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Todo el mundo
sabe, menos Rodríguez Zapatero, que los inversores internacionales
no se mueven por un afán altruista ni por ganas de aventura, sino para
obtener un beneficio ...//.... Permitir que en su calidad de vicepresidente y "ministro
de Exteriores" del gobierno de la Generalidad, Carod Rovira se pasee
por el mundo anunciando la buena nueva del separatismo catalán es una
irresponsabilidad que España pagará muy cara. Máxime si se tiene
en cuenta que el gobierno catalán está presidido por un compañero
de Zapatero.
Lo mismo ha
ocurrido con la cuestión vasca. ...//....
No es de extrañar por ello que no sólo los dirigentes serbios sino
hasta el presidente ruso hayan declarado que la independencia unilateral
de Kosovo sería un buen precedente para las aspiraciones de vascos
y catalanes.
La economía
parece haberse impuesto sobre la política en el último tramo de la
campaña electoral. A los ciudadanos les preocupa su bienestar y muchos
sienten ya o presienten que las cosas van mal y que no se puede permanecer
de brazos cruzados. El gobierno se escuda en la "desaceleración"
mundial cuando hasta ahora nos decía que España estaba en mejores
condiciones que nadie para afrontar cualquier situación de crisis pues
crecía y crecía cuando otros las estaban pasando canutas. Hubo advertencias
de Rajoy a Zapatero y Solbes para que dejáramos de mirarnos al ombligo.
No le hicieron ningún caso. Se comportaron como las vírgenes necias
de la Biblia.
A pesar de
que gracias al empeño de Mariano Rajoy al final se ha conseguido hablar
de los problemas reales de los ciudadanos, el debate nacional permanece
con fuerza en la propia campaña. El mismo Zapatero se ocupa de ello
cuando proclama a los cuatro vientos que España está hoy más cohesionada
que nunca y que el riesgo de ruptura sólo existe igual que la crisis
económica- en la mente catastrofista del Partido Popular.
Muchos ciudadanos
han creído hasta ahora que no pasa nada por el hecho de que nos hayamos
entretenido en debatir sobre el ser o no ser de España, sobre si somos
una nación (para Zapatero la nación es un concepto discutido y discutible)
o un conglomerado de naciones; sobre si debemos convertirnos en un Estado
plurinacional o en una confederación de naciones; o si habría que
reconocer a algunos -o a todos- el derecho a decidir, expresión con
la que se trata de edulcorar el derecho de autodeterminación puro y
duro. Muchos piensan que todo esto es cosa de políticos y en algo tienen
que entretenerse. Olvidan que cuestionar la esencia y la existencia
de una nación como España tiene una influencia directa en la economía
y repercute, tarde o temprano, en el bolsillo de los ciudadanos.
Todo el mundo
sabe, menos Rodríguez Zapatero, que los inversores internacionales
no se mueven por un afán altruista ni por ganas de aventura, sino para
obtener un beneficio razonable a sus inversiones. Las decisiones de
las multinacionales se toman a medio y largo plazo después de profundos
estudios de prospectiva. Hoy España está en el ojo del huracán a
causa de las tensiones provocadas por el nacionalismo exacerbado de
vascos y catalanes que el presidente del Gobierno no sólo no ha querido
controlar sino que alegremente ha impulsado. No puede ocultar que en
la pasada legislatura convirtió ERC en su principal socio parlamentario
en el Congreso, después de haberle entregado importantes responsabilidades
en el gobierno de la Generalidad tras la firma del antidemocrático
pacto del Tinell. Permitir que en su calidad de vicepresidente y "ministro
de Exteriores" del gobierno de la Generalidad, Carod Rovira se pasee
por el mundo anunciando la buena nueva del separatismo catalán es una
irresponsabilidad que España pagará muy caro. Máxime si se tiene
en cuenta que el gobierno catalán está presidido por un compañero
de Zapatero.
Lo mismo ha
ocurrido con la cuestión vasca. Haber llevado al Parlamento Europeo
el debate sobre la resolución del Congreso que autorizaba al Gobierno
para negociar con ETA, fue un hachazo contra la unidad nacional al aceptar
las exigencias de ETA sobre la "internacionalización del conflicto
político". Esta actuación de Zapatero ha tenido efectos demoledores.
No es de extrañar por ello que no sólo los dirigentes serbios sino
hasta el presidente ruso hayan declarado que la independencia unilateral
de Kosovo sería un buen precedente para las aspiraciones de vascos
y catalanes.
Se quiera o
no reconocerlo, en España existe "riesgo de balcanización". Zapatero
se rasga las vestiduras cuando oye esta expresión. Pero lo cierto es
que no sólo no ha hecho nada por evitarlo. Más aún, se ha divertido
echando gasolina al fuego. Lo peor de todo en esto, como en tantas
cosas- es su ceguera. "Hoy España está más cohesionada que nunca.
¿Acaso se ha roto España?", repite un día sí y otro también.
No se ha roto formalmente, pero si se han abierto grietas muy preocupantes
en el edificio constitucional. España ha dejado de ser una nación
de ciudadanos libres e iguales. Y al paso que vamos, no es de extrañar
que algún día en el Parlamento vasco o en el catalán los nacionalistas
nos arrojen a la cara una proclamación unilateral de independencia.
"Sería una locura, nadie quiere eso", dicen separatistas y los
propagandistas del gobierno. Por desgracia, mientras la lucha de clases
ya no lleva a nadie a las barricadas en Europa, en muchos lugares burgueses
y proletarios se han dado la mano a la hora de compartir movimientos
de "liberación" nacional que tarde o temprano generan violencia
o, en cualquier caso, son una amenaza para la libertad y el ejercicio
de los derechos fundamentales.
La comunidad
internacional sabe que en el País Vasco el presidente de su Gobierno
autónomo ha anunciado la celebración de un referéndum de autodeterminación
para el 25 de octubre de este mismo año. En Cataluña van con retraso
y sus independentistas sueñan con decidir si se quedan o se van de
España en el año 2012. Por otra parte, todo el mundo sabe que el gobierno
español ha negociado con los "separatistas" vascos.
A todo esto
se une que las pésimas relaciones de Zapatero con los Estados Unidos,
donde hemos vuelto a ser irrelevantes, están haciéndose sentir en
el terreno económico. Ya no podemos presumir de ser los principales
receptores de la inversión norteamericana en Europa.
Con estas perspectivas,
muchos analistas internacionales consideran a España como país de
riesgo con gran perjuicio para el bienestar de los españoles. La política
y economía, aunque algunos hasta ahora hayan vivido en la inopia, van
de la mano. Que no se olvide.
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