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Escrito por Ignacio Camacho (ABC)
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Lunes, 12 de Mayo de 2008 13:45 |
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En el ABC. - CUANDO un progre o una progre salen de la confortable Europa para
ejercer de misioneros laicos suelen topar con realidades chocantes que
agrietan su sentido etnocéntrico de la existencia: gente que corta las
manos de los ladrones, mutila el clítoris de las chicas o se casa con
varias mujeres a la vez. Otros comen insectos o se cuelgan una pesa de
los genitales. Es lo que tiene viajar, que se conoce mundo ancho y
diverso.
Si unos anfitriones te honran sirviendo a la mesa una
cucaracha frita hay que sonreír y fingir falta de apetito, pero si te
presentan a un harén conviene disimular y hacer mutis por el foro.
Sobre todo si eres feminista y no te gusta hacer el ridículo.
A la vicepresidenta De la Vega la han puesto en un
aprieto multicultural al retratarla con un polígamo nigerino (que no
nigeriano) para el que constituía todo un honor presentarle a su
numerosa familia. Iba la dama de safari antropológico, versión moderna
de la «Reina de África»; buen rollito, desarrollo cooperativo, nalingi
botondi, amigos para siempre y tal, pero sus asistentes personales
olvidaron meterle el manual de costumbres indígenas en el equipaje,
junto al salakoff mental con el que los europeos suelen viajar al
Tercer Mundo. Ahora se declara «horrorizada» al verse fotografiada en
tan imprudente renuncio, que hace chirriar su buena conciencia
igualitaria. Algún reflejo intuitivo o prudente impulsó a sus
acompañantes Leire Pajín y Bibiana Aído a quedarse discretamente al
margen de la escena; debieron olerse la tostá, pero esas cosas se
avisan, mujeres de Dios. Y más a la jefa de una.
La encerrona se presta a chistes fáciles, y algunos
crueles, pero es más interesante la categoría que la anécdota. La
categoría consiste en la paradoja desnuda a la que se enfrenta nuestro
progresismo igualitarista cuando se aleja de sus frágiles coordenadas
geográficas y sociales y encara realidades complejas que ponen en solfa
el multiculturalismo de boquilla y la superioridad redentorista con que
a menudo sale de paseo la izquierda. La vice y sus colegas iban al
Níger a exportar igualdad de género y se dieron de bruces con la
Alianza de Civilizaciones en todo su contradictorio esplendor. Ocupada
como está en enredar con la confesión católica de la mayoría de sus
compatriotas, De la Vega recibió «in situ» una lección recordatoria
sobre qué clase de religiones son las que chocan frontalmente con las
costumbres democráticas y los derechos humanos. Eso sí que es mestizaje
de creencias (Blanco dixit), y por inmersión.
Claro que si de choque de culturas y de relativismos se
trata, quizás hubiera que preguntarle al sonriente polígamo que tan
ufano estaba de posar con su horrorizada benefactora. Seguramente le
ofenderá el rechazo y le parecerá extravagante que los mismos europeos
que se escandalizan de que esté matrimoniado con tres mujeres admitan
con naturalidad que un hombre pueda casarse con otro. Que alguien ate
esa mosca multicultural por el rabo.
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