Defender la democracia en España: nos queda la palabra PDF Imprimir E-mail
Escrito por Coruña Liberal   
Sábado, 02 de Diciembre de 2006 09:31

Ayer ciento ochenta coruñeses que pude contar y recontar desde mi privilegiado lugar en la sala, escuchamos a Gotzone Mora hablarnos de su día a día en la Universidad del País Vasco -espejo primoroso y excelente del país todo-, y vimos las imágenes pavorosas de ese día a día.
Gotzone sigue defendiendo el bello sueño de un gran acuerdo básico del PP y del PSOE sobre lo pre-político, para que en España, como en los demás países normales, el debate político se ocupe de los intereses de los ciudadanos, en lugar de su perenne escamoteo con la usurpación identitaria.
La democracia española, combatida con saña, sometida al chantaje aceptado por un Gobierno que ha actuado frente al terrorismo, en la mejor de las hipótesis, con  desconocimiento y frivolidad, sufre también las consecuencias de la ineptitud intelectual y moral de quienes tienen en su defensa la primera obligación. Pero están incapacitados para cumplirla porque durante su formación no adquirieron los conceptos imprescindibles. Entre ellos, el concepto correcto de nación, y el subconcepto de nación española. ¿Cómo defender la democracia para un organismo social en cuya existencia no se cree?

[introducción que el presentador del acto optó por no pronunciar, para dejar más tiempo a la conferenciante, al empezar el acto con un ligero retraso]

Buenas tardes, soy el secretario de Coruña Liberal, y debo al duro horario laboral de nuestra presidente, Pilar Pato, el enorme honor de presentar este acto.

Muchas gracias a todos por acompañarnos.

No podría ponderar la satisfacción que representa para nosotros haber contribuido a acercar la voz de Dª Gotzone Mora a nuestros conciudadanos en estos momentos.

 Nuestra asociación surge del sentimiento de urgencia, incluso de alarma, ante el desbordamiento constitucional que amenaza la continuidad nacional, es decir: la democracia real, la democracia española, la única que conocemos, la que ha costado tanto sacrificio y tanto tiempo construir: muchas generaciones de españoles no la conocieron, y algunos tenemos la impresión de que algunos políticos de la generación presente juegan con ella a los dados con la feliz inconsciencia de quien cree que no pasa nada, que las instituciones democráticas se pueden improvisar de la noche a la mañana publicando bellos textos en el Boletín Oficial del Estado, y que la imprecisión y la inestabilidad de los conceptos que la fundamentan no tienen ningún efecto sobre las vidas de las personas.

Pero fíjense ustedes si lo tienen:

El 27 de mayo de 1938, de regreso de su visita a la Unión Soviética, Daniel Rodríguez Castelao le escribe en una carta a un correligionario:

asistimos a la enseñanza en las escuelas, ... Visitamos dos Repúblicas (Ucrania y Azerbaiyán) y comprobamos que el problema de las nacionalidades quedó resuelto previa y definitivamente -en la URSS- por medio de la libertad y de la democracia (claro está que es preciso dar una nueva definición a estos dos conceptos).

No es un chiste. Con arreglo a esa nueva definición se podía asesinar a millones de personas en nombre, precisamente, de la libertad y la democracia.

Así que, por favor, cuidadito con las palabras.

La renovación del viejo concepto de nación, o creaciones transgénicas como realidad nacional, nación de naciones y otras yerbas cultivadas in vitro y carentes de reflejo alguna en la realidad política de cualquier parte del mundo civilizado, no resuelven, sino que son parte no pequeña del problema.

Gustavo Bueno nos enseñó que no existe la democracia en abstracto -ni la paz en abstracto, ni otras bellas abstracciones-: existe la democracia francesa, por ejemplo, o la democracia española, y ésta lo es en cuanto garantizada por una Constitución real, vivida, respetada, y no cuestionada y combatida por algunos de los que le prometen fidelidad para acceder al cargo, o simulan ese requisito ritual.

El constante hostigamiento a que está sometida nuestra Constitución, es decir, nuestra democracia, el propósito declarado de destruirla por unos, y la renuncia por otros a su defensa, o la colaboración con su descrédito, mediante el relativismo verbal y el atrevimiento de pretender que las palabras signifiquen en cada momento lo que conviene a su coyuntura de poder, son algunas de las preocupaciones que nos determinaron a un puñado de ciudadanos de La Coruña a constituirnos en asociación cívica, y a buscar la palabra de personas como la que seguidamente les va a presentar Fina Saavedra, delegada en Galicia de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a la que agradecemos también su ayuda para organizar este acto. Fina: tienes la palabra.          Galería de fotos

 
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