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Escrito por Pedro Arias Veira
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Martes, 10 de Abril de 2007 21:26 |
LA DEMOSCOPIA se ha convertido en falaz sustituto de la democracia, en
la fabricación desde los despachos de la presunta opinión del pueblo.
Aquí no existe la figura de los referendos vinculantes; ni tampoco un
adecuado reconocimiento de la iniciativa popular para que se conozca,
puntualmente y con el debido rigor, el parecer del pueblo en los
asuntos que importan de verdad. Más allá de ideologías y partidismos
separadores.
En su lugar nos inundan con sondeos de opinión; en Galicia los hacen
ahora hasta en las consellerías, con resultados previsibles. El
bipartito va muy bien y la oposición, de mal en peor; Touriño y
Quintana incluso son más valorados que Zapatero, en tanto que Feijoo no
sale del «necesita mejorar». En estos menesteres no se puede decir que
quien paga manda, porque paga el pueblo contribuyente y manda el
administrador político que encarga la encuesta.
Lo que resulta triste es que aun encima traten al ciudadano
como subnormal y desmemoriado. Véase el último sondeo de la Xunta,
cuando reporta lo que votaron los encuestados en las últimas generales
del 2004 o las autonómicas del 2005. Si se compara con lo que realmente
votaron, se debería deducir que existe una amnesia preocupante en la
ciudadanía. Y ciertamente selectiva, porque ya entonces se inclinarían
masivamente por las formaciones del bipartito, olvidando a la
oposición, a pesar de que resultara la opción más votada.
Tampoco pintan a la gente nada consecuente. Por un lado se
nos dice que no le interesa la política, pero por otro que está
políticamente muy informada: por prensa, radio y televisión. Aquí hay
gato encerrado o no se entiende nada. Claro que tampoco lo captan mis
compañeros sociólogos profesionales. Todos preferiríamos que nos
preguntasen por las cosas importantes. Como sobre si se debe permitir a
Batasuna que se presente a las elecciones vascas vía agrupaciones
electorales o marca encubierta. O, mismamente, si pensamos si se
debieran hacer encuestas en lugar de referendos para que decidiéramos
clara y concretamente. Sobre si se debieran abrir listas electorales;
cambiar la legislación urbanística; dejar libertad para elegir
educación, seguros o médicos; votar los acuerdos de paz a firmar con
los terroristas y las decisiones de participar en los conflictos
internacionales -con o sin aval de la ONU- y tantas cosas más.
Hoy, con Internet -y sin la Red- puede hacerse rápido, fácil
y barato. Es lo primero que debería hacerse en la escuela; enseñar a
participar permanentemente. Y no lo que se pretende hacer con la
educación para la ciudadanía, que se perfila como un adoctrinamiento
desigual. Déjennos en paz, por favor; no nos mareen y ahorren
impuestos. Es la respuesta evidente.
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