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Como nos enseñaba don Jacinto
el del Premio, La ciudad alegre y confiada es el desarrollo o
consecuencia de los intereses creados.
La quema impune de los retratos
del jefe del Estado por catalanistas ante la complaciente mirada de
la policía autonómica, mientras su jefe Montilla desplegaba su doblez
tartufesca con Su Majestad, es otro episodio más del proceso de destrucción
constitucional que venimos padeciendo desde antaño y especialmente
desde que ZP ocupa La Moncloa. ...
Si hubiera buen Señor
La publicidad engañosa del mal
llamado "gobierno de España", dos mentiras en una misma
sentencia, cosa que debería ser denunciada ante Consumo o
quizás la UCE, hace pasar la felonía y la traición
como logros de la Feliz Gobernación del jefe del consejo de Su
Majestad.
En este campo de batalla es oportuno
recordar las recientes declaraciones de D. Sabino Fernández
Campo, ex secretario de la Casa real, y conciencia moral durante
tanto tiempo del último representante de una dinastía
que históricamente ha venido demostrando que anda escasa o
carece de ella. En verdad, no parece que hayan tenido la repercusión
que merecían. Tanto por lo que sugiere su lenguaje sutil y
diplomático de aquellos que como decían los clásicos
"sabían manera", una forma de decir y sugerir ya casi
anacrónica en estos tiempos de zafiedad y lenguajes toscos,
vulgares y directos para consumo del populacho soberano. Cuanto por
la propia importancia, especialmente viniendo de quien vienen, de
frases tan contundentes como: "El Estado de las autonomías
no ha mejorado a la nación de España. Las cosas no van
mejor así y da muchos problemas. Con todo el respeto a la
Constitución y al presidente Adolfo Suárez, tengo que
decir que las autonomías son el error de la Carta Magna".
"Me preocupa mucho la deriva nacionalista
el nacionalismo bien
entendido, como amor a la tierra natal, no es criticable. Ahora bien,
si supone la oposición al resto de España o la búsqueda
de la independencia, no es bueno".
O tan diplomáticas, por lo que
sugieren, como: "arbitrar es delicado: el Rey debería estar
muy preparado y asesorado.
para ejercer el papel moderador, pues
igual: estar muy enterado de los temas, muy preocupado, recibir el
asesoramiento necesario y percatarse de la realidad". Es decir,
sugiere que por incompetencia, desconocimiento o desidia, el actual
Jefe del Estado ni modera, ni arbitra, ni muestra preocupación
por lo que pasa.
Pero hay que recordar al ilustre D.
Sabino que, para bien o para mal, la constitución del 78 no es
una criatura solo del Duque de Suárez, quien nunca habría
hecho nada sin la iniciativa o al menos el beneplácito real.
La Corona usa, gasta y olvida a sus más leales y eficaces
colaboradores: Fernández Miranda, Suárez, el propio D.
Sabino.
Y que el otro gran error de la Carta
magna, que se retroalimenta en la práctica con el citado de
las autonomías, es el del Titulo II, la Corona. Cosa que no es
fácil que sea reconocida por el ilustre militar monárquico,
quizás porque intenta disimular no ya las carencias de la
persona sino también proteger la institución.
Las federaciones históricas
realizadas en otros lugares se han hecho para unir lo diferente, para
crear un universo, es decir, unidad en lo vario. La perpetrada en
España con el aliento del jefe de gobierno de Su Majestad se
ha hecho para desunir lo que estaba unido, en un proceso estulto y
corrupto de descomposición financiado, además por sus
víctimas. Y es que el caso español demuestra que no
puede mantenerse la unidad de la Nación, y menos con gentes
tan canallas y miserables como las separatistas que padecemos, sin
diferentes cambios institucionales tales como una jefatura del Estado
con poder centrípeto que equilibre de hecho las fuerzas
centrífugas, cosa muy difícil sino imposible con una
Monarquía constitucional en la que el Rey es por definición
irresponsable.
No es de extrañar, pues, más
allá de la autocensura española sobre este tema tabú,
que algunos medios internacionales solventes describan el proceso de
destrucción de la credibilidad internacional de España
desde que ZP es el jefe de gobierno de Su Majestad, y se hagan eco
del creciente desprestigio de la Monarquía. Y es que muchos
españoles veamos ya a la Corona (hablando se entiende la
gente) más como parte del problema político presente
que de su solución.
Don Sabino nos advierte sensata y
diplomáticamente de la precariedad de las bases de la actual
ciudad alegre y confiada. Los intereses creados pueden variar y de
hecho varían. Don Pío, "el impío", decía
durante los amargos treinta que el mayor logro del socialismo en
España había sido la creación de una nueva
variante del tradicional señorito. El "señorito
socialista" que tiene sus propios intereses aún cuando pueda
cohabitar pragmáticamente con la Monarquía en una joint
venture o UTE provisional. El Estado de las autonomías ha
proporcionado abundante pesebre a toda clase de señoritos
locales y regionales. La coalición de intereses de los
señoritos socialistas que mandan ahora con los señoritos
autonómicos de todo pelaje, partido y ralea, aumenta la
inestabilidad del sistema político y lo que es peor afecta
cada vez más negativamente a la sociedad española.
Si la Monarquía resulta incapaz
de defender la continuidad de la Nación ni los derechos de
todos los españoles en cualquier parte de España y fía
su supervivencia al favor de sus enemigos, cabe colegir que su
situación puede resultar muy difícil de sostener
incluso a medio plazo. No sabemos si el punto de no retorno será
en marzo, convertido en otro "12 de abril", si ZP consigue
renovar su coalición demoledora con los enemigos de España
y de la Libertad, pero no sería de descartar que la próxima
primavera pudiera significar el fin del actual régimen
constitucional salvo que la victoria suficiente del PP, hoy
improbable, parase o retrasase ese final.
Si la memoria histórica nos
enseña algo, es que las dos experiencias históricas
republicanas españolas han resultado aún peores que
algunos, no todos, de los reinados de los Borbones. Pero ¿puede
servir indefinidamente apelar a argumentos propios del chiste del
paralítico de Lourdes: "Virgencita... por Dios, que me quede
como estoy"
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