Don Chiki Chiki de la Mancha PDF Imprimir E-mail
Escrito por Roberto L. Blanco Valdés   
Viernes, 23 de Mayo de 2008 14:50
En La Voz de Galicia.- Ocurre, sin embargo, que el trato habitual con exposiciones sobre la historia del bidé, con performances que no se sabe si son transgresión o trapallada y con poemarios construidos con el pícaro lenguaje de los niños (caca, culo, pis) nos han acostumbrado a que todo es ya posible en el mundo cultural (sic) promocionado por las autoridades centrales, locales o autonómicas. ...

«C hikilicuatre habla del Chiki Chiki en el Instituto Cervantes de Belgrado» . Si no estuviéramos ya hechos a los espectáculos de supuesta contracultura que con alegre demagogia impulsan diariamente, a cargo de los contribuyentes, cientos de responsables de Cultura en toda España, es posible que ese titular nos hubiera llenado de sorpresa. Incluso de zozobra.

¿El tal Chikilicuatre en el Cervantes «dando clase» a un grupo de chavales sobre el significado del brikindans y el crusaíto? ¡Qué pena haberse perdido un episodio de tan sin par enjundia cultural!

Ocurre, sin embargo, que el trato habitual con exposiciones sobre la historia del bidé, con performances que no se sabe si son transgresión o trapallada y con poemarios construidos con el pícaro lenguaje de los niños (caca, culo, pis) nos han acostumbrado a que todo es ya posible en el mundo cultural (sic) promocionado por las autoridades centrales, locales o autonómicas.

Lo de Chikilicuatre en el Cervantes tiene, en todo caso, un aspecto digno de atención: constituye una manifestación insuperable de la estúpida obsesión de nuestros gestores culturales oficiales por bendecir cualquier mamarrachada con el hisopo de lo contracultural.

¿Qué don como se llame va a cantar a Eurovisión? ¡Que vaya en buena hora, pues no desmerecerá en aquel almacén de antigüedades! Nada que decir. ¿O es que no hemos visto en las ferias a la vaca Juanita, a la mujer barbuda o al loro que recitaba El dos de mayo?

Yo recuerdo, por ejemplo, la magia, entre brutal y melancólica, de aquel omo salvacho -así sonaba uomo selvaggio (hombre salvaje) en la boca del animador de la barraca- que visitaba puntualmente las fiestas de la Ascensión compostelana y a quien el público gritaba: «¿Qué comes?», para oírle confesar lleno de pesar: «Malimento de indiciones».

A nadie se le habría ocurrido, sin embargo, antes de la llegada de esta ceremonia de la confusión en que vivimos, llevar a la vaca, al loro o al salvacho al paraninfo de la Universidad o al Aula de Cultura de la Caixa, sitios reservados para que Dámaso Alonso diera conferencias o Atahualpa Yupanqui cantara sus canciones.

Pero como los tiempos adelantan que es una barbaridad, ahí tenemos al gran creador cultural del Chiki Chiki conferenciando en el Cervantes, para vergüenza de sus responsables y confirmación plena de aquello que Alain Finkielkraut escribió hace más de veinte años en un libro (La derrota del pensamiento) anunciador de lo que aquí, como todo, llegaría con retraso: esa cultura zombi para la que la música de Chikilicuatre es igual que la de Serrat o José Afonso, aunque más digna de atención para tratar con un público aburramiado al que cuesta menos alabar que reeducar.

 
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