...Yo me he esforzado de verdad en entender los elementos lógicos,
conceptuales, estratégicos y tácticos sustentadores de la apertura de
Mariano Rajoy y de Manuel Fraga a la posibilidad de mantener
conversaciones con los independentistas suevo-celtas de cara a la
conformación de una mayoría parlamentaria estable en Galicia. Confieso
que no lo he logrado. ... En La Razón
Hay misterios que seguramente no se resolverán nunca, desafiando la
capacidad de comprensión de sucesivas generaciones, como, por ejemplo,
la llegada al poder del actual presidente del Gobierno, un fenómeno que
se resiste a cualquier análisis racional y que sólo puede ser explicado
a partir de consideraciones paranormales. Este verano nos ha deparado
un nuevo motivo de intriga en las declaraciones de los presidentes
nacional y fundador del PP sobre la posibilidad de alcanzar un pacto
con el Bloque Nacionalista Gallego tras las próximas elecciones
autonómicas en la tierra del marisco y de las brumas. Yo me he
esforzado de verdad en entender los elementos lógicos, conceptuales,
estratégicos y tácticos sustentadores de la apertura de Mariano Rajoy y
de Manuel Fraga a la posibilidad de mantener conversaciones con los
independentistas suevo-celtas de cara a la conformación de una mayoría
parlamentaria estable en Galicia. Confieso que no lo he logrado. Desde
mi limitada perspectiva, la mera admisión de tal contingencia revela
una inseguridad en la victoria que debilita peligrosamente ante los
ciudadanos a los populares gallegos. Además, semejante hipótesis
legitima a una fuerza separatista radical prestándole gratuitamente un
aura de respetabilidad que no merece. Por si lo anterior fuera poco, la
reacción de amplios sectores del electorado de centro-derecha en
aquella Comunidad ha sido de considerable irritación e indignación, lo
que no es un buen augurio dada la proximidad de los comicios. Y, por
último, la mera idea de que la disposición a negociar con gentes
instaladas en el más disparatado extremismo le hace aparecer a uno como
moderado y centrista, revela un desenfoque muy preocupante en
dirigentes políticos de probada inteligencia y experiencia. Bien es
verdad que el veterano padre de la Constitución ha aclarado que los
futuros contactos con el Bloque pueden desembocar en coincidencias
«hasta cierto punto», pero esta inquietante precisión nos lleva de lo
intrigante a lo surrealista. Díganme, por favor, lo nuestro ¿tiene cura
o debemos entregarnos directamente a la desesperación?
CL.-Querido y admirado Alejo:
Formas parte de una ejecutiva estúpida, por no decir algo peor.
Y, aunque no lo has querido decir más claramente por tu acendrada disciplina, digna, por supuesto, de mucho mejor causa, no es que la admisión o invitación a la negociación por parte del PP legitime a los independentistas: es que ensucia al PP. Muchos, bueno, algunos, en número despreciable para el nuevo PP según sus cálculos, no nos vamos a querer manchar ni de lejos con esa posibilidad.
Teníamos la ilusión de derrotar al nacionalismo -una ilusión que no naufragó el 9M- pero el nuevo PP nos ha dicho que no hay esperanza: que el nacionalismo es el único elemento fijo de la política en España, y que ellos -el PP- aspiran, únicamente, a alternarse con el PSOE como variable de esa función, cada ciclo en que la corrupción socialista obligue al electorado a elegir, por un breve período, una cura de oposición para su opción preferente o "por defecto", que es la combinación social-nacionalista.
Tu disyuntiva no ofrece ninguna duda: entregarnos directamente a la desesperación, ... o ir alimentando a UPYD, el nuevo mal menor, ante la degradación del PP.
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