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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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La guardia sueva de Turiño

 Si Nerón tenía sus pretorianos, si Franco tenía su exótica guardia mora, si Ibarreche tiene la suya tan vistosa como colorá (que a simple vista se distingue de los delincuentes de pura raza vasca en que se esconden con pasamontañas en vez de éstos, que van chuleándose a cara descubierta), y que también le sirve de escolta a la hora de intentar amedrentar jueces, o para acatar pero no cumplir autos judiciales. Si Montilla, el de los mil millones, tiene sus mozos de cuadra a los que no le falta detalle catalanista, okupas incluidos, ni acreditada tradición golpista desde que, con Companys y Dencas, se sublevaron a tiro limpio contra el gobierno republicano de Lerroux. O si el mismo ZP se ha montado su propia guardia presidencial a imitación del tirano Chávez, vamos a ver: ¿por qué no va tener el dúo Turiño Quintana su propia guardia sueva, castiza, vikinga o lo que sea?

 O si el mismo ZP se ha montado su propia guardia presidencial a imitación del tirano Chávez, vamos a ver: ¿por qué no va tener el dúo Turiño Quintana su propia guardia sueva, castiza, vikinga o lo que sea?

A falta de que nos aclaren qué puede hacer por el mantenimiento de los derechos civiles y bienestar de la ciudadanía o el orden público constitucional esta policía neófita a la gallega que no sean capaces de hacer las actuales Fuerzas de Seguridad de España, no deja de ser cierto que la imitación resulta un argumento irrebatible para la lógica pre- aristotélica dominante en la presente diarrea autonómica: "Culo veo, culo quiero" o "Zerolo, el último".

Al ciudadano de bien le interesa la unidad, la especialización y actualización técnica y la coordinación de información y actuaciones, como instrumento de la eficacia policial.

Le interesa que mantengan altas su moral y dignidad, sin roldanes ni veras, ni encerronas toleradas por el gobierno e impropias de su condición de funcionarios de una potencia occidental europea como las que acaban de padecer los policías enviados a Mauritania.

Le interesa también sin duda que las fuerzas de seguridad ejerzan su noble e indispensable función del modo más profesional y neutro posible en lo ideológico y lo político, de modo que nadie los pueda confundir ni utilizar como aparentes mercenarios de secta. Pues lo contrario es propio de sistemas despóticos donde el estado de derecho se extingue. Y también considera, sin tener que ser gran especialista, que con instituciones nacionales como la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Policía Local y en su caso, los servicios de Información del Estado debería bastar. Y que los esfuerzos de información, formación, medios de todo tipo, planes de carrera, retribución, etcétera, deberían ir dirigidos a mejorar y reforzar lo existente antes que a debilitarlo, duplicarlo y fragmentarlo en beneficio de la vanidad caciquil, los delincuentes en general y de los separatistas y sus cómplices en particular, o del mayor despilfarro de impuestos sacados a la sufrida y cada vez más indefensa ciudadanía.

Pero, ¿es sólo folclore costoso, contraproducente para la eficacia, mas no especialmente peligroso para los derechos civiles?

Cabe barruntar que en las sufridas zonas periféricas de España donde la constitución está en almoneda, tal cosa puede servir a la Feliz Gobernación que se prepara. En efecto, de este modo se podría controlar y neutralizar debidamente a los liberales, constitucionalistas y ciudadanos españoles en general, que pueblan la región y se resisten a ser normalizados lingüísticamente o a perder sus señas y símbolos de identidad asociados a su condición de hombres libres e iguales ante la ley en cualquier parte de España.

Y mientras se crea una comisión senatorial tan lucrativa como inútil para intentar coordinar lo previamente despanzurrado o bien tal vez una especie de INTERPOL confederal, multiculturalista, multibabélica ibérica a nivel del "Estao espanhol" que intente poner algo de coordinación y orden en el caos policial que se avecina, vamos a tener ahora otros problemas más frívolos y artificiales para estar entretenidos. Así: cómo llamarla y cómo vestirla.

Me dicen que suenan varios posibles nombres ligados al galleguismo de copyright subvencionado, normalizado y patentado:

¿Irmandiños para el nacional socialismo?

¿Guardia celta? (para la sensibilidad local de Vigo)

¿Guardia superdeportiva? (para la sensibilidad local de La Coruña)

¿Cigarrons do Castelao? (para la Xunta bicéfala, siempre es carnaval)

¿Mendelianos custodios de la pura raza celta? (en homenaje a Risco)

¿Palilleiros de Camariñas?

¿Guardianes de Breogán?

¿Santa Compaña do santo Anxo da guarda?

Y aunque cuartos públicos no van a faltar pues no son de nadie: "que no falte de naá ante necesidad tan patriótica", luego hay que vestirla oportuna, adecuadamente a la ocasión, que no se diga que la dignidad nacional galleguista está en peligro: ¿la arruga es bella? quizás: pues Orense es mucho más typical enxebre que Arteixo.

ZP ya lo ha visto claro y para su nueva propia guardia personal ha elegido sendos colores emblemáticos de su significación, tronío, recia raigambre y gran poderío. El negro como el de las SS, tenebrosa contraorden iniciática y ejército al servicio personal de Hitler. Y el amarillo, color de uso exclusivo y reservado en la remota China imperial a la dignidad del Emperador y su esposa principal. Pues vamos a ver: si otrora lo usaba el Hijo del Cielo, ¿cómo no lo va a usar el hijo del 11 M?

Si el color chapapote oscuro nos pudiera haber venido bien si no se lo hubiera cogido ya ZP, aquí nos puede valer el blanco de la bandera gallega, pero que tiene el inconveniente, sin embargo, de que parece una rendición ante la creciente delincuencia organizada sin fronteras o una expedición a la Antártida. Y que suena a chiste macabro cuando los enemigos de la Ley y la libertad hagan tiro al blanco.

O también el azulina, celestial y angélico, símbolo místico tópico del buenismo y sin-ombliguismo irredento, propio de socialistas zapateriles de espíritu puro y pensamientos elevados, pero acaso poco sufrido, tanto que se va a manchar sólo con mirarlo.

O la mancha roja de la estrella invertida del diablo o la Bestia de la Biblia, emblema con el que se sienten tan identificados los fanáticos separatistas, tanto como para adoptarlo en sus enseñas partidarias.

Pero si la cosa autonómica degenera aún más a lo mejor nuestros castizos próceres quizás consideren oportuno repartirse el botín creando dos policías uno con los colores de la presidencia y otra con los de la vicepresidencia. Por un lado, ya que no hay nada nuevo bajo el sol, se trataría de una forma sui generis de rendir homenaje a D’Artagnan con sus mosqueteros de la Reina contra los del malvado Cardenal. También a la trágica memoria histórica de la Segunda república cuando comunistas, socialistas, anarquistas, bizcaitarras y catalanistas tenían sus propias y autónomas fuerzas armadas. Así, por ejemplo, al diputado de la oposición don José Calvo Sotelo lo detuvieron y asesinaron los guardaespaldas del prohombre socialista Indalecio Prieto.

Por otro, tal hipotético reparto facilitaría la inefable propaganda radiofónica institucional del Pelouro. Se imaginan: "la Poliza da Galiza a las órdenes directas de la Vicepresidencia ha detenido a un peligroso liberal españolista y lo ha conducido a los calabozos habilitados al efecto".

¿Y qué dice el PP?

Se admiten apuestas.