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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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Los trágicos acontecimientos de Huelva revelan el verdadero estado de la Nación y del Estado de Bienestar a lo ZP.
Un terrible esperpento valleinclanesco de carácter endémico pero ahora agravado por el retro progresismo rampante en esta pertinaz y disolvente monarquía bananera.

El añorado cronista de una de las anteriores caídas de los Borbones nos explicaba que "los soldados de una u otra ribera robaban gallinas mientras esperaban la abdicación de la señora". A la espera de ver qué decide el primer ministro de Su Majestad sobre los despojos de España y de su derogado de facto régimen constitucional la gente común trata de sobrevivir a los estragos del presente "estado de las autonomías y social de derecho".

La pasión y muerte de la inocente niña de Huelva, mientras el Pilatos judicial y político se lava las manos y el mediático se pone las botas, nos vuelve a plantear el misterio del Mal, y del sentido o sinsentido del sufrimiento humano. Y del lado tenebroso de la naturaleza humana que se regodea en la bestia. Y como, otra vez, el mismo Estado que impide que la gente disponga de los medios para defenderse por sí misma, adjudicándose el monopolio de la violencia, no sólo se  ve incapaz de luchar contra la delincuencia política, económica o social, sino que la en la práctica la fomenta con su indigencia moral y legislativa, con una administración de Justicia que hoy representa una sangrienta burla a su nombre. Si los Albertos salen de rositas de su proceso penal por impulso soberano, los pederastas campan a sus anchas incluso con penas de prisión pendientes. Incluso, también, con sus gastos pagados por el estúpido contribuyente que trabaja para mantener a tanto canalla e inepto.

 Y  la constitución puede ser violada impunemente, o bien Otegui es o no un hombre de paz según convenga a la Causa del socialismo que no de la Ley y la Justicia.

Los escandalosos detalles del caso de Huelva que se van conociendo nos explican a qué estadio de degeneración institucional hemos llegado.

¿Podremos salir alguna vez de este marasmo?

¿Cuándo y dónde hemos equivocado la senda?

Cuando se llega a un estado de crisis de las bases de la civilización como el presente parece que sólo queda un medio de evitar la fatalidad de su quiebra. Recomponer desde los orígenes, en una especie de "presupuesto base cero" de la dignidad y la decencia, aplicando principios de orden superior. Demasiada norma excremento de la diarrea legislativa. Demasiada desvergüenza. Demasiada impunidad.

Sin embargo, en medio del sufrimiento, el oportunismo, y de la barbarie, destaca hasta ahora algo positivo: la solidaridad desplegada por sus vecinos ayudando en la búsqueda de la pequeña. Por solidaridad ante el sufrimiento de la familia. Por evitar que el asesino permanezca impune para tentar contra otras niñas, quizás las suyas. Quizás porque como miembros de una comunidad más o menos marginadas del eterno paraíso socialista andaluz del compañero Chaves no se fiaban demasiado de las instituciones.

Pero sobre todo la serenidad doliente del padre de la niña. Un hombre que, sacerdote de una confesión religiosa, parece moverse por principios éticos de orden superior. Su conducta conocida es una confirmación del viejo aserto de Camus en La Peste: hay algo que se aprende en medio de las plagas. En el Hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.

La conducta conocida del humilde Juan José, toda una lección de real educación para la ciudadanía, avala el que esta persona sea una de aquellas de las que fuera un honor ser su amigo.