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Ayer por la noche, cuando acabé
de leer un libro de don Emilio Carrere titulado "La canción
de la farándula", para celebrar que podía hacerlo sin
pagar canon a los sacamantecas de la SGAE, puse el televisor. Mudo
por supuesto. Y como sonido, unos conciertos para violonchelo, uno de
ellos compuesto inicialmente para viola de gamba, de don Antonio
Vivaldi, ese cura bon vivant a la veneciana.
Miraba de vez en cuando y me sorprendió
gratamente que el equipo rojo movía muy bien el balón.
Como un concierto o sinfonía. Allegro non molto, Adagio,
Allegro ma non molto.
Y el amarillo no daba una. Estos del
Vaticano parecen la guardia suiza sin el uniforme de Miguel Ángel.
Deben ser aficionados envueltos en su bandera de colores de huevo,
pensé. El único bueno es el portero. A lo mejor juega
en alguna Liga europea.
Y el impresentable de nuestro
seleccionador entrenador, ¿cómo es que tiene esa cara
de mala leche, de perenne úlcera de estómago? Para un
día que juegan bien claro es que
contra el Vaticano, ¡así
cualquiera!
Y los rojos que si Andante, que si
Minuet, que si Largo.
Pero a la selección siempre le
pasa igual. Juega más o menos bien con los equipos malos
incluso golea a Malta. Se levantan expectativas. Y luego, nada. El
consabido ridículo. Desde el famoso gol de Marcelino a la
malvada "Rusia es culpable" en el Bernabeú, gol que supuso
una Eurocopa para el Caudillo, vamos de decepción en
decepción.
Qué curioso. No sabía que
teníamos tantos subsaharianos, antes negros, en la selección.
El negro o subsahariano tan espigado que ha rematado luciéndose
el portero vaticano, me recuerda a un delantero que tuvo el Madrid,
un poco borde. Pero éste debe ser el que juega en el Sevilla.
Tendrá papeles y se habrá nacionalizado en esta patria
finguida.
El concierto termina y empieza otro.
En esto veo que hay un barullo, tira un
papista desde lejos, el portero se arma un lío, un rebote y
¡gol!
¡Vaya!... como siempre. Ni al
Vaticano ganamos.
Pero aquí pasa algo raro. La
gente en la grada se alborota y lo celebra. No entiendo nada.
Debe ser que jalea los colores
vaticanos porque ha tomado partido por la Conferencia episcopal en su
bronca con ZP. O a lo mejor son partidarios de que juegue Raúl,
"mercenarios" según el delicado y exquisito decir del aún
entrenador de esta nación de naciones y nacionalidades y
regiones y provincias y ciudades autonómicas.
Pero, serían demasiados
mercenarios. Ni la Federación podría pagarlos.
Y me extraña, por mucho cabreo
que haya en Málaga contra la paisana mi Maleny, Andalucía
es uno de esos burgos podridos que decía Azaña de
endémico caciquismo sociata. Si aún fuera en terrenos
de la pertinaz carcundia vascongada, además de celebrar la
victoria de los católicos contra los maketos ateos y
borrachos, según el profeta don Sabino, se alegrarían
de esta humillación a los representantes de esta moribunda
nación discutida y discutible. Pero no. Debe pasar algo raro.
Voy a tener que poner el sonido y salir
de dudas.
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