El truco de las balanzas fiscales PDF Imprimir E-mail
Escrito por Albino Prada   
Jueves, 10 de Abril de 2008 23:48
En La Voz de Galicia .- El resultado global de las llamadas balanzas fiscales es el producto de, al menos, tres grandes partidas para financiar servicios públicos de nuestro Estado de bienestar que tienen lógicas económicas y sociales muy distintas. Mezclarlo todo y reclamar una corrección del total (o un criterio para hacerlo), sin hablar de cada cosa por separado, es técnicamente un disparate y políticamente un trágala. Veamos.

La primera partida -que para Galicia supone la mitad del saldo neto que nos es favorable- deriva de la diferencia entre cotizaciones y pagos de pensiones de la Seguridad Social. En un sistema que es en España, simultáneamente, de caja única y de reparto creo que corregir su resultado no tiene pies ni cabeza. Porque cada año con las cotizaciones de todos los españoles se pagan las pensiones de todos los jubilados, sin discriminar por provincias o por ser agricultor o del metal. Solo corrigiendo la cuantía individual en función de cada carrera personal de cotizaciones, con unos mínimos y unos máximos. Si hay superávit, como en estos últimos años, se guarda en una caja única -Fondo de Reserva- con idéntica lógica. O sea, que de esta partida -mayoritaria en el saldo agregado de las balanzas fiscales- mejor olvidarnos en un reajuste de financiación que algunos quieren orientar con las balanzas.

La segunda gran partida es la inversión pública anual para todo tipo de infraestructuras (autovías, líneas ferroviarias, puertos, aeropuertos, etcétera) y para la obra civil que necesitan los servicios públicos preferentes (hospitales, ambulatorios, escuelas, universidades, juzgados, cuarteles, prisiones...). Son gastos que se producen de forma intermitente y sobre los que, para establecer su necesidad en cada región, no creo debamos considerarlos proporcionados a la población, ni -menos aún- a la riqueza o PIB.

Porque doble población no implica doble necesidad y porque antes, y en cualquier caso, habría que suprimir la desigual dotación de todas esas infraestructuras laminando las llamadas «deudas históricas». Creo que ese es el sentido implícito de recibir el 8% para Galicia en esta partida (por encima de nuestro PIB y población); y dudo que lo que se ha escrito en los estatutos catalán -recibir inversión proporcionada a la riqueza- o andaluz -infraestructuras en función de la población- tenga como resultado igualar las dotaciones de capital público en España.

Nos quedaría ya solo el saldo (favorable para unos, desfavorable para otros) que pudiese derivarse de los gastos públicos corrientes. Para entendernos, los sueldos de todos los funcionarios y los gastos de funcionamiento de todos los servicios (enseñanza, sanidad, dependencia, justicia, defensa...). Solo en este caso -que no llega a suponer ni un tercio del saldo total de las tan traídas balanzas- podría tener sentido asignar la financiación territorializada (central y autonómica) según la población respectiva y para un nivel de cobertura mínimo homogéneo en toda España. Aunque para este viaje no nos hacían falta las balanzas fiscales.

 


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