Creo que la nueva generación que llegó al poder bajo Rodríguez
Zapatero y sólo gracias a toda una concatenación increíble de
accidentes insólitos es la peor cosecha de los fracasos de la sociedad
española tras el franquismo. Los denominadores comunes de la misma son
la mediocridad y un relativismo tan profundo que hace que sus miembros
sean perfectamente inmunes a cualquier discurso que no sea su propia
letanía sectaria. Miedosos e insensatos a un tiempo, sectarios,
incultos y por ello perfectamente inmunes a la autocrítica, son gente
por talante mucho más cercana a los aparatchiks de los regímenes
autoritarios o totalitarios que al político humanista de una sociedad
abierta democrática.
Gente
poco preparada en general, ve enemigos en todo lo que está fuera de sus
pequeños mundos. A esa gente y no hablo de mi ex periódico, hablo de
eso que llaman genéricamente progresismo, tan bien representado por esa
tropa de miles de intelectuales que heroicamente defienden al poder
contra toda crítica y quieren imponer silencio a la oposición, con esa
actitud que nunca se llamó intelectual sino servil, lacayuna,
interesada o sencillamente indigna-, le es fundamental un enemigo
máximo. Aquí está la clave de esa cohesión forzada bajo mediocres que
lleva a una selección en la que los peores siempre tienen las mejores
oportunidades de medrar. ¿Quién se podía imaginar al secretario de un
partido socialdemócrata europeo centenario como el PSOE en la figura de
un personaje como José Blanco?
Hermann Tertsch del
Valle-Lersundi (Madrid, 1958) ha dejado de trabajar para El País
después de 22 años en ese periódico. Su palabra discordante con la
línea editorial del rotativo en temas de política nacional le ha
llevado a la dirección de El País a prescindir de sus servicios, en lo
que muchos han entendido como una purga dentro de la redacción del
primer periódico en ventas de España.
Tertsch
entró a trabajar con El PAIS en 1985 procedente de la agencia EFE. Fue
corresponsal de El País en Bonn y Varsovia y, posteriormente, para
Europa Oriental y cubrió el estallido de la guerra de los Balcanes. De
1993 hasta 1996 fue subdirector de El País y jefe de la sección de
Opinión. Desde entonces ha trabajado en el mismo como enviado especial
y entrevistador, editorialista y columnista. Ha sido y es colaborador
de numerosos medios de comunicación españoles y extranjeros. Es una de
las voces más críticas del periodismo español con la actual política
del Gobierno del PSOE y con la figura de su presidente, José Luis
Rodríguez Zapatero.
¿Cuál es su situación profesional tras la salida de El País?
Mi
situación es, ni más ni menos, la de un profesional que busca trabajo
después de haber abandonado una casa en la que estuvo 22 años, en la
que hizo prácticamente todo lo que pudo ambicionar, con magníficos
amigos, jefes y colaboradores. Sin olvidar por supuesto el recuerdo de
mi paso por la agencia EFE. Pero es evidente que han sido Juan Luis
Cebrián y Jesús Polanco, también Jesús Ceberio y antes Joaquín
Estefanía, los que me prestaron confianza para hacer lo que he hecho.
Por ello les estoy profundamente agradecido.
¿Que
hayan prescindido de su trabajo en El País es un ejemplo de una prensa,
y de unos medios de comunicación en general, que en España cada vez más
son voces de partido?
No
sólo. Siempre hubo tendencias, líneas editoriales y posiciones
empresariales y siempre han sido muy legítimas. Las barricadas actuales
son otra cosa. Y el emponzoñamiento surge en la política y desde allí
se transmite hasta instalarse, en los medios. Ha llegado al poder y a
la influencia no ya una generación, sino una especie de grupo afín
-llamarlo escuela de pensamiento sería realmente un abuso-, cuyos
miembros se mueven, actúan y coordinan de forma similar a la secta, en
el sentido de que temen y combaten todo lo que no consideren cubierto
por el paraguas de su organización de protección mutua. José María
Aznar tendría sin duda muchos defectos y cometió graves errores. Su
capacidad de generar no ya antipatía sino odio debería ser materia de
estudio en el futuro. Pero era un político homologable a los líderes de
la Europa democrática del último medio siglo. No así su sucesor en
Moncloa. Creo que la nueva generación que llegó al poder bajo Rodríguez
Zapatero y sólo gracias a toda una concatenación increíble de
accidentes insólitos es la peor cosecha de los fracasos de la sociedad
española tras el franquismo. Los denominadores comunes de la misma son
la mediocridad y un relativismo tan profundo que hace que sus miembros
sean perfectamente inmunes a cualquier discurso que no sea su propia
letanía sectaria. Miedosos e insensatos a un tiempo, sectarios,
incultos y por ello perfectamente inmunes a la autocrítica, son gente
por talante mucho más cercana a los aparatchiks de los regímenes
autoritarios o totalitarios que al político humanista de una sociedad
abierta democrática.
Gente
poco preparada en general, ve enemigos en todo lo que está fuera de sus
pequeños mundos. A esa gente y no hablo de mi ex periódico, hablo de
eso que llaman genéricamente progresismo, tan bien representado por esa
tropa de miles de intelectuales que heroicamente defienden al poder
contra toda crítica y quieren imponer silencio a la oposición, con esa
actitud que nunca se llamó intelectual sino servil, lacayuna,
interesada o sencillamente indigna-, le es fundamental un enemigo
máximo. Aquí está la clave de esa cohesión forzada bajo mediocres que
lleva a una selección en la que los peores siempre tienen las mejores
oportunidades de medrar. ¿Quién se podía imaginar al secretario de un
partido socialdemócrata europeo centenario como el PSOE en la figura de
un personaje como José Blanco?
¿Cómo ha ocurrido?
Todo
tiene explicación y antecedentes. Cuando el sectarismo ideológico, como
embozo de la incapacidad intelectual, acaba primando de forma total
sobre la profesionalidad, la autoestima, sobre la percepción de la
dignidad personal o sobre la más evidente realidad, se impone de forma
terrible lo que en el siglo XX se dio en llamar la "selección
negativa". Un elemento clave de la formación, definición y catadura de
los partidos esclavos de sus estructuras y, especialmente, de los
fascistas y comunistas. Hoy vemos esa selección negativa de forma
abrumadora y sólo hay que pensar en el propio presidente del Gobierno o
su entorno, su secretario de organización o, si se quiere cavar aun
más, en el presidente del Senado, don Javier Rojo. Todos ellos parecen
llegados al partido no bajo el lema de "la libertad, la dignidad, el
servicio al Estado" sino bajo el de "juro por Dios que jamás volveré a
pasar hambre", como un grotesco grito desde el "Tara" de las gentes que
nunca ha hecho nada en su vida sino medrar en agrupaciones y escalar en
el aparato del partido a codazos o puñetazos. Insidias y ajustes de
cuentas con tal de no caer en su nivel de ingresos al que demandarían
sus méritos inexistentes.
Se
han escrito muchos volúmenes respecto al ascenso de los peores como
imposición de la ideología o la obediencia lacaya. Sebastián Haffner,
Hugo Trevor Roper, Thomas Mann, Arthur Koestler, Miklos Haraszti y mil
otros en entreguerrra y posguerra han intentado explicar por qué se
generaron y generan dinámicas políticas en las que los peores en
catadura y formación son los que medran y escalan y por supuesto
sabotean por interés propio todo mecanismo de meritocracia. Los
mediocres se rodean de otros a los que desprecian para no sentirse
cuestionados y éstos a su vez hacen otro tanto. Hasta llegarse a la
situación en la que todos saben que deben el cargo a favoritismos y no
a méritos propios y son por tanto dependientes y obedientes. Mientras,
otros que no cabrían en la definición de aquellos, se acobardan,
calculan sus riesgos, piensan en las consecuencias negativas de la
insumisión o no consideran que el resto de la humanidad merezca que
ellos arriesguen algo para avisar sobre los peligros que se ciernen
sobre la sociedad.
El
tema de moda es la crispación, pero ¿hablar tanto de crispación no es
una pantalla para que los políticos evadan la responsabilidad de sus
actos?
¿Qué
es la crispación? ¿Que parte de la sociedad reaccione indignada por la
pasividad e indiferencia ante el crimen y el abuso? Crispa ante todo
esa actitud de indolencia ante los dolores y el miedo ajenos, si todos
los días vemos que nuestros poderes gobernantes están mucho más de
acuerdo en herir a gran parte de la sociedad que en hacer frente a los
asesinos. Y crispa ver que hay grupos privilegiados por este poder que
parecen haber formado un pacto con el poder para vivir subvencionados
de la ofensa regular a otras partes de la sociedad. ¿Y no es crispación
el miedo? Está repleta esta sociedad de listos incapaces de asumir
riesgos que dicen tener miedo a quienes no les amenazan jamás. Está
llena de quienes desde el insulto quieren dar consejos a los
cristianos. Quienes desde el desprecio recomiendan discreción a las
víctimas del terrorismo. Los que han acabado creyéndose que hubo
víctimas mortales humanas, no moluscos- en el Prestige y no se
acuerdan de los muertos en el incendio de Guadalajara. Existe esa
repugnante superioridad moral de quienes coquetean con fusilar al
amanecer y jalean a Carrillo no ya por su labor tan meritoria en la
transición que todos aplaudimos en su día sino por sus actitudes
antifascistas en la Guerra Civil entre las que destaca la liquidación
de siete mil inocentes en Paracuellos. El anciano Carrillo, otra vez en
su salsa, presume muy significativamente ya mucho más de la guerra que
de la transición.
¿Existe también crispación en los medios de comunicación?
Por
supuesto y muy fundamentalmente. Pero aquí también se ha extendido ya
en gran medida lo que antes he querido describir con la selección
negativa. En el aparato del Estado suben espectacularmente gracias a
ese poder de succión existente en el PP, omnipresente en el PSOE y
total en los partidos nacionalistas- que lleva al poder e influencia a
gente con menos preparación, menos escrúpulos y sobre todo menos
posibilidades de tener una vida medianamente decente y próspera fuera
del fango político en el que han crecido y se han aupado. Este sistema
de selección negativa lleva implícito un inmenso poder de intimidación.
En esta sociedad mediática es imprescindible para ello la colaboración
de los medios o su utilización. Es evidente que la para nada
justificada hegemonía moral de la izquierda en España ya rota en
países como Francia, Reino Unido o Alemania- tiene el efecto de
mantener como rehenes no ya a los autodenominados intelectuales sino en
general al discurso periodístico. Hasta niveles grotescos. Y esto no
cambió en absoluto en ocho años de Gobierno de la derecha en España.
Llegados al punto de deterioro actual de la convivencia, uno de los
resultados más concretos de la legislatura socialista, está claro que
el rufianismo político de Pepinho Blanco al que en absoluto son ajenos
el presidente, su vicepresidenta etc- ha movilizado a mucha gente de
similar catadura para su campaña de destrucción de una alternancia y
por tanto una alternativa democrática al régimen frentepopulista que
promueve la secta intelectual en torno a Zapatero. Cuando se tiene
voluntad de gobernar contra la mitad de la población sin recurrir a los
medios represivos más clásicos hay que fomentar la criminalización de
esa mitad y sus representantes. En eso están el Gobierno y sus medios.
¿Los consumidores de información se olvidan de que la mayoría de los medios son empresas con ánimo de lucro?
No
se olvidan. Pero también aquí juega un gran papel la intimidación, el
miedo y las ganas de curarse de éste leyendo lo deseado e ignorando lo
no apetecido. Las empresas saben que tienen mucho que perder si se
oponen a unas fuerzas que promueven la idea de la imposibilidad de una
alternancia política. Unas participan por convicción o interés, pero
otras lo hacen por miedo. Una de las peores taras de la sociedad
española es la falta de coraje cívico del mundo empresarial y
económico. Y en los medios se refleja drásticamente.
¿Se
puede ganar electoralmente la presidencia del Gobierno sin tener una
mayoría de medios de comunicación favorables o, al menos, no
contrarios?
No
lo sé. Pienso que este país ha tenido caracteres capaces y que lo han
demostrado, como Felipe González y José María Aznar. Éste último pecó
probablemente de arrogancia al creer que podría volver a convencer a
los españoles sin artimañas de que valía la pena apoyar el proyecto
propio que tantísimo éxito había tenido en España en tantos frentes. La
guerra de Irak quebró aquella apuesta. Rodríguez Zapatero es todo lo
contrario. Pura artimaña, la solemnización y el amaneramiento de la
nada absoluta. Trágico es que la sociedad española no lo perciba porque
estoy convencida de que pagará un precio muy caro por ello. Tengo
la profunda convicción de que Zapatero y el pensamiento tan débil como
tóxico que emanan él y su gente son una desgracia para España,
totalmente inmerecida, después de treinta años difíciles pero
ejemplares.
El
comunicado de ETA en forma de entrevista del pasado domingo deja alguna
posibilidad de creer en el final dialogado de la organización
terrorista?
Creo
que ni el comunicado ni el proceso merecen más de una línea de
respuesta. Pero responsable de esta situación no son los terroristas
que son eso, terroristas, y estaban en gran parte convencidos de su
derrota hace tres años y en pleno proceso de dispersión y de buscarse
personalmente otras opciones de vida. Es
el adanista de Zapatero, al que una constelación maldita convirtió en
presidente del Gobierno, quien cree que todo lo inventa él en su
profunda ignorancia y desde ese peculiar pensamiento mágico que
alimentan unos supuestos intelectuales de corte, que son unos perfectos
mamarrachos. Zapatero ha sido el principal motor de la
reactivación de un monstruo que hoy ya, sin él, podría situarse cerca
de estar momificado. De haberlo estado, quizás podría haberse afrontado
el gran reto que le queda a la España democrática, que es el desalojo
de los nacionalistas, esos grandes medradores del terror y del poder en
el País Vasco. Pero hay momentos en los que creo que quizás sea tarde.
La historia puede estar primando a quienes desde el nacionalismo o el
socialismo sectario o desde el indigenismo en Latinoamérica, o el
islamismo en todas partes- han lanzado una nueva ofensiva contra las
democracias abiertas como en los años veinte y treinta del siglo pasado.
¿El Gobierno de Zapatero ha asumido ya que no hay nada que hacer o todavía buscará resquicios?
Zapatero
considera a ETA y al nacionalismo vasco, violento o no, parte de los
aliados en su universo sentimental. En esa emoción sectaria del
izquierdismo semiculto, Zapatero siempre considerará a un etarra como
un revolucionario equivocado, pero al final recuperable para el
frentepopulismo. Y una víctima del PP será de alguna forma un fascista
muerto en accidente. Para el presidente del Gobierno, como para el
radicalismo nacionalista catalán, no todos los muertos son iguales
porque los hay éticamente superiores. Zapatero es un autista moral y político que no tiene cura. La gente debería tenerle más miedo.
¿Le sorprende la posición tan firme de Imaz, incluso más que Zapatero, a la hora de ponerle las cosas claras a Batasuna?
No
me sorprende nada. Imaz es un posibilista que ve la realidad de otra
forma que ese personaje siniestro que es Ibarretxe. Pero como le dijo
una vez Imaz a Rosa Díez aquello de "lo hemos sentido como si fuera de
los nuestros" en referencia a un Fernando Buesa que acababa de matar
ETA, Imaz sabe también hacer diferencia entre los muertos. Nunca
luchará por un Estado de Derecho fuerte y digno. Y siempre diferenciará
entre unos muertos y otros. Como lo hará entre los vivos, vascos o no
vascos. Vascos buenos o vascos éticamente inferiores. Imaz
como Ibarretxe, saben que sin ETA no serían nadie. Como nadie habrían
sido Zapatero y Blanco con un partido socialista digno, sólido y
consciente de su historia y responsabilidad.
Todo
indica que ETA volverá al tiro en la nuca y al coche bomba.
¿Significará un nuevo escenario político o regresaremos a la época de
las condolencias y las condenas, mientras la puerta de una futura
negociación se mantiene abierta?
Desde
luego así es. Será una desgracia que vuelva a haber muertos. No será
una desgracia que la sociedad española vuelva a ver la realidad de
frente y se vea obligada a buscar el coraje para tomar decisiones ante
la obstinada voluntad de una banda de asesinos y su inmensa corte de
nacionalistas beneficiarios de acabar con la Constitución, con las
leyes y la libertad individual. Mirar hacia otro lado o negar la
realidad no nos ha neutralizado ni un solo peligro y ha aumentado las
expectativas de los asesinos y sus cómplices. Creo que cuando hay que
luchar el que se encuentra en peor situación es el que no se entera o
no quiere enterarse. De ahí que la obstinada negación de la realidad
por parte de Zapatero y los medios que lo han arropado haya sido un
auténtico atentado contra la seguridad de los españoles.
¿El futuro político de Zapatero depende de ETA?
Lo
mejor que puede sucederle a la historia de España es que Zapatero quede
en trágica y grotesca anécdota. Por autoestima. Pero en todo caso
Zapatero sabe que pierde y gana según quieran Txeroki u otros. Por eso
hay que partir de que es un rehén de ETA. Quien es consciente de que su
vida política depende ya del capricho o conveniencia de los asesinos
como por cierto dijo el propio presidente del CIS, Fernando Vallespín-
, no está capacitado para gobernar a los españoles. Se ha convertido en
un peligro él mismo.
¿El PP debería de variar en algo sus posiciones actuales?
El
PP ha fracasado pese a su decencia fundamental en cuestiones como el
terrorismo y el llamémoslo "dilema territorial" porque no es fácil
reaccionar a errores fundamentales desde un principio traumático como
el del 11-M. Eso no quiere decir que, como muchos por ahí dejan caer,
el PP deba creer que su salvación está donde le recomiendan sus
enemigos. Eso viene a ser como la reciente anécdota en la que todos los
peores enemigos de la iglesia católica se lanzan a hacer un cuadro de
conducta al Vaticano sobre cómo portarse con una parroquia que no les
hace ni puto caso. Nadie invitó a esos curas a ingresar en el PCE, en
la Asociación de Autores, Artistas y demás beneficiarios, en religiones
alternativas o demás. No, era Ratzinger quien debía tragarse el que no
se aceptaran las normas. Como decía Rosa Regás, esa gran figura de la
literatura española que dirige la Biblioteca Nacional, el que no se
adapte a las leyes vigentes que se joda. Hablaba por supuesto del
rodillo oficial castellanófobo en Cataluña.
¿Cree
que si ETA regresa a los asesinatos de cargos públicos y políticos
seguirá manteniendo a los nacionalistas fuera de la diana?
Por
supuesto. Son de los suyos. Salvo aquellos que intenten desmarcarse. La
tranquilidad y la seguridad se compran día a día. A cambio de dosis de
dignidad. Pero también protegerá a otros que también son suyos, como
muchos socialistas. Éste es el único país civilizado donde la oposición
lleva escolta y el poder no. Es ETA quien lo determina.
¿Habrá movimientos importantes en la sociedad vasca y española si ETA vuelve a asesinar de manera sistemática?
Ya
hemos dicho que Zapatero depende en gran parte de los humores de ETA.
Pero no veo una forma clara de salir de la situación actual. Creo que
Zapatero, su pensamiento mágico y la secta de mediocres e
irresponsables que tiene en su entorno, han hecho ya tanto daño al
tejido de la sociedad española y a los mecanismos de encuentro de las
fuerzas políticas y sociales, que será difícil reconducir esta deriva.
Será muy difícil limitar daños y un largo esfuerzo de nuevo buscar una
fórmula de invertir la tendencia del desencuentro y la liquidación de
afectos territoriales, sociales e ideológicos. Repito que considero a
Zapatero una tremenda desgracia para este país. Pero es una desgracia
también que la sociedad no haya demostrado capacidad para reaccionar
ante tanto desatino. Ha quedado inerme ante la deriva. Por ello insisto
en que todos pagaremos caro lo que algunos han hecho. En todo caso y
volviendo al principio, creo que sólo la desaparición de esa secta de
la selección negativa y habrá de ser en derrota electoral- nos puede
hacer pensar en una tarea de reconstrucción de nuestra integridad y
dignidad democrática. Diario digital Basta Ya
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