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Sostienen algunos ocultistas y
clarividentes que las salas de conciertos encubren diariamente el
milagro de la separación del alma y del cuerpo: el efluvio
musical llena la sala hasta la saturación, y entonces los
efluvios procedentes de la orquesta vuelven a ella en forma de
cuerpos astrales que flotan y quedan suspendidos como elfos. Y estos
son los que comprenden el sentido superior y oculto de la música.
En una especie de alquimia que eleva a las almas mientras los cuerpos
quedan más o menos formalitos en sus asientos.
El rapto en el serrallo
Mozart, cuya música suele estar
inspirada espiritualmente por la intuición genial incluso
antes de su perfeccionamiento del arte tras su iniciación en
la masonería austriaca, es uno de estos alquimistas musicales
de lo sagrado. Y esta obra, considerada de juventud, relativamente
menor, participa intuitivamente de tal intención sagrada.
El domingo en el Palacio de la Ópera
de La Coruña mientras asistía a la representación
del famoso singspiel mozartiano me venían a la mente
sugestivas comparaciones entre la época del genial músico
salzburgués y la nuestra.
Como es sabido, El Rapto en el Serrallo
es un antecedente de La Flauta mágica, para muchos la obra
maestra del gran Mozart, en el que también se juega de broma y
de veras con algunos de los temas preferidos de Wolfgang.
Así el del discernimiento
espiritual y la hipocresía: las cosas no suelen ser lo que
parecen. Los buenos a veces no lo son ni los malos, malos. Y las
virtudes a veces no encarnan precisamente entre las clases sociales,
estamentos, grupos o civilizaciones donde parece más fácil
tópicamente esperarlas. La tolerancia, la generosidad aparecen
aquí en el majestuoso líder turco Salim Pachá
que como buen "cristiano" devuelve bien por mal.
O el tema del rescate como aventura en
que se pone a prueba el nivel de las virtudes del secuestrador,
rescatador y rescatado.
Los grandes valores metafísicos
encarnados en las heroínas mozartianas antes en los personajes
femeninos que en los masculinos: el valor, la lealtad, la
inteligencia emocional, el coraje para no doblegarse ante el
despotismo. Personajes que como Constanze, Zaide o Pamina tienen sus
precedentes ya en el teatro griego en Antígona.
La música como método de
elevación espiritual como instrumento de entrenamiento de las
glándulas pineal y pituitaria para acceder a otras dimensiones
del Ser.
Todo esto un día después
del lamentable espectáculo de tinieblas y sonido perpetrado en
Belgrado con ocasión del llamado Festival de Eurovisión,
todo un test sobre el estado verdadero actual de la civilización
heredera de la Ilustración. Adobado por los estúpidos
grititos y saltitos de los supuestos "artistas" durante la
votación para ver quién resultaba campeón de
este miserable desatino.
Afortunadamente, ni Mozart ni
Charpentier, el autor del famoso Te Deum del que se tomó
el himno de Eurovisión, pueden ya protestar o padecer las
fechorías de los okupas de la presente civilización
que arrastran con impúdica ostentación su chabacanería,
su carencia de sensibilidad, su traición a los valores que la
inspiraban. Pero pueden compadecerse y hacer revivir el milagro de su
música.
Resuena el prodigioso "Marten
aller Arten" de la heroína Constanze, ese paradigma de
la voluntad de ser, como toda criatura que se inspira en el amor y
cuya conducta se informa en principios éticos de orden
superior y los astros se conmueven.
¿Acaso los antiguos, que no
viejos, ideales clásicos se encarnarán entre nosotros
antes de que todo se derrumbe y nadie nos pueda rescatar de este
rapto de debilidad, cobardía y estupidez que padecemos?
La representación se acaba. Un
homenaje como el propuesto por Wagner para su Parsifal puede ser el
del silencio. El espíritu ha hablado. Sólo queda
escuchar y atenerse a las consecuencias.
Pero se produce el aplauso final la
frontera de delimitación entre lo sagrado y lo profano y se
vuelve una vez liberados del trance a las limitaciones de la vida
ordinaria.
Al reino del robertito chiquilicuatre,
y ZP, y Mariano, e Ibarreche o Quintana o de la policía de
Coslada o el espionaje a los jueces disidentes del Constitucional.
Y al alma que, contra toda esperanza,
acaso espera su rescate de canallas, logreros, cobardes y mequetrefes
gracias a la música, ese arte real que nunca se pierde en el
universo y cuyas vibraciones como las del FIAT LUX primigenio
se propagan hasta el infinito. Nuestras sinfonías, nuestros
conciertos, nuestras cantatas, se recomponen en mundos desconocidos y
volverán como las arias de bravura de Constanze indicando que
no podemos desertar de nuestra voluntad de Ser.
Amén, que significa así
sea.
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