... Esta
dictadura relativista que levanta la veda del saber a todas las subjetividades,
gobierna en las escuelas, los institutos, las universidades y en la inmensa
mayor parte de los medios de comunicación. Relativismo, pero eso sí muy bien
orientado contra el que no es relativista (de ahí que los relativistas no
actúen como escépticos, sobre todo cuando proceden de la escombrera leninista),
relativismo al que se apela cuando se trata de afrontar el estudio de la nación
española como hecho histórico, y relativismo que se abandona cuando la historia
ficción de los separatistas da en impartir la historia de su región. ...
Anteayer por la mañana, mientras tomaba un café, lo
hablaba con el camarero y un barrendero que estaba comiendo un bocadillo, y que
según me comentó después, tenía sesenta y cuatro años y era oyente asiduo de la Cope. Los tres estábamos
callados escuchando una bronca en una cadena de radio, en uno de esos programas
basura que lo mismo que en televisión también hay en la FM. Lo curioso es que
después de escuchar un rato ninguno de los tres sabíamos de qué discutían, lo único
que oíamos eran los insultos que se dedicaban.
"Cada día es más difícil debatir con alguien
comenté-. Ya es todo como un diálogo de sordos". Los dos coincidieron
conmigo, sobre todo el barrendero, cuya mayor edad avalaba con más garantía lo
que dije. El camarero, un joven muy tranquilo, nos comentó varios altercados
que tuvo con esa suerte de clientes alienígenas que por desgracia están dejando
de serlo, ya que cada día abundan más, tanto que ya se están infiltrando en la
hostelería como camareros.
Hoy en día, lo mismo en los medios de comunicación que en
la calle, ya resulta tan difícil encontrar puntos de acuerdo como de
desacuerdo. El civismo, más que el acuerdo y el talante -conceptos que gastó y
pudrió José Luis- se muestra precisamente en la discrepancia, en el debate, y
al margen de que se desarrolle moderada o apasionadamente. Cada día es más
frecuente encontrarse ante el sujeto que piensa que su opinión solo por ser
suya merece ser tan respetada como la que más. Si a eso se añade la ideología,
que actúa a modo de salvoconducto a la omnisciencia -sobre todo si se parte del
imperio subjetivista del soy yo mismo- entonces el resultado acaba en la
imposibilidad de encontrar cualquier punto de desencuentro, que es precisamente
el punto de encuentro para el debate.
Este sujeto que les voy a vincular, viva muestra del
cretinismo, torpedea un hecho histórico en cuestión con el fin de acoplarlo a
su ideología, tal y como hacen la inmensa mayoría de los ideólogos metidos a
historiadores; totalmente opuestos, por cierto, a los historiadores con
ideología, pues mientras estos argumentan sus ideas con hechos, aquellos
acomodan, aunque parezca que argumentan, los hechos a la ideología, ejerciendo
en esa labor un librepensamiento radical. (Y esto sin menoscabo de quien
sostiene, y con razón, que desde cualquier ideología siempre se vayan buscando
los hechos propicios que la apuntalen, pero separándose aquí los deshonestos,
es decir, quienes eluden los datos históricos que no les cuadran con sus ideas
de partida, de los honestos, que ponen en entredicho su ideología
originaria cuando los hechos se la refutan).
Esta gente, como el que van a ver ahora, siempre juega con
ventaja, pues si alguien criticase su opinión como se merece que no su
conocimiento, pues no tiene ninguno- y lo hiciese ante un tercero que no sabe
de la materia que se está discutiendo, producirá en este último la duda de
quién de los dos será el verdadero idiota, el que opina libremente o el
que lo critica por ignorante. Por eso el imbécil, el ignorante, el cretino,
siempre lleva ventaja, puesto que al camuflar su ignorancia bajo el imperio de
las opiniones se permite decir públicamente lo que ni siquiera en privado
debería deducir aunque quisiera.
Esta dictadura relativista que levanta la veda del saber a
todas las subjetividades, gobierna en las escuelas, los institutos, las universidades
y en la inmensa mayor parte de los medios de comunicación. Relativismo, pero
eso sí muy bien orientado contra el que no es relativista (de ahí que los
relativistas no actúen como escépticos, sobre todo cuando proceden de la
escombrera leninista), relativismo al que se apela cuando se trata de afrontar
el estudio de la nación española como hecho histórico, y relativismo que se
abandona cuando la historia ficción de los separatistas da en impartir la
historia de su región. En resumen, que es un relativismo tan relativo que tiene
horas de presencia y de ausencia, de labor y descanso. En cuestión filosófica o
ética o moral la gran ventaja del relativismo es hacer creer que las ideas no
preceden al que las usa sino que parten de la parte creativa de cada
cual, teniendo por intransigente, intolerante y cavernícola al que mantiene que
la verdad raramente es relativa o personal y que por ello el relativismo es un
dogmatismo tan sectario como el que más.
(En materia política y social, el relativismo está
más cerca del socialismo utópico que lo estaba el marxismo: Marx, a pesar de
ser enemigo acérrimo de los socialistas utópicos, coincidió con ellos en prescindir
de una teoría del Estado para el día después de la derrota del capitalismo, y
eso acrecentó aun más la imposibilidad de construir un régimen que no se
sostuviera sin el totalitarismo más atroz. Sin embargo, el relativismo, que
tampoco tiene teoría del Estado, ni siquiera sistema alternativo al
capitalismo, y que no aspira a una interpretación de la historia que sea
mínimamente no ya rigurosa o científica sino ni siquiera seria, coincide con
los socialistas utópicos en la bondad original del hombre, idea proveniente de
Rousseau, y que acabará siendo (como antes de la teoría marxista ya lo intuyó
Donoso Cortés) más peligrosa para la civilización occidental que cuantos
enemigos haya tenido hasta ahora, precisamente porque al no tener ni siquiera
criterio doctrinal ni rigor interpretativo que no sea el puramente
crítico-negativo, o destructivo, hace del subjetivismo, y con frecuencia del
hedonismo más grosero, la alternativa al orden existente, sin otra
argumentación que la de otro mundo es posible; se supone que porque
este no me satisface: "No sabemos lo que queremos pero sí lo que no
queremos", decían los zetapencos del 68).
Son gentes, los sectarios relativistas, que no necesitan
saber de otras versiones sobre los hechos que están en discusión, dado que no
tienen teoría ni conocimientos sobre los que basar el criterio ni la
argumentación, dejando que la interpretación de los hechos se acomode a sus
intereses, que en este caso son los intereses de las gentes que a sí mismas,
subjetivamente, se definen como modernas, progresistas, solidarias, pacifistas,
cultas, luminosas
Por eso tienen una tendencia casi instintiva a juzgar por
intenciones si escuchan las tertulias de la SER se darán cuenta de lo que digo, sobre todo si
está al habla Carlos Carnicero, que muchas noches parlamenta apoyando su
espalda en la pared de ese burdel cubierto de uralita que hoy es Cuba- y
deducen, como deduce el ladrón cuando piensa que todos son de su condición, que
los demás argumentan con su mismo orden lógico es decir, por intenciones- pero
siguiendo exclusivamente ideologías contrarias a las suyas; por eso rápidamente
salen del asunto de discusión y atacan por derroteros ideológicos que no vienen
a cuento. Como argumentos sólidos no tienen, no queda más remedio que buscar en
ellos justo lo que ellos buscan en sus adversarios, es decir, motivaciones de
toda índole, psicológicas, ideológicas, partidistas, vitales
con lo cual, como
decía antes, los idiotas llevan al público a su terreno, y los que asisten a
las discusiones quedan, cuando menos, con la duda de cual será el bando que
posee razón. Generalmente acaba el imposible debate en todo tipo de
recriminaciones e insultos.
Este sujeto que les vinculo confunde todo: la Constitución de 1812
-que la hicieron los patriotas españoles luchando contra los franceses- con la
reacción posterior de Fernando VII contra ella; confunde al reaccionario rey,
que se puso de alfombra de Napoleón junto con su padre, felicitando ambos al
francés por sus victorias contra el pueblo español, haciéndole
constitucionalista en un renglón y reaccionario en el siguiente; y llama "terroristas",
"reaccionarios", "xenófobos" y "ocupadores de
Catalunya" a quienes se enfrentaron a los criminales, saqueadores y
violadores soldados napoleónicos. Y así un renglón tras otro; y no contento se
las da, como por regla general todos los catalanistas, de cosmopolita "Curioso
nacionalismo paleto el de los españoles", dicho esto por los mismos
que se visten de Armani para hacer apología de la butifarra y de la sardana.
Bien, pues este tipo de melón tiene escuela,
la que acomoda todo al gusto del interés político que persigue, tal y como
hacen desde hace treinta años los maestros, los profesores de bachiller, los
catedráticos y la inmensa mayor parte de los periodistas. Pero lo grave no es
la trampa y la manipulación, lo grave es que se creen sus propias mentiras,
porque al tomar a priori su ideario por verdadero, van tejiendo en función de
él convencidos de que las versiones que no coinciden con la suya, como responden
a un ideario contrario, por fuerza han de ser falsas. Ni investigan los hechos
ni los contraponen, y por no hacer ni siquiera se preocupan de exponerlos
coherentemente, uno porque saben que su público es como ellos, que por ignorar
la materia de la que se discute no puede seguir un orden racional en el
discurso, y otro porque por ignorar ni siquiera conocen el mínimo manejo de la
sintaxis: qué quiere decir: "Mañana celebrarán los españoles el inicio
de su revuelta terrorista y reaccionaria contra el orden constitucional, de
frailes bandoleros como los talibanes y con su mismo programa
oscurantista", ¿que los constitucionalistas eran los frailes
bandoleros y que él, López Tena, estaría con ellos, o todo lo contrario: contra
los frailes y con los españoles o también contra estos?
Este sujeto es miembro del Consejo General del Poder
Judicial y ya sufrió un expediente disciplinario en 2001. Fue nombrado a
propuesta de la cultísima y cosmopolita CiU, que en su día también nombró a
Pascual Estevill, esperpento al que hubo que juzgar y condenar por aceptar
sobornos a la hora de sentenciar y del que antes de proponerlo para el CGPJ ya
se sabía que era corrupto. Esta hermandad de la roña es la que pronto
controlará por completo los órganos de gobierno de la judicatura. Sumen a los
Bacigalupo del Tribunal Supremo, que cobraba pensión vitalicia de Argentina -y
que durante décadas no declaró en España- por haber sido allí alto funcionario
durante ¡cuatro meses!, y que fue el mismo sujeto que expulsó a Gómez de Liaño
de la carrera judicial por haberle retirado el pasaporte a Jesús Polanco. Sumen
también para esos órganos de gobierno de la Justicia a las Maritere que habrán de venir, y
que lo mismo que ella pasarán de secretaria de juzgado a juez por el turno
restringido que organizó Felipe González. Y ahora piensen en los catedráticos
que se auparon a las cátedras por obra y gracia de su ideología política y
sumen a estos la cantidad de periodistas semianalfabetos que andan por ahí
opinando. No se olviden de los jueces bermejos que pronto serán titulares de
juzgado y que según el ministro de Justicia serán elegidos directamente desde
las facultades de Derecho y colocados tras unos cursos "en valores".
Lean
ese breve resumen de toda la luminosa basura dictada en las aulas durante
tres generaciones y que trae como consecuencia que este idiota escriba lo que
escribe sin que se le caiga la cara de vergüenza y que en la calle la gente se
atreva a decir lo que el mínimo conocimiento de los hechos no puede tolerar.
Véanlo.
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