Una de las
cosas que más me llama la atención en su persona, mi señor Zapatero, es
la falta de correspondencia estricta entre sus palabras y los hechos.
Aún recuerdo una gran intervención parlamentaria suya para explicarle
al lehendakari por qué no debía admitirse a tramitación el Plan
Ibarretxe.
Fue
el 1 de febrero de 2005 y usted dijo algunas cosas muy sensatas que han
quedado escritas en el Diario de Sesiones del Congreso. Por ejemplo,
que "salvo en estos últimos 25 años, nuestra historia constitucional es
un recetario de fracasos (
) porque normalmente se hicieron
constituciones de partido, normas políticas con el 51%, y las normas
políticas con el 51% para ordenar la convivencia acaban en el fracaso
(
) Lo que expreso en esta cámara es que busquemos el 70, el 80, el
cien por cien para una norma institucional básica en Euskadi".
Ese era
justamente el secreto del pacto de la transición, que usted ha
sustituido por la memoria histórica. Ese era el quid del pacto
Antiterrorista, que sumaba al 89,14% de los diputados, antes de que
usted cambiara formalmente de objetivos y de socios el 17 de mayo de
2005. Su nueva estrategia perdió 110 escaños para quedarse en 202, el
57,71% de los representantes de la soberanía popular.
Ahora
se llevan las cocciones lentas y los consensos estilizados. Se empeñó
usted en que España fuese el primer país en someter a referéndum el
Tratado de la Unión. La abstención llegó al 57,68% del censo.
¿Y
lo de los Estatutos? Se le dan a usted peor los referendos que al
difunto Pinochet, perdone que le diga. Los dos celebrados hasta ahora
han disminuido los consensos de los que partían. Vea la reforma del de
Sau: participación inferior al 50%, diez puntos menos que aquél. El
Sí registró un bajón de 14 puntos sobre votantes y 16 sobre el censo
electoral.
Pero
lo peor es la reforma de un Estatuto que había conseguido llevar a las
urnas al 53,49% de los andaluces contra el parecer de UCD, partido que
entonces gobernaba. El apoyo de la oposición no hace que las tonterías
dejen de serlo, presidente, y los tres partidos que aprobaron la
reforma, (PSOE, PP e Izquierda Unida) sólo llevaron a las urnas al
36,28% de los andaluces y aun la décima parte de ellos votó en contra.
Los votos afirmativos en 1981 fueron casi dos puntos más, 89,38%.
Esta
reforma estatutaria es un fiasco, presidente, y lo será más aún cuando
los que han diseñado ese procedimiento de calcular las inversiones en
función del criterio que más beneficie a la Comunidad Autónoma, (a
aquél por PIB, a éste por población, a los gallegos por costa, a
Castilla-León por superficie) descubran dos evidencias matemáticas
elementales: las ventajas del común denominador para sumar quebrados y
que la suma de las partes de un todo no puede superar el cien por cien.
Hace dos años dijo usted que las normas de convivencia del 51% acaban
en el fracaso. ¿En qué acabará la del 31,73%? Galicia espera.
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Qtyop rectifica:
creo que el estatuto andaluz de octubre de 1981 fue apoyado por la entonces gobernante UCD.
no
pudo ser de otra forma, era el grupo mayoritario en las Cortes y fueron
las Cortes quienes lo aprobaron lo que no apoyo la ucd ---ni el partido
socialista de andalucía, nombre anterior del partido andalucista--- fue
el anterior referendum del 28 de febrero de 1981 para impulsar la vía
del 151.
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Corolarios.-
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Todo
gobernante que emprenda una reforma legal incapaz de concitar un apoyo
político y social igual o superior al que obtuvo el texto reformado, ha
fracasado.
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Todo
partido de oposición que secunde una iniciativa del Gobierno asume una
parte (menor) del éxito o del fracaso de dicha iniciativa.
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Toda
reforma estatutaria experimenta una hipertrofia de su articulado
inversamente proporcional a la participación ciudadana en el referendum.
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En
las últimas elecciones andaluzas, el PSOE obtuvo el 50,27% de los votos
emitidos, lo que supone el 38,13% del total del censo. En este
referendum votó el 36,28%; lo hizo afirmativamente el 31,73%. Con estos
datos, el PSOE culpa al PP de la abstención.
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Después
del referendum para la aprobación del Tratado de la Unión, el PSOE ya
había culpado al PP de la alta abstención (57,68%) por pedir el 'sí'
con la boca pequeña. Ninguno de sus dirigentes dijo nada de la campaña
de sus socios, IU y ERC, que habían pedido el 'no' con la boca bien
grande.
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