En un par de tardes PDF Imprimir E-mail
Escrito por José García Domínguez   
Jueves, 10 de Abril de 2008 15:42
Fútbol, toros y balanzas fiscales.
Jordi Sevilla.
Siempre me ha parecido que el debate sobre las balanzas fiscales entre Comunidades Autónomas, formaba parte de esas argumentaciones interesadas que se suelen utilizar en la confrontación política, pero que nadie, de verdad, se toma en serio. Y diré por qué. .... sigue en Heterodoxias

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 Los gallegos lideran el saldo comercial entre autonomías [La Opinión, 07/04/2008]

Sólo Cataluña tiene un mejor balance que la comunidad gallega en las importaciones y exportaciones con el resto del país.

J. CUARTAS. A CORUÑA. Cataluña, por su dinamismo económico, su elevado censo empresarial y su diversificación fabril, es la comunidad que más beneficio obtiene, y a mucha distancia de las demás, del comercio interregional entre los distintos territorios del país.
El saldo exportador entre Cataluña y el resto de España (la diferencia entre el valor de los productos que Cataluña vende al conjunta de las comunidades y el de los bienes que los catalanes adquieren a las otras autonomías) arroja un superávit a favor de Cataluña de 17.362,5 millones de saldo medio anual en el periodo 1995 y 2005, según un estudio realizado por el catedrático Antonio Pulido y el profesor Carlos Llano por iniciativa del Centro de Predicción Económica.
Este trabajo sobre el comercio interior español, que vino a solventar otra de las grandes carencias estadísticas con que se enfrentaban los estudiosos en nuestro país, sostiene que sólo cinco comunidades (Cataluña, Galicia, País Vasco, Navarra y Castilla-La Mancha) disfrutan de superávit comercial (venden al resto de regiones más de lo que les compran), mientras que las doce comunidades restantes, y también las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, arrojan déficit en sus tráficos comerciales con el resto de España.
Saldo
Cataluña, haciendo gala de lo que ya en 1868 el periodista y explorador británico Henry Stanley caracterizara como "capital económica de España", vende de media anual al resto de España (promedio del decenio 1995-2005) por valor de 42.616,6 millones de euros, lo que equivale al 20,87% del total del valor de los bienes que las regiones españolas intercambian entre sí en cada ejercicio, cuyo monto económico ha sido estimado en 204.176,8 millones. Mientras tanto, la región catalana importa del resto de España por valor de 25.254,1 millones, lo que sólo supone el 12,3% del comercio interior total.
El superávit comercial catalán (17.362,5 millones) supone el 8,5% del valor total de las transacciones económicas comerciales entre las 17 comunidades y dos ciudades autónomas. Cataluña exporta sobre todo a la Comunidad Valenciana, Aragón, Madrid, Andalucía y Castilla y León.
Aunque a mucha distancia de Cataluña, sólo otras cuatro regiones arrojan superávit en sus relaciones comerciales con las demás autonomías: Galicia tiene un saldo exportador favorable de 3.832 millones de euros; País Vasco, de 2.801; Navarra, de 1.874 y Castilla-La Mancha, de 172 millones.
Según el informe de Pulido y Llano, el valor de las transacciones comerciales entre las distintas comunidades autónomas aumentó el 77% entre 1995 y 2005. El mayor volumen se concentra en los productos alimentarios, seguidos de las fabricaciones metálicas y de los materiales de transporte.
Si el estudio de Pulido y Llano se pone en relación con la población de cada comunidad, los datos no cambian significativamente. En términos per cápita, el superávit comercial ofrece el mismo orden en los puestos de cabeza del ranking regional, con Cataluña como líder indiscutible por saldo comercial favorable (2.407,94 euros por habitante), a mucha distancia de la siguiente comunidad, Galicia, cuyo superávit per cápita desciende a 1.382,2 euros. Sin embargo, sí hay cambios en la clasificación de las regiones con déficit comercial porque, entre esos doce territorios, Asturias ya no es la comunidad con menor saldo negativo (164,57 euros por habitante) sino la segunda, superada aquí por Andalucía, con sólo 60,33 euros por ciudadano.
Lo mismo ocurre si se calcula la tasa de cobertura, es decir, el porcentaje de importaciones que están compensadas por las exportaciones. En este caso Andalucía es la que menos déficit comercial tiene (-2,39%), seguida de nuevo por Asturias (-3,39%). Los casos extremos son Baleares y Canarias, que tienen tasas de cobertura negativas del 83,10% y 79,33%, respectivamente. Ambas, por su insularidad y tipología, son harto dependientes de los suministros procedentes de la Península.
En el extremo contrario vuelve a aparecer Cataluña, con una tasa de cobertura positiva del 68,75%, que es la proporción en la que el valor de sus ventas a otras regiones superan a las importaciones que realiza desde el resto de las autonomías. En Galicia, la segunda región con más superávit, la tasa de cobertura desciende al 46,56%o.
Todas las regiones -salvo los dos archipiélagos- venden fuera de su propia región más productos y bienes propios de los que comercializan dentro de su mismo territorio, pero, de las 15 que se hallan en esa situación, Asturias, y de forma muy destacada, es aquélla en la que esa diferencia es menor: Asturias vende de media anual en su propio territorio por valor de 4.261,5 millones (el 3,2% de lo que todas las regiones se venden a si mismas). Esto significa que todo lo que vende Asturias en el resto de España apenas supera en 775,5 millones el valor de lo que comercializan los asturianos entre sí. De ello se infiere que el valor de las exportaciones asturianas al resto de España supera en sólo el 18,19% el total de las ventas de productos asturianos en la propia comunidad de origen.

 Galicia gana con España. [La Opinión, 07/04/2008]

La comunidad es la quinta que más se ha visto favorecida por la solidaridad autonómica. Las inversiones y transferencias del Estado arrojan un saldo positivo de 1.422 euros por habitante.

JAVIER CUARTAS. A CORUÑA. El compromiso de difusión por el Gobierno central de las balanzas fiscales de las comunidades autónomas (el saldo entre lo que los ciudadanos de cada región aportan al erario nacional y lo que cada región recibe de la Administración central) ha suscitado reticencias y suspicacias en casi todas las regiones. Esta es una guía explicativa de qué son las balanzas fiscales, qué datos cuantitativos se incluyen en ellas, por qué son controvertidas y ponen en guardia a muchas regiones y por qué vuelven a aflorar ahora, en puertas de una renegociación del sistema de financiación autonómica.
Galicia es la quinta comunidad, por detrás de Extremadura, Asturias, Canarias y Castilla-La Mancha, con el mayor saldo favorable en sus balanzas fiscales con el Estado (diferencia entre lo que aportan y lo que reciben), según el estudio difundido en noviembre por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). Según el informe, que analiza el periodo 1991-2005, Galicia recibe del Estado cada año por unos y otros conceptos 1.422 euros por habitante, más de lo que el conjunto de los gallegos aporta a la recaudación de la Administración central en la comunidad autónoma.
Las balanzas fiscales
Las balanzas fiscales miden la carga soportada por las personas residentes en cada comunidad a consecuencia de los ingresos recaudados por la Administración central y los beneficios obtenidos por esas mismas personas a resultas de los gastos y de las inversiones realizados por el aparato central del Estado.
El saldo obtenido (la diferencia entre cargas y beneficios) permite saber qué regiones son contribuyentes netas porque aportan más de lo que reciben. En España lo son sólo Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, según el estudio publicado en noviembre por la Fundación BBVA y el IVIE. Otro informe, difundido en febrero por ERC, incluye también en este grupo a País Vasco, Navarra y La Rioja. Ambos son los últimos trabajos divulgados sobre la materia.
Según BBVA e IVIE, Galicia es la quinta comunidad más beneficiada por su balanza fiscal con el Estado en términos per cápita. Según el cálculo de ERC (que utiliza un método de cómputo diferente), Galicia es la tercer comunidad mejor tratada en términos absolutos, pero la quinta en saldo por habitante.
Qué factores computan
Si se toma como referencia el estudio de BBVA e IVIE, entre los ingresos recaudados por la Administración central figuran, territorializados, la recaudación de impuestos sobre la producción y las importaciones, los impuestos corrientes sobre la renta y el patrimonio, las cotizaciones sociales, las transferencias corrientes y de capital y las rentas de la propiedad y otros ingresos.
En el caso de los gastos que hace la Administración central en cada comunidad, se consideran las subvenciones y las transferencias (sobre todo, prestaciones sociales y las transferencias a comunidades autónomas y entidades locales), los gastos en consumo (consumo intermedio y remuneración de funcionarios y empleados públicos), los intereses abonados y las inversiones reales del Estado central en cada región.
Por qué hay suspicacias
Primero, porque se va a quebrar un cierto acuerdo tácito de silencio y secretismo que había pesado hasta ahora sobre esa cuantificación, muy a pesar de Cataluña, que lleva décadas reclamando una estimación oficial de esos flujos. De hecho, las únicas balanzas fiscales de las que se disponen son trabajos académicos y, por lo tanto, no oficiales, y cuyos estudios no habían sido actualizados hasta el año pasado desde los que se hicieran hace más de una década, con datos de 1996.
Segundo, porque su publicación va a coincidir con la negociación del nuevo sistema de financiación autonómica y, aunque el Gobierno ha dicho que las balanzas fiscales no serán determinantes en el diseño final que se pacte, las regiones históricamente receptoras de la solidaridad nacional (caso de Asturias) y, por tanto, con balanza fiscal positiva (reciben de la Administración central más de lo que le aportan) intuyen que las regiones con saldo negativo (aquellas que son contribuyentes netas: Madrid, Cataluña, Valencia y Baleares) puedan esgrimir este dato para forzar un revisión del sistema de financiación y de la política inversora del Estado que corrija o atenúe su déficit, lo que, de producirse, mermaría los recursos que reciben las regiones que son receptoras netas. Éstas defienden la continuidad del principio constitucional de solidaridad interterritorial entre regiones ricas y pobres en aras de la cohesión.
Se teme, por consiguiente, un uso político de lo que es un cálculo técnico de una realidad económica. De ahí que el estudio de las balanzas fiscales suscite controversia, lo que no ocurre con las estadísticas que anualmente sí se publican sobre otros parámetros regionales: crecimiento del PIB, renta per cápita, saldo exportador, censo empresarial, déficit o superávit de la Seguridad Social, paro, movimientos migratorios internos y externos, etcétera.
Tercero, las regiones con saldo más favorable temen ser criminalizadas y hay un sentimiento de pundonor y autoestima. A la inversa, regiones que son contribuyentes netas a la solidaridad española y que aportan al conjunto más de lo que reciben se sienten injustamente tachadas de insolidarias y demandan un cálculo oficial de las balanzas fiscales para erradicar esa acusación. Esta es la explicación que ha dado el presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla. Pero también subyace en ello el afán de mejorar la financiación de Cataluña, que los catalanes juzgan insuficiente.
Un cálculo en cuestión
No hay tampoco unanimidad académica sobre las balanzas fiscales. La discrepancia más radical es la de quienes defienden que sean objeto de estudio, al igual que cualquier otro factor económico, y la de algunos economistas que se oponen a ello. Para estos no cabe hacer balanzas fiscales por comunidades autónomas porque no son los territorios quienes cotizan a la Seguridad Social ni tributan impuestos, sino las personas y las empresas. Este argumento, sin embargo, es muy endeble porque aceptarlo supondría tanto como anular parte de la ciencia económica: con el mismo criterio tampoco se podrían calcular las balanzas de pagos ni las balanzas comerciales, porque tampoco son los países ni las regiones ni sus gobiernos quienes importan y exportan, sino las personas y las empresas. Pero nadie prescinde por ello de saber qué territorios tienen déficit o superávit exterior. Otros economistas, a la inversa, sostienen que sí se puede y deben estudiar las balanzas fiscales, y, así, tanto Jesús Ruiz-Huerta, director general del Instituto de Estudios Fiscales, como José Manuel González-Páramo, único consejero español en el Banco Central Europeo, hicieron declaraciones públicas en noviembre favorables a la difusión del estudio del BBVA e IVIE, bajo la dirección del profesor Ezequiel Uriel, en aras de la "transparencia".
Debate sobre metodología
La discusión no termina aquí, porque quienes defienden el estudio de las balanzas fiscales tampoco se ponen de acuerdo sobre el método de cálculo. La polémica reside en los criterios con los que se realiza la imputación territorial de los gastos e ingresos públicos.
La metodología de BBVA e IVIE consiste en imputar los ingresos al territorio donde residen las personas que finalmente soportan su carga (al margen de en qué territorio se localiza la recaudación) y atribuir los gastos al territorio donde residen las personas que consumen los servicios públicos o perciben los beneficios de las transferencias públicas (con independencia de dónde se localiza el gasto).
Este cálculo es el menos favorable para los intereses catalanes. En Cataluña suele defenderse la metodología de flujo monetario, que se asigna en función de dónde radica el gasto o inversión. Por ejemplo, con el primer método el beneficio de una línea de AVE se imputa a todas las regiones a las que favorezca aunque las obras de ese tramo no se hayan hecho en su territorio, mientras que en el segundo se atribuye sólo al territorio en el que se esté haciendo la obra y se haya acometido la inversión. Algunos economistas defienden que el cálculo se haga simultáneamente con ambas metodologías.

 

 

 
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