Fútbol, toros y balanzas fiscales.
Jordi Sevilla.
Siempre me ha parecido que el debate sobre las balanzas
fiscales entre Comunidades Autónomas, formaba parte de esas
argumentaciones interesadas que se suelen utilizar en la confrontación
política, pero que nadie, de verdad, se toma en serio. Y diré por qué. .... sigue en Heterodoxias
NNoticias relacionadas:
Los gallegos lideran el saldo comercial entre autonomías [La Opinión, 07/04/2008]
Sólo Cataluña tiene un mejor balance que la comunidad gallega en las importaciones y exportaciones con el resto del país.
J. CUARTAS. A CORUÑA.
Cataluña,
por su dinamismo económico, su elevado censo empresarial y su
diversificación fabril, es la comunidad que más beneficio obtiene, y a
mucha distancia de las demás, del comercio interregional entre los
distintos territorios del país.
El saldo exportador entre Cataluña
y el resto de España (la diferencia entre el valor de los productos que
Cataluña vende al conjunta de las comunidades y el de los bienes que
los catalanes adquieren a las otras autonomías) arroja un superávit a
favor de Cataluña de 17.362,5 millones de saldo medio anual en el
periodo 1995 y 2005, según un estudio realizado por el catedrático
Antonio Pulido y el profesor Carlos Llano por iniciativa del Centro de
Predicción Económica.
Este trabajo sobre el comercio interior
español, que vino a solventar otra de las grandes carencias
estadísticas con que se enfrentaban los estudiosos en nuestro país,
sostiene que sólo cinco comunidades (Cataluña, Galicia, País Vasco,
Navarra y Castilla-La Mancha) disfrutan de superávit comercial (venden
al resto de regiones más de lo que les compran), mientras que las doce
comunidades restantes, y también las ciudades autónomas de Ceuta y
Melilla, arrojan déficit en sus tráficos comerciales con el resto de
España.
Saldo
Cataluña, haciendo gala de lo que ya en 1868
el periodista y explorador británico Henry Stanley caracterizara como
"capital económica de España", vende de media anual al resto de España
(promedio del decenio 1995-2005) por valor de 42.616,6 millones de
euros, lo que equivale al 20,87% del total del valor de los bienes que
las regiones españolas intercambian entre sí en cada ejercicio, cuyo
monto económico ha sido estimado en 204.176,8 millones. Mientras tanto,
la región catalana importa del resto de España por valor de 25.254,1
millones, lo que sólo supone el 12,3% del comercio interior total.
El
superávit comercial catalán (17.362,5 millones) supone el 8,5% del
valor total de las transacciones económicas comerciales entre las 17
comunidades y dos ciudades autónomas. Cataluña exporta sobre todo a la
Comunidad Valenciana, Aragón, Madrid, Andalucía y Castilla y León.
Aunque
a mucha distancia de Cataluña, sólo otras cuatro regiones arrojan
superávit en sus relaciones comerciales con las demás autonomías:
Galicia tiene un saldo exportador favorable de 3.832 millones de euros;
País Vasco, de 2.801; Navarra, de 1.874 y Castilla-La Mancha, de 172
millones.
Según el informe de Pulido y Llano, el valor de las
transacciones comerciales entre las distintas comunidades autónomas
aumentó el 77% entre 1995 y 2005. El mayor volumen se concentra en los
productos alimentarios, seguidos de las fabricaciones metálicas y de
los materiales de transporte.
Si el estudio de Pulido y Llano se
pone en relación con la población de cada comunidad, los datos no
cambian significativamente. En términos per cápita, el superávit
comercial ofrece el mismo orden en los puestos de cabeza del ranking
regional, con Cataluña como líder indiscutible por saldo comercial
favorable (2.407,94 euros por habitante), a mucha distancia de la
siguiente comunidad, Galicia, cuyo superávit per cápita desciende a
1.382,2 euros. Sin embargo, sí hay cambios en la clasificación de las
regiones con déficit comercial porque, entre esos doce territorios,
Asturias ya no es la comunidad con menor saldo negativo (164,57 euros
por habitante) sino la segunda, superada aquí por Andalucía, con sólo
60,33 euros por ciudadano.
Lo mismo ocurre si se calcula la tasa de
cobertura, es decir, el porcentaje de importaciones que están
compensadas por las exportaciones. En este caso Andalucía es la que
menos déficit comercial tiene (-2,39%), seguida de nuevo por Asturias
(-3,39%). Los casos extremos son Baleares y Canarias, que tienen tasas
de cobertura negativas del 83,10% y 79,33%, respectivamente. Ambas, por
su insularidad y tipología, son harto dependientes de los suministros
procedentes de la Península.
En el extremo contrario vuelve a
aparecer Cataluña, con una tasa de cobertura positiva del 68,75%, que
es la proporción en la que el valor de sus ventas a otras regiones
superan a las importaciones que realiza desde el resto de las
autonomías. En Galicia, la segunda región con más superávit, la tasa de
cobertura desciende al 46,56%o.
Todas las regiones -salvo los dos
archipiélagos- venden fuera de su propia región más productos y bienes
propios de los que comercializan dentro de su mismo territorio, pero,
de las 15 que se hallan en esa situación, Asturias, y de forma muy
destacada, es aquélla en la que esa diferencia es menor: Asturias vende
de media anual en su propio territorio por valor de 4.261,5 millones
(el 3,2% de lo que todas las regiones se venden a si mismas). Esto
significa que todo lo que vende Asturias en el resto de España apenas
supera en 775,5 millones el valor de lo que comercializan los
asturianos entre sí. De ello se infiere que el valor de las
exportaciones asturianas al resto de España supera en sólo el 18,19% el
total de las ventas de productos asturianos en la propia comunidad de
origen.
Galicia gana con España. [La Opinión, 07/04/2008]
La comunidad es la
quinta que más se ha visto favorecida por la solidaridad autonómica.
Las inversiones y transferencias del Estado arrojan un saldo positivo
de 1.422 euros por habitante.
JAVIER CUARTAS. A CORUÑA.
El
compromiso de difusión por el Gobierno central de las balanzas fiscales
de las comunidades autónomas (el saldo entre lo que los ciudadanos de
cada región aportan al erario nacional y lo que cada región recibe de
la Administración central) ha suscitado reticencias y suspicacias en
casi todas las regiones. Esta es una guía explicativa de qué son las
balanzas fiscales, qué datos cuantitativos se incluyen en ellas, por
qué son controvertidas y ponen en guardia a muchas regiones y por qué
vuelven a aflorar ahora, en puertas de una renegociación del sistema de
financiación autonómica.
Galicia es la quinta comunidad, por detrás
de Extremadura, Asturias, Canarias y Castilla-La Mancha, con el mayor
saldo favorable en sus balanzas fiscales con el Estado (diferencia
entre lo que aportan y lo que reciben), según el estudio difundido en
noviembre por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de
Investigaciones Económicas (IVIE). Según el informe, que analiza el
periodo 1991-2005, Galicia recibe del Estado cada año por unos y otros
conceptos 1.422 euros por habitante, más de lo que el conjunto de los
gallegos aporta a la recaudación de la Administración central en la
comunidad autónoma.
Las balanzas fiscales
Las balanzas
fiscales miden la carga soportada por las personas residentes en cada
comunidad a consecuencia de los ingresos recaudados por la
Administración central y los beneficios obtenidos por esas mismas
personas a resultas de los gastos y de las inversiones realizados por
el aparato central del Estado.
El saldo obtenido (la diferencia
entre cargas y beneficios) permite saber qué regiones son
contribuyentes netas porque aportan más de lo que reciben. En España lo
son sólo Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, según el
estudio publicado en noviembre por la Fundación BBVA y el IVIE. Otro
informe, difundido en febrero por ERC, incluye también en este grupo a
País Vasco, Navarra y La Rioja. Ambos son los últimos trabajos
divulgados sobre la materia.
Según BBVA e IVIE, Galicia es la quinta
comunidad más beneficiada por su balanza fiscal con el Estado en
términos per cápita. Según el cálculo de ERC (que utiliza un método de
cómputo diferente), Galicia es la tercer comunidad mejor tratada en
términos absolutos, pero la quinta en saldo por habitante.
Qué factores computan
Si
se toma como referencia el estudio de BBVA e IVIE, entre los ingresos
recaudados por la Administración central figuran, territorializados, la
recaudación de impuestos sobre la producción y las importaciones, los
impuestos corrientes sobre la renta y el patrimonio, las cotizaciones
sociales, las transferencias corrientes y de capital y las rentas de la
propiedad y otros ingresos.
En el caso de los gastos que hace la
Administración central en cada comunidad, se consideran las
subvenciones y las transferencias (sobre todo, prestaciones sociales y
las transferencias a comunidades autónomas y entidades locales), los
gastos en consumo (consumo intermedio y remuneración de funcionarios y
empleados públicos), los intereses abonados y las inversiones reales
del Estado central en cada región.
Por qué hay suspicacias
Primero,
porque se va a quebrar un cierto acuerdo tácito de silencio y
secretismo que había pesado hasta ahora sobre esa cuantificación, muy a
pesar de Cataluña, que lleva décadas reclamando una estimación oficial
de esos flujos. De hecho, las únicas balanzas fiscales de las que se
disponen son trabajos académicos y, por lo tanto, no oficiales, y cuyos
estudios no habían sido actualizados hasta el año pasado desde los que
se hicieran hace más de una década, con datos de 1996.
Segundo,
porque su publicación va a coincidir con la negociación del nuevo
sistema de financiación autonómica y, aunque el Gobierno ha dicho que
las balanzas fiscales no serán determinantes en el diseño final que se
pacte, las regiones históricamente receptoras de la solidaridad
nacional (caso de Asturias) y, por tanto, con balanza fiscal positiva
(reciben de la Administración central más de lo que le aportan) intuyen
que las regiones con saldo negativo (aquellas que son contribuyentes
netas: Madrid, Cataluña, Valencia y Baleares) puedan esgrimir este dato
para forzar un revisión del sistema de financiación y de la política
inversora del Estado que corrija o atenúe su déficit, lo que, de
producirse, mermaría los recursos que reciben las regiones que son
receptoras netas. Éstas defienden la continuidad del principio
constitucional de solidaridad interterritorial entre regiones ricas y
pobres en aras de la cohesión.
Se teme, por consiguiente, un uso
político de lo que es un cálculo técnico de una realidad económica. De
ahí que el estudio de las balanzas fiscales suscite controversia, lo
que no ocurre con las estadísticas que anualmente sí se publican sobre
otros parámetros regionales: crecimiento del PIB, renta per cápita,
saldo exportador, censo empresarial, déficit o superávit de la
Seguridad Social, paro, movimientos migratorios internos y externos,
etcétera.
Tercero, las regiones con saldo más favorable temen ser
criminalizadas y hay un sentimiento de pundonor y autoestima. A la
inversa, regiones que son contribuyentes netas a la solidaridad
española y que aportan al conjunto más de lo que reciben se sienten
injustamente tachadas de insolidarias y demandan un cálculo oficial de
las balanzas fiscales para erradicar esa acusación. Esta es la
explicación que ha dado el presidente de la Generalitat de Cataluña,
José Montilla. Pero también subyace en ello el afán de mejorar la
financiación de Cataluña, que los catalanes juzgan insuficiente.
Un cálculo en cuestión
No
hay tampoco unanimidad académica sobre las balanzas fiscales. La
discrepancia más radical es la de quienes defienden que sean objeto de
estudio, al igual que cualquier otro factor económico, y la de algunos
economistas que se oponen a ello. Para estos no cabe hacer balanzas
fiscales por comunidades autónomas porque no son los territorios
quienes cotizan a la Seguridad Social ni tributan impuestos, sino las
personas y las empresas. Este argumento, sin embargo, es muy endeble
porque aceptarlo supondría tanto como anular parte de la ciencia
económica: con el mismo criterio tampoco se podrían calcular las
balanzas de pagos ni las balanzas comerciales, porque tampoco son los
países ni las regiones ni sus gobiernos quienes importan y exportan,
sino las personas y las empresas. Pero nadie prescinde por ello de
saber qué territorios tienen déficit o superávit exterior. Otros
economistas, a la inversa, sostienen que sí se puede y deben
estudiar las balanzas fiscales, y, así, tanto Jesús Ruiz-Huerta,
director general del Instituto de Estudios Fiscales, como José Manuel
González-Páramo, único consejero español en el Banco Central Europeo,
hicieron declaraciones públicas en noviembre favorables a la difusión
del estudio del BBVA e IVIE, bajo la dirección del profesor Ezequiel
Uriel, en aras de la "transparencia".
Debate sobre metodología
La
discusión no termina aquí, porque quienes defienden el estudio de las
balanzas fiscales tampoco se ponen de acuerdo sobre el método de
cálculo. La polémica reside en los criterios con los que se realiza la
imputación territorial de los gastos e ingresos públicos.
La
metodología de BBVA e IVIE consiste en imputar los ingresos al
territorio donde residen las personas que finalmente soportan su carga
(al margen de en qué territorio se localiza la recaudación) y atribuir
los gastos al territorio donde residen las personas que consumen los
servicios públicos o perciben los beneficios de las transferencias
públicas (con independencia de dónde se localiza el gasto).
Este
cálculo es el menos favorable para los intereses catalanes. En Cataluña
suele defenderse la metodología de flujo monetario, que se asigna en
función de dónde radica el gasto o inversión. Por ejemplo, con el
primer método el beneficio de una línea de AVE se imputa a todas las
regiones a las que favorezca aunque las obras de ese tramo no se hayan
hecho en su territorio, mientras que en el segundo se atribuye sólo al
territorio en el que se esté haciendo la obra y se haya acometido la
inversión. Algunos economistas defienden que el cálculo se haga
simultáneamente con ambas metodologías.
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