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La guardia sueva de Turiño
Si Nerón tenía sus
pretorianos, si Franco tenía su exótica guardia mora,
si Ibarreche tiene la suya tan vistosa como colorá (que
a simple vista se distingue de los delincuentes de pura raza vasca en
que se esconden con pasamontañas en vez de éstos, que
van chuleándose a cara descubierta), y que también le
sirve de escolta a la hora de intentar amedrentar jueces, o para
acatar pero no cumplir autos judiciales. Si Montilla, el de los mil
millones, tiene sus mozos de cuadra a los que no le falta detalle
catalanista, okupas incluidos, ni acreditada tradición
golpista desde que, con Companys y Dencas, se sublevaron a tiro
limpio contra el gobierno republicano de Lerroux. O si el mismo ZP se
ha montado su propia guardia presidencial a imitación del
tirano Chávez, vamos a ver: ¿por qué no va tener
el dúo Turiño Quintana su propia guardia sueva,
castiza, vikinga o lo que sea?
O si el mismo ZP se ha montado su
propia guardia presidencial a imitación del tirano Chávez,
vamos a ver: ¿por qué no va tener el dúo Turiño
Quintana su propia guardia sueva, castiza, vikinga o lo que sea?
A falta de que nos aclaren qué
puede hacer por el mantenimiento de los derechos civiles y bienestar
de la ciudadanía o el orden público constitucional esta
policía neófita a la gallega que no sean capaces de
hacer las actuales Fuerzas de Seguridad de España, no deja de
ser cierto que la imitación resulta un argumento irrebatible
para la lógica pre- aristotélica dominante en la
presente diarrea autonómica: "Culo veo, culo quiero" o
"Zerolo, el último".
Al ciudadano de bien le interesa la
unidad, la especialización y actualización técnica
y la coordinación de información y actuaciones, como
instrumento de la eficacia policial.
Le interesa que mantengan altas su
moral y dignidad, sin roldanes ni veras, ni encerronas toleradas por
el gobierno e impropias de su condición de funcionarios de una
potencia occidental europea como las que acaban de padecer los
policías enviados a Mauritania.
Le interesa también sin duda que
las fuerzas de seguridad ejerzan su noble e indispensable función
del modo más profesional y neutro posible en lo ideológico
y lo político, de modo que nadie los pueda confundir ni
utilizar como aparentes mercenarios de secta. Pues lo contrario es
propio de sistemas despóticos donde el estado de derecho se
extingue. Y también considera, sin tener que ser gran
especialista, que con instituciones nacionales como la Policía
Nacional, la Guardia Civil, la Policía Local y en su caso, los
servicios de Información del Estado debería bastar. Y
que los esfuerzos de información, formación, medios de
todo tipo, planes de carrera, retribución, etcétera,
deberían ir dirigidos a mejorar y reforzar lo existente antes
que a debilitarlo, duplicarlo y fragmentarlo en beneficio de la
vanidad caciquil, los delincuentes en general y de los separatistas y
sus cómplices en particular, o del mayor despilfarro de
impuestos sacados a la sufrida y cada vez más indefensa
ciudadanía.
Pero, ¿es sólo folclore
costoso, contraproducente para la eficacia, mas no especialmente
peligroso para los derechos civiles?
Cabe barruntar que en las sufridas
zonas periféricas de España donde la constitución
está en almoneda, tal cosa puede servir a la Feliz
Gobernación que se prepara. En efecto, de este modo se podría
controlar y neutralizar debidamente a los liberales,
constitucionalistas y ciudadanos españoles en general, que
pueblan la región y se resisten a ser normalizados
lingüísticamente o a perder sus señas y símbolos
de identidad asociados a su condición de hombres libres e
iguales ante la ley en cualquier parte de España.
Y mientras se crea una comisión
senatorial tan lucrativa como inútil para intentar coordinar
lo previamente despanzurrado o bien tal vez una especie de INTERPOL
confederal, multiculturalista, multibabélica ibérica a
nivel del "Estao espanhol" que intente poner algo de
coordinación y orden en el caos policial que se avecina, vamos
a tener ahora otros problemas más frívolos y
artificiales para estar entretenidos. Así: cómo
llamarla y cómo vestirla.
Me dicen que suenan varios posibles
nombres ligados al galleguismo de copyright subvencionado,
normalizado y patentado:
¿Irmandiños para el
nacional socialismo?
¿Guardia celta? (para la
sensibilidad local de Vigo)
¿Guardia superdeportiva? (para
la sensibilidad local de La Coruña)
¿Cigarrons do
Castelao? (para la Xunta bicéfala, siempre es carnaval)
¿Mendelianos custodios de la
pura raza celta? (en homenaje a Risco)
¿Palilleiros de Camariñas?
¿Guardianes de Breogán?
¿Santa Compaña do santo
Anxo da guarda?
Y aunque cuartos públicos no van
a faltar pues no son de nadie: "que no falte de naá ante
necesidad tan patriótica", luego hay que vestirla oportuna,
adecuadamente a la ocasión, que no se diga que la dignidad
nacional galleguista está en peligro: ¿la arruga es
bella? quizás: pues Orense es mucho más typical enxebre
que Arteixo.
ZP ya lo ha visto claro y para su nueva
propia guardia personal ha elegido sendos colores emblemáticos
de su significación, tronío, recia raigambre y gran
poderío. El negro como el de las SS, tenebrosa contraorden
iniciática y ejército al servicio personal de Hitler. Y
el amarillo, color de uso exclusivo y reservado en la remota China
imperial a la dignidad del Emperador y su esposa principal. Pues
vamos a ver: si otrora lo usaba el Hijo del Cielo, ¿cómo
no lo va a usar el hijo del 11 M?
Si el color chapapote oscuro nos
pudiera haber venido bien si no se lo hubiera cogido ya ZP, aquí
nos puede valer el blanco de la bandera gallega, pero que tiene el
inconveniente, sin embargo, de que parece una rendición ante
la creciente delincuencia organizada sin fronteras o una expedición
a la Antártida. Y que suena a chiste macabro cuando los
enemigos de la Ley y la libertad hagan tiro al blanco.
O también el azulina, celestial
y angélico, símbolo místico tópico del
buenismo y sin-ombliguismo irredento, propio de
socialistas zapateriles de espíritu puro y pensamientos
elevados, pero acaso poco sufrido, tanto que se va a manchar sólo
con mirarlo.
O la mancha roja de la estrella
invertida del diablo o la Bestia de la Biblia, emblema con el que se
sienten tan identificados los fanáticos separatistas, tanto
como para adoptarlo en sus enseñas partidarias.
Pero si la cosa autonómica
degenera aún más a lo mejor nuestros castizos próceres
quizás consideren oportuno repartirse el botín creando
dos policías uno con los colores de la presidencia y otra con
los de la vicepresidencia. Por un lado, ya que no hay nada nuevo bajo
el sol, se trataría de una forma sui generis de rendir
homenaje a DArtagnan con sus mosqueteros de la Reina contra los
del malvado Cardenal. También a la trágica memoria
histórica de la Segunda república cuando comunistas,
socialistas, anarquistas, bizcaitarras y catalanistas tenían
sus propias y autónomas fuerzas armadas. Así, por
ejemplo, al diputado de la oposición don José Calvo
Sotelo lo detuvieron y asesinaron los guardaespaldas del prohombre
socialista Indalecio Prieto.
Por otro, tal hipotético reparto
facilitaría la inefable propaganda radiofónica
institucional del Pelouro. Se imaginan: "la Poliza da Galiza
a las órdenes directas de la Vicepresidencia ha detenido a un
peligroso liberal españolista y lo ha conducido a los
calabozos habilitados al efecto".
¿Y qué dice el PP?
Se admiten apuestas.
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