar su gran aportación a la cultura occidental inventando el botellón desde el balcón de homenajes del ayuntamiento en otra de las emblemáticas plazas mayores de España, la de Madrid.

Así, con estos antecedentes, cuando se formó el abigarrado gobierno de ZP con sus diversas cuotas de ministros y ministras de género e igual servicio gubernamental, los más avisados sospechaban que el nombramiento del entonces prestigioso don Pedro Solbes era un intento del flamante "presidente por accidente" de colocar una persona de respeto, una especie de nuevo cura putas, una carabina, para poner un poco de orden entre la ministrada tan inopinadamente acarreada al Consejo de Su Majestad y preservar así la doncellez política, de conocimiento y de honradez de tanto neófito ministril y acólitos que podrían pensar que eso del socialismo bien entendido comienza por uno mismo. Pero si la intención fue esa tan loable hay que reconocer ahora que lamentablemente ha fracasado. No sabe donde ponerse la estola pues ninguna se le confiesa ya con él. Prefieren la compañía y santo ejemplo de mozos con mayor desvergüenza, lozanía y donosura que prometen más granjería y pingüe negocio mientras dure el momio zapateril y además perdonan los pecados a granel y sin penitencia apreciable. Para colmo, le han montado otra casa, pero de tapadillo, a la vera de la institucional en la que el comercio habitual se ve ventajosamente complementado con las mañas de Monipodio cohechando corchetes y puñeteros para la causa con la mayor desenvoltura, eficacia y donaire.

Es una pena pero Solbes haya perdido su prestigio ganado en Flandes allende nuestras fronteras. Y además, contra lo que cabría haber esperado de todo un ex comisario europeo, cuando se ve incapaz de controlar los manejos ya nada disimulados de las doñas Brígidas o Celestinas, Trotaconventos abundantes como arenillas a la vera del Tormes, en vez de presentar la renuncia a Su Reverendísima, va y malbarata su pasada dignidad y prosapia, disimula y, con mañas eclesiásticas, hace como que ampara las viciosas labores de tercería de la mal llamada oficina económica, afirmando que son cosas de esos chicos. Pero la oficina oficiosa de esos chicos es la que manda en el patio de Monipodio patrio relegando a la pomposamente llamada vicepresidencia económica del gobierno a una superestructura inútil que diría el Marx obsoleto ya que el otro, el cómico, sigue vigente.

La verdad es que no entiendo como es que nuestro veterano cura no resigna su cargo pero debe ser que este modesto amanuense no entiende de ministros y le pasa lo que a Quevedo cuando reconocía: "no valgo para Palacio porque no sé lisonjear y tengo vergüenza"