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Zapatero
se va a reunir con Ibarretxe antes de su sesión de investidura presumiblemente para
que el PNV vote ésta. Uno no abusa nunca de los pronósticos, pero en este caso
todo indica que el entendimiento entre ambos va a ser una mala noticia.
Significaría que habrían llegado a un acuerdo por el cual el Lehendakari de
Lizarra sacrificaría su referéndum a cambio de un nuevo Estatuto que le
compense ese sacrificio.
Significaría que la oferta falsamente moderada de
Urkullu toma forma y que los dos órdagos del PNV -el Plan de Libre Estado
Asociado y el de la consulta anunciada para octubre- habrían cumplido su
cometido en contra de lo que parece.
Lo que se puede esperar del PSOE
Se
puede esperar lo peor con un PSOE sin mayoría absoluta que mal puede desdecirse
de sus ofertas de autogobierno. Se puede esperar un Estatut a la vasca, que
además ya ha sido redactado y está sobre la mesa desde los inicios de la anterior Legislatura. Se
puede esperar lo que se llamó el Plan Guevara o el Plan López, o sea una
reforma estatutaria que contemplaba el reconocimiento de Euskadi como realidad
nacional y del ámbito vasco de decisión, que, por otra parte, ya tiene
precedentes como el de ese artículo del nuevo Estatut catalán que afirma que la
soberanía de la Generalitat emana del pueblo o como la misma moción que votaron
a favor del derecho de autodeterminación el PNV, EA y Euskadiko Ezkerra en el
Parlamento de Vitoria en febrero de 1990. Se puede esperar -porque ya se
hallaba expresa en ese proyecto de reforma del PSE-EE y porque éste no puede
ser menos que el Estatut- la llegada de la famosa "Justicia independiente"
para el País Vasco que sería todo menos independiente en manos nacionalistas y
después del acoso al que el Gobierno de Ibarretxe ha sometido al Tribunal
Superior de Justicia del País Vasco por admitir a trámite la querella contra el
Lehendakari.
¿Cómo
evitar que una concesión tan catastrófica nos la venda Zapatero como
un triunfo de la democracia? ¿Cómo impedir que la renuncia de Ibarretxe a su
referéndum o su sustitución por un adelanto electoral sean celebradas como una
gran noticia pese a que dichas posibilidades se producirían a costa de acabar
con la poca libertad que queda en Euskadi? Sólo cabe esperar que los pocos
vascos conscientes de lo que se nos avecina no a un corto pero sí a un medio y
largo plazo nos convirtamos en doblemente apestados. Padeceremos por un lado el
rechazo que ya de por sí padece el "alarmismo" en general en lo que
se refiere a la ruptura del modelo territorial -el "¿dónde se rompe
España?"- y, por otro, el rechazo que inspira una situación como la del Norte que no se soluciona
sino que va a peor "esos pesados de vascos, siempre llorando, si
no es por una cosa es por otra"-. Seremos, en fin, más silenciados, más
incomprendidos, más marginados por quienes creen que la agudeza política
consiste en "dejar tranquilo a Zapatero una temporada para que no se
diga".
Lo que se puede esperar del PNV
A
quien haya albergado en estos días pasados alguna esperanza de que el partido
de Ibarretxe emprenda la menor autocrítica después de los malos resultados del
9-M Urkullu le despejó ayer todas las dudas en su discurso del Aberri Eguna:
"Podrá haber entendimiento entre el PNV y el Gobierno si se produce un
paso gigante en el autogobierno". A mí estas palabras me han recordado
algo chusco que me pasó hace unos años. Yo paseaba por una calle bilbaína y al
llegar a la altura de un quiosco de prensa mis ojos se fueron directos e
incrédulos a un fardo de ejemplares del Deia, el periódico del PNV. No pude
evitar -lo confieso avergonzado- acercarme y echar un vistazo al texto en letra
pequeña después de haber leído los grandísimos titulares de la portada:
"¿En qué nos hemos equivocado?"
"¡Ay
mísero de mí! ¡Ay infelice!" Lo admito, sí, yo también he cometido ese
pecado. Yo también tuve un día esperanza en que el PNV alguna vez en su vida podría
cambiar o recapacitar siquiera. Pero lo que comprobé en unos segundos es que
aquel titular no se refería a la situación crítica que estaba atravesando el
País Vasco después de un atentado mortal sino simplemente a un mal partido del
Athletic.
"Un
paso gigante en el autogobierno
" ¿A qué paso se puede estar
refiriendo Urkullu si se han dado todos los que podían darse antes de
regalarles la independencia directa o fácticamente? ¿Qué otro paso puede ser
ése que el que ya está contenido en el Plan Guevara que en su día hizo suyo el
propio Patxi López?
Lo que se puede esperar del "pacto" de Zapatero
El
siguiente enigma es que, siendo como quiere ser esta Legislatura ese mismo y
gigantesco paso, o sea una nueva redacción estatutaria sobre una falsilla escrita
desde la Legislatura anterior, ¿qué credibilidad tiene el anuncio hecho por
Zapatero de un "pacto" que puedan firmar tanto el PP como el PNV en
materia antiterrorista? ¿Qué es lo que va a rebajarse exactamente del Pacto por
las Libertades para que lo pueda firmar un partido que ha ayudado a ETA siempre
que ha podido y que firmó sólo el Pacto de Ajuria Enea para lavarse la cara en
su día, para colar la "salida negociada" y para transformarlo en
una portería de fútbol contra la
que Ardanza chutaría el penalty fallido de la
autodeterminación en el "plan" que llevaba su apellido y que fue la
antesala de Lizarra? ¿Es que vamos a hacer otra vez el mismo infernal recorrido
como en un tedioso trenecillo del túnel del diablo y de la bruja?
Estamos
ante una nueva tomadura de pelo, ante un mutuo lavado de cara del PNV y el PSOE
que para ser mínimamente verosímil debe empezar por la ilegalización de ANV y
del PCTV de la que no se habla misteriosamente en un momento en el que ETA se
ha disfrado del cobrador del frac y le está esperando a Zapatero apostada en
las ruinas de la Casa-cuartel de la Guardia Civil de Calahorra.
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