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Escrito por Roberto Blanco Valdés
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Lunes, 19 de Marzo de 2007 01:12 |
HABRÍA bastado con que el presidente del Gobierno hubiera afirmado
sobre Navarra lo que acaban de proclamar allí solemnemente sus
compañeros socialistas para que todos los que protestan contra el uso
partidista que hace el PP de las palabras de Rodríguez Zapatero se
llenasen de razón.
Nos comprometemos a «no proponer y a votar no a cualquier
propuesta de incorporación total o parcial, institucional o funcional,
de Navarra a la comunidad autónoma vasca o en cualquier otro ente
político de parecida naturaleza que pueda plantearse»: con esa
sencillez, compresible para todos, se han manifestado los socialistas
de Navarra.
¿Se ha expresado el Gobierno con comparable claridad? En
absoluto. El Gobierno ha practicado en este tema la ambigüedad que ya
viene siendo habitual al referirse a todo lo relacionado con el
contencioso vasco y se ha expresado con varias voces que, pese a sus
diferencias, tienen en común que ninguna resulta lo rotunda que sería
de esperar en un asunto de tantísima importancia.
Las palabras de la vicepresidenta -«Navarra no está en
cuestión, no es negociable»- son mucho menos claras de lo que cabría
deducir del tono prosopopéyico que en ella se ha convertido ya en
habitual. Pues lo que viene a decirnos la señora De la Vega es que no
se negociará sobre Navarra, lo que constituye una afectada redundancia:
según el Gobierno, ni se ha negociado, ni se negocia, ni se negociará
sobre nada en términos políticos, lo que excluye, por inclusión,
negociar sobre Navarra.
La ambigüedad de fondo de la vicepresidenta se completa con
la de su presidente, quien, como tantas otras veces, proclama una
obviedad: que Navarra será lo que quieran los navarros. ¡Solo faltaría!
Por supuesto que Navarra será sólo lo que quieran los
navarros, entre otras cosas porque así lo manda la Constitución de un
modo taxativo. Pero no es esa la cuestión, ni tampoco la de si Navarra
formará parte o no de una negociación que algunos miembros del Gobierno
dicen está cerrada a cal canto. La cuestión es la de cuál será la
posición del Ejecutivo socialista si se plantea en el futuro la
incorporación de Navarra -o su unión de alguna forma- al País Vasco.
Es sobre eso sobre lo que se espera un nítido pronunciamiento
del presidente del Gobierno -tan nítido como el de los socialistas de
Navarra- que todavía no ha llegado. La razón que explica sus tercas
evasivas es probablemente la misma que permite entender su pertinaz
insistencia en el asunto de la paz y su ciega confianza en la
conversión de Batasuna: la creciente incapacidad de Zapatero para
aceptar la realidad cuando se contrapone a sus deseos.
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