Se trata de una excelente película,
también de un no menos excelente alegato contra el
totalitarismo. Con resonancias del 1984 orwelliano, el film describe
magistralmente la criminalidad de un mundo sin salida como es la
plasmación de la barbarie comunista, el rostro real del
socialismo real. Un sistema político de criminales
minuciosamente organizado para criminalizar a la gente decente.
Recuerdo cuando en 1980 visité
por primera vez ciertos países europeos sojuzgados bajo el
totalitarismo rojo. ...
... Por aquel entonces yo era un joven
de espíritu puro y pensamientos elevados que aún
consideraba que el socialismo podría ser una alternativa para
la humanidad y que sus evidentes defectos se debían más
a la presión del "malvado" capitalismo que a su propia
naturaleza intrínsecamente perversa. La vieja consigna del
"embargo" como culpable de todos los males. Cuando el verdadero
embargo, que destruye la convivencia y genera esclavitud y miseria en
los pueblos que lo sufren, es el embargo de la libertad. Recuerdo las
caras de tristeza sin esperanza de los bares y garitos húngaros
enmarcadas en un ambiente gris, sombrío, sin luces ni colores.
La hermosa Checoslovaquia convertida en un gigantesco campo de
concentración con sus fronteras con Austria oportunamente
vigiladas por nidos de ametralladoras, perros policías y
campos minados. El horror de la infinita desolación expresada
en las caras de los depauperados viajeros de metro de Praga o Moscú.
O de los hostiles usuarios de viejos tranvías usados por el
común de la gente y no sólo por guiris ociosos y
risueños como los anacrónicos artefactos introducidos
aquí por Vázquez antes del misterio glorioso de su
marcha al Vaticano para convertir infieles.
Recuerdo como al entrar en la solitaria
catedral de san Vito su órgano empezó a tocar de modo
tan inesperado como sublime. Un templo del cristianismo, que se
mantenía abierto, aunque deshabitado, en zona absolutamente
hostil, era un refugio del espíritu en que aún podía
sonar la vieja música de las esferas con los ancianos haciendo
alquimia, cuando el alma que es el verdadero templo del espíritu
se apaga. Acogido a sagrado de esta guisa tuve entonces la extraña
premonición que Praga volvería a ser libre, que un
régimen político tan criminal como el comunismo no
podría perdurar. Y que no pasaría mucho tiempo de eso,
quizás incluso yo vería su caída. El muro cayó.
Quizás tenía que suceder más pronto o más
tarde aunque entonces tal cosa parecía imposible.
La vida de los otros describe el
triste sufrir de la gente durante los últimos años del
régimen criminal de la Alemania del Este. Su desolación.
La indefensión ante el despotismo. El materialismo rampante
generador de miseria moral e ineficiencia económica. Uno
trabajando y otros muchos vigilando al sospechoso y vigilándose
entre sí pues en un universo de delación y podredumbre
generalizados nadie puede fiarse de nadie.
El totalitarismo comunista significa la
persecución y condena a muerte civil o física del
disidente o del simple sospechoso de tibieza. Un lugar en que el amor
y su ejercicio devienen en heroísmo improbable. Y en el que
sin libertad de ningún tipo resulta poco menos que imposible
la supervivencia contra o al margen del Estado totalitario.
Conviene dedicar algún tiempo a
este tipo de obras. Porque el arte nos ayuda a ser mejores. Porque
hay que recordar la injusticia inflingida y también porque el
peligro aún no ha pasado del todo. Siguen existiendo muchas
amenazas contra la Libertad.
Aquí, en nuestra querida España
gobierna una coalición variopinta y multiforme pero que
coincide en ser todos sus miembros antiliberales y liberticidas, si
pudieran, ¿podrán? Se trata de un Poder con gran
capacidad para ningunear y de utilizar la mohatra y la mentira como
instrumentos de dominación, aunque gracias a Internet y a la
Judicatura que aún resiste, no pueden condenar totalmente al
silencio a quienes no se dejan avasallar. Lo de atacar la separación
de poderes intentado someter a la Judicatura no es nuevo, pero sí
lo es la pretensión de dar un golpe contra la libertad en
Internet.
Vice Mari Tere ha visitado China quizás
para vender armas a mayor gloria de la alianza de civilizaciones o
quizás para intercambiar experiencias, pues sobre la censura
de Internet los comunistas chinos saben mucho. La otrora niña
de papá alto cargo de Franco parece ser que es la más
devota promotora del último atentado contra las libertades que
se pretende presentar en forma de anteproyecto de Ley para el Impulso
de la Sociedad de la Información en un próximo Consejo
de ministros de Su Majestad.
Se mantendría así todo un
ejército de delatores con cargo al presupuesto o de motu
propio. Como la mohatra de protervos donceles de meninges ociosas
transformadas en gentes de estaca abajo firmantes contra
¡la
oposición!
Mas el engendro de tan orwelliano
nombre vendría a "legalizar" el cierre sin decisión
judicial firme de cualquier web a gusto del funcionario del Partido o
caciquillo de turno.
Para los que piensan que todos los
horrores del despotismo son cosa de otros tiempos, de otras
sociedades y de otras civilizaciones, que no está de más
recuperar una obra maldita de un brillante escritor coruñés.
Me refiero a Una isla en el mar rojo de Wenceslao Fernández
Flórez. En ella cuenta su dramática peripecia en el
Madrid mal llamado "republicano" cuando el rojerío bajo la
cobertura legal de los gobiernos socialistas de Largo Caballero, o
Negrín asesinaba a quien consideraba sus enemigos. De carácter
autobiográfico, igual que el protagonista del relato, el
propio D. Wenceslao pudo salvar la vida al conseguir refugiarse en la
legación de Holanda en Madrid. Nos dice Fernández
Flórez: "hay veces en que el hombre sale de la cáscara
de su yo, dura y hermética, donde le parece que está
contenido el universo, y se encuentra supeditado, relacionado,
dependiente, capaz de ser arrastrado por acontecimientos que ni desea
ni previó de origen vago, de fin inconcreto, entre la
turbonada de los demás seres, víctima de ese destino
que le irrita más que otro alguno: el destino colectivo que
precipita por un cauce a todo un pueblo o a toda una raza o a toda
una época, vaciando en la torrentera al sabio y al torpe, al
justo y al pecador, al débil y al fuerte, al orgulloso y al
humilde, a todo lo que creía salvarse por bondad y a todo lo
que confiaba en perdurar por belleza. Ninguna desesperación
como la que hay entonces en los ojos que se elevan al obscuro cielo
de las tormentas sociales".
El policía de la Stasi
protagonista de La Vida de los otros que al final decide
ayudar a su víctima es un hombre con conciencia. Probablemente
con más conciencia, por ejemplo, que los que callan aspectos
importantes del 11M
Al cabo, es en la conciencia del hombre
donde se dirimen las batallas fundamentales. Los sistemas políticos
democráticos, si carecen de efectiva separación de
poderes, y sin conciencia moral no representan barrera suficiente
para el avance del totalitarismo.
Nos explica Fernández Flórez
que el rencor, el odio propagado sin control es el principal
responsable del avance del Mal. Y la justificación de tantos
atentados contra la Libertad. Cuando todos los medios pueden ser
justificados por un fin supuestamente bueno. Y continúa con el
barrunto de la gran tragedia de 1936: "En el Parlamento hay una
pandilla de forajidos, hartos de matar y robar en la Revolución
de Octubre, nos gobiernan ignorantes audaces, enamorados de sus
magníficos automóviles con radio y calefacción,
desde arriba y desde abajo se saquea al país: nunca tantas
fortunas se improvisaron tan rápida y obscuramente. Y la
sangre corre bajo la complacida mirada de los ministros, de la
policía, de los periódicos que trafican con ideas, de
una muchedumbre inmensa de hombres envenenados de rencor que esperan
surja del vaho de la sangre no sé qué milagro
imposible, no sé qué estado de bienaventuranza".
Y luego, ya con carácter fatal,
la barbarie desatada.
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