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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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Como alba del estío, el pasado fin de semana se han perpetrado diversos congresas de la partitocracia hispánica. Partitocracia que representa a nueve de cada diez electores de esta España que ha de helarte el corazón, aunque sea en verano.
En Cataluña, (hágase en mí según tu palabra), ha salido elegida la cunera favorecida por el dedo de Mariano: una miembra, una tal Leire Pajín, ¡qué apellido tan premonitorio!, que disputaba la cosa apoltronada a la más autóctona representante del indigenismo ramblero.

Que entre sus méritos intelectuales y filosóficos más conocidos está el diluir la obligatoriedad del catalán como lengua de enseñanza con la pretensión de que las tiernas criaturitas, todas incluso las de los desmedrados charnegos, estudien otra media docena de idiomas, entre ellos, como inaudita concesión, el mismísimo español. Claridad de concetos y valentía para explicarlos que diría el otro.

Pero hay que reconocer que, aunque no se comportan sus creencias pro- nazionalistas, al menos ha tratado de ofrecer alguna resistencia al despotismo zentrista, manteniendo cierta dignidad personal ante la arbitrariedad. Como el luego malogrado cerdito listo de Rebelión en la granja. Y dando lugar con su actitud a que el Poder tenga que quitarse la careta. Y es que en cierto aspecto, como el caso María San Gil, los abucheos y gritos de ¡fuera, fuera! dirigidos contra la embajadora marianil o marianita, una miembra con cara de pija buena que disimula sus mañas, explican la realidad pepera actual mejor que mil discursos amañados por muy bien aliñados que se pergueñen.

Y en Madrid, como vicesecretaria para luchar contra la cosa de la entropía y como tercera del podio junto con Pepiño Blanco, y a la vera del risueño gran deportista mandarín, capaz de meter el gol decisivo a Deutschland uber alles y de ganar la última bola a Federer en Winblendon, la Camacha, otra miembra que acaba de hacer méritos, una nueva cara de cuota, una líder que apunta maneras como acaba de demostrar degollando simbólicamente a María San Gil, antiguo baluarte de la dignidad moral contra la barbarie, y criatura sacrificial de este monstruoso rito de construcción del nuevo Zentrismo marianista.

No sé si me estoy equivocando de miembra. Pero es igual: Dios (o Natura) cría las miembras y la Monarquía las junta.

Pero la congresa de los nuevos sin corbata también ha presentado algunas novedades propias de las contra utopías tenebrosas que han enlutecido a la humanidad en las últimas décadas. Entre las que destacan, una vez arrumbado Marx al baúl del abuelito, las de Orwell o Huxley. Sin olvidar a Skinner y su conductismo feliz e irresponsable.

En otra ocasión, cierto controvertido reformista español que llegó a tener vértigos de altura afirmó: "para precavernos de la injusticia hemos tenido que renunciar a la razón". Pero a diferencia del acomplejado zentrista, el osado risueño gran líder del no centro y del no derecha no renuncia a nada. Y logros como la de la barra libre para la eutanasia debería poner los pelos de punta en estos tiempos en que se barrunta un grave deterioro de la liquidez de la Seguridad social. Para que luego digan que el partido obrero y español y socialista no se preocupa de la economía.

En las islas Baleares, el fantasma de Cañellas se ha aparecido a los herederos y herederas del piadoso Blanquerna para acaso tentarle como una buena recalificación urbanística. Un buen pelotazo bien vale una inmersión lingüística en catalán.

Mientras también en Madrid y regada por el sofista Gallardón con los generosos impuestos saqueados a los madrileños, se ha celebrado el día del orgullo gay, con especial atención este año a las miembras. Así, la flamante Bibiana Aida estrena su cargo ministerial de cuota en animada procesión y revoltijo con tribadas llegadas para tan alta ocasión de todas las autonomías, nacionalidades y naciones de este abigarrado solar peninsular.

De todos estos reveladores actos, al cabo intercambiables, la congresa de Chueca ha resultado el más colorido, coherente, democrático y representativo.

Aunque quizás el problema sea la falta de tragaderas de este rancio observador, que como el viejo caballero de nuestro ya tan remoto siglo de oro, constata que "no sirvo para Palacio, pues no sé lisonjear y tengo vergüenza".

Y no se resigna.