López Tena o el librepensador total PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pedro Martínez   
Viernes, 09 de Mayo de 2008 12:03
... Esta dictadura relativista que levanta la veda del saber a todas las subjetividades, gobierna en las escuelas, los institutos, las universidades y en la inmensa mayor parte de los medios de comunicación. Relativismo, pero eso sí muy bien orientado contra el que no es relativista (de ahí que los relativistas no actúen como escépticos, sobre todo cuando proceden de la escombrera leninista), relativismo al que se apela cuando se trata de afrontar el estudio de la nación española como hecho histórico, y relativismo que se abandona cuando la historia ficción de los separatistas da en impartir la historia de su región. ...

Anteayer por la mañana, mientras tomaba un café, lo hablaba con el camarero y un barrendero que estaba comiendo un bocadillo, y que según me comentó después, tenía sesenta y cuatro años y era oyente asiduo de la Cope. Los tres estábamos callados escuchando una bronca en una cadena de radio, en uno de esos programas basura que lo mismo que en televisión también hay en la FM. Lo curioso es que después de escuchar un rato ninguno de los tres sabíamos de qué discutían, lo único que oíamos eran los insultos que se dedicaban.

"Cada día es más difícil debatir con alguien –comenté-. Ya es todo como un diálogo de sordos". Los dos coincidieron conmigo, sobre todo el barrendero, cuya mayor edad avalaba con más garantía lo que dije. El camarero, un joven muy tranquilo, nos comentó varios altercados que tuvo con esa suerte de clientes alienígenas que por desgracia están dejando de serlo, ya que cada día abundan más, tanto que ya se están infiltrando en la hostelería como camareros.

Hoy en día, lo mismo en los medios de comunicación que en la calle, ya resulta tan difícil encontrar puntos de acuerdo como de desacuerdo. El civismo, más que el acuerdo y el talante -conceptos que gastó y pudrió José Luis- se muestra precisamente en la discrepancia, en el debate, y al margen de que se desarrolle moderada o apasionadamente. Cada día es más frecuente encontrarse ante el sujeto que piensa que su opinión solo por ser suya merece ser tan respetada como la que más. Si a eso se añade la ideología, que actúa a modo de salvoconducto a la omnisciencia -sobre todo si se parte del imperio subjetivista del soy yo mismo- entonces el resultado acaba en la imposibilidad de encontrar cualquier punto de desencuentro, que es precisamente el punto de encuentro para el debate.

Este sujeto que les voy a vincular, viva muestra del cretinismo, torpedea un hecho histórico en cuestión con el fin de acoplarlo a su ideología, tal y como hacen la inmensa mayoría de los ideólogos metidos a historiadores; totalmente opuestos, por cierto, a los historiadores con ideología, pues mientras estos argumentan sus ideas con hechos, aquellos acomodan, aunque parezca que argumentan, los hechos a la ideología, ejerciendo en esa labor un librepensamiento radical. (Y esto sin menoscabo de quien sostiene, y con razón, que desde cualquier ideología siempre se vayan buscando los hechos propicios que la apuntalen, pero separándose aquí los deshonestos, es decir, quienes eluden los datos históricos que no les cuadran con sus ideas de partida, de los honestos, que ponen en entredicho su ideología originaria cuando los hechos se la refutan).

Esta gente, como el que van a ver ahora, siempre juega con ventaja, pues si alguien criticase su opinión como se merece –que no su conocimiento, pues no tiene ninguno- y lo hiciese ante un tercero que no sabe de la materia que se está discutiendo, producirá en este último la duda de quién de los dos será el verdadero idiota, el que opina libremente o el que lo critica por ignorante. Por eso el imbécil, el ignorante, el cretino, siempre lleva ventaja, puesto que al camuflar su ignorancia bajo el imperio de las opiniones se permite decir públicamente lo que ni siquiera en privado debería deducir aunque quisiera.

Esta dictadura relativista que levanta la veda del saber a todas las subjetividades, gobierna en las escuelas, los institutos, las universidades y en la inmensa mayor parte de los medios de comunicación. Relativismo, pero eso sí muy bien orientado contra el que no es relativista (de ahí que los relativistas no actúen como escépticos, sobre todo cuando proceden de la escombrera leninista), relativismo al que se apela cuando se trata de afrontar el estudio de la nación española como hecho histórico, y relativismo que se abandona cuando la historia ficción de los separatistas da en impartir la historia de su región. En resumen, que es un relativismo tan relativo que tiene horas de presencia y de ausencia, de labor y descanso. En cuestión filosófica o ética o moral la gran ventaja del relativismo es hacer creer que las ideas no preceden al que las usa sino que parten de la parte creativa de cada cual, teniendo por intransigente, intolerante y cavernícola al que mantiene que la verdad raramente es relativa o personal y que por ello el relativismo es un dogmatismo tan sectario como el que más.

(En materia política y social, el relativismo está más cerca del socialismo utópico que lo estaba el marxismo: Marx, a pesar de ser enemigo acérrimo de los socialistas utópicos, coincidió con ellos en prescindir de una teoría del Estado para el día después de la derrota del capitalismo, y eso acrecentó aun más la imposibilidad de construir un régimen que no se sostuviera sin el totalitarismo más atroz. Sin embargo, el relativismo, que tampoco tiene teoría del Estado, ni siquiera sistema alternativo al capitalismo, y que no aspira a una interpretación de la historia que sea mínimamente no ya rigurosa o científica sino ni siquiera seria, coincide con los socialistas utópicos en la bondad original del hombre, idea proveniente de Rousseau, y que acabará siendo (como antes de la teoría marxista ya lo intuyó Donoso Cortés) más peligrosa para la civilización occidental que cuantos enemigos haya tenido hasta ahora, precisamente porque al no tener ni siquiera criterio doctrinal ni rigor interpretativo que no sea el puramente crítico-negativo, o destructivo, hace del subjetivismo, y con frecuencia del hedonismo más grosero, la alternativa al orden existente, sin otra argumentación que la de otro mundo es posible; se supone que porque este no me satisface: "No sabemos lo que queremos pero sí lo que no queremos", decían los zetapencos del 68).

Son gentes, los sectarios relativistas, que no necesitan saber de otras versiones sobre los hechos que están en discusión, dado que no tienen teoría ni conocimientos sobre los que basar el criterio ni la argumentación, dejando que la interpretación de los hechos se acomode a sus intereses, que en este caso son los intereses de las gentes que a sí mismas, subjetivamente, se definen como modernas, progresistas, solidarias, pacifistas, cultas, luminosas… Por eso tienen una tendencia casi instintiva a juzgar por intenciones –si escuchan las tertulias de la SER se darán cuenta de lo que digo, sobre todo si está al habla Carlos Carnicero, que muchas noches parlamenta apoyando su espalda en la pared de ese burdel cubierto de uralita que hoy es Cuba- y deducen, como deduce el ladrón cuando piensa que todos son de su condición, que los demás argumentan con su mismo orden lógico –es decir, por intenciones- pero siguiendo exclusivamente ideologías contrarias a las suyas; por eso rápidamente salen del asunto de discusión y atacan por derroteros ideológicos que no vienen a cuento. Como argumentos sólidos no tienen, no queda más remedio que buscar en ellos justo lo que ellos buscan en sus adversarios, es decir, motivaciones de toda índole, psicológicas, ideológicas, partidistas, vitales… con lo cual, como decía antes, los idiotas llevan al público a su terreno, y los que asisten a las discusiones quedan, cuando menos, con la duda de cual será el bando que posee razón. Generalmente acaba el imposible debate en todo tipo de recriminaciones e insultos.

Este sujeto que les vinculo confunde todo: la Constitución de 1812 -que la hicieron los patriotas españoles luchando contra los franceses- con la reacción posterior de Fernando VII contra ella; confunde al reaccionario rey, que se puso de alfombra de Napoleón junto con su padre, felicitando ambos al francés por sus victorias contra el pueblo español, haciéndole constitucionalista en un renglón y reaccionario en el siguiente; y llama "terroristas", "reaccionarios", "xenófobos" y "ocupadores de Catalunya" a quienes se enfrentaron a los criminales, saqueadores y violadores soldados napoleónicos. Y así un renglón tras otro; y no contento se las da, como por regla general todos los catalanistas, de cosmopolita "Curioso nacionalismo paleto el de los españoles", dicho esto por los mismos que se visten de Armani para hacer apología de la butifarra y de la sardana.

Bien, pues este tipo de melón tiene escuela, la que acomoda todo al gusto del interés político que persigue, tal y como hacen desde hace treinta años los maestros, los profesores de bachiller, los catedráticos y la inmensa mayor parte de los periodistas. Pero lo grave no es la trampa y la manipulación, lo grave es que se creen sus propias mentiras, porque al tomar a priori su ideario por verdadero, van tejiendo en función de él convencidos de que las versiones que no coinciden con la suya, como responden a un ideario contrario, por fuerza han de ser falsas. Ni investigan los hechos ni los contraponen, y por no hacer ni siquiera se preocupan de exponerlos coherentemente, uno porque saben que su público es como ellos, que por ignorar la materia de la que se discute no puede seguir un orden racional en el discurso, y otro porque por ignorar ni siquiera conocen el mínimo manejo de la sintaxis: qué quiere decir: "Mañana celebrarán los españoles el inicio de su revuelta terrorista y reaccionaria contra el orden constitucional, de frailes bandoleros como los talibanes y con su mismo programa oscurantista", ¿que los constitucionalistas eran los frailes bandoleros y que él, López Tena, estaría con ellos, o todo lo contrario: contra los frailes y con los españoles o también contra estos?

Este sujeto es miembro del Consejo General del Poder Judicial y ya sufrió un expediente disciplinario en 2001. Fue nombrado a propuesta de la cultísima y cosmopolita CiU, que en su día también nombró a Pascual Estevill, esperpento al que hubo que juzgar y condenar por aceptar sobornos a la hora de sentenciar y del que antes de proponerlo para el CGPJ ya se sabía que era corrupto. Esta hermandad de la roña es la que pronto controlará por completo los órganos de gobierno de la judicatura. Sumen a los Bacigalupo del Tribunal Supremo, que cobraba pensión vitalicia de Argentina -y que durante décadas no declaró en España- por haber sido allí alto funcionario durante ¡cuatro meses!, y que fue el mismo sujeto que expulsó a Gómez de Liaño de la carrera judicial por haberle retirado el pasaporte a Jesús Polanco. Sumen también para esos órganos de gobierno de la Justicia a las Maritere que habrán de venir, y que lo mismo que ella pasarán de secretaria de juzgado a juez por el turno restringido que organizó Felipe González. Y ahora piensen en los catedráticos que se auparon a las cátedras por obra y gracia de su ideología política y sumen a estos la cantidad de periodistas semianalfabetos que andan por ahí opinando. No se olviden de los jueces bermejos que pronto serán titulares de juzgado y que según el ministro de Justicia serán elegidos directamente desde las facultades de Derecho y colocados tras unos cursos "en valores".

Lean ese breve resumen de toda la luminosa basura dictada en las aulas durante tres generaciones y que trae como consecuencia que este idiota escriba lo que escribe sin que se le caiga la cara de vergüenza y que en la calle la gente se atreva a decir lo que el mínimo conocimiento de los hechos no puede tolerar.

Véanlo.

 
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