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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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 Como nos enseñaba don Jacinto el del Premio, La ciudad alegre y confiada es el desarrollo o consecuencia de los intereses creados.

La quema impune de los retratos del jefe del Estado por catalanistas ante la complaciente mirada de la policía autonómica, mientras su jefe Montilla desplegaba su doblez tartufesca con Su Majestad, es otro episodio más del proceso de destrucción constitucional que venimos padeciendo desde antaño y especialmente desde que ZP ocupa La Moncloa. ...

 

Si hubiera buen Señor

La publicidad engañosa del mal llamado "gobierno de España", dos mentiras en una misma sentencia, cosa que debería ser denunciada ante Consumo o quizás la UCE, hace pasar la felonía y la traición como logros de la Feliz Gobernación del jefe del consejo de Su Majestad.

En este campo de batalla es oportuno recordar las recientes declaraciones de D. Sabino Fernández Campo, ex secretario de la Casa real, y conciencia moral durante tanto tiempo del último representante de una dinastía que históricamente ha venido demostrando que anda escasa o carece de ella. En verdad, no parece que hayan tenido la repercusión que merecían. Tanto por lo que sugiere su lenguaje sutil y diplomático de aquellos que como decían los clásicos "sabían manera", una forma de decir y sugerir ya casi anacrónica en estos tiempos de zafiedad y lenguajes toscos, vulgares y directos para consumo del populacho soberano. Cuanto por la propia importancia, especialmente viniendo de quien vienen, de frases tan contundentes como: "El Estado de las autonomías no ha mejorado a la nación de España. Las cosas no van mejor así y da muchos problemas. Con todo el respeto a la Constitución y al presidente Adolfo Suárez, tengo que decir que las autonomías son el error de la Carta Magna". "Me preocupa mucho la deriva nacionalista…el nacionalismo bien entendido, como amor a la tierra natal, no es criticable. Ahora bien, si supone la oposición al resto de España o la búsqueda de la independencia, no es bueno".

O tan diplomáticas, por lo que sugieren, como: "arbitrar es delicado: el Rey debería estar muy preparado y asesorado. …para ejercer el papel moderador, pues igual: estar muy enterado de los temas, muy preocupado, recibir el asesoramiento necesario y percatarse de la realidad". Es decir, sugiere que por incompetencia, desconocimiento o desidia, el actual Jefe del Estado ni modera, ni arbitra, ni muestra preocupación por lo que pasa.

Pero hay que recordar al ilustre D. Sabino que, para bien o para mal, la constitución del 78 no es una criatura solo del Duque de Suárez, quien nunca habría hecho nada sin la iniciativa o al menos el beneplácito real. La Corona usa, gasta y olvida a sus más leales y eficaces colaboradores: Fernández Miranda, Suárez, el propio D. Sabino.

Y que el otro gran error de la Carta magna, que se retroalimenta en la práctica con el citado de las autonomías, es el del Titulo II, la Corona. Cosa que no es fácil que sea reconocida por el ilustre militar monárquico, quizás porque intenta disimular no ya las carencias de la persona sino también proteger la institución.

Las federaciones históricas realizadas en otros lugares se han hecho para unir lo diferente, para crear un universo, es decir, unidad en lo vario. La perpetrada en España con el aliento del jefe de gobierno de Su Majestad se ha hecho para desunir lo que estaba unido, en un proceso estulto y corrupto de descomposición financiado, además por sus víctimas. Y es que el caso español demuestra que no puede mantenerse la unidad de la Nación, y menos con gentes tan canallas y miserables como las separatistas que padecemos, sin diferentes cambios institucionales tales como una jefatura del Estado con poder centrípeto que equilibre de hecho las fuerzas centrífugas, cosa muy difícil sino imposible con una Monarquía constitucional en la que el Rey es por definición irresponsable.

No es de extrañar, pues, más allá de la autocensura española sobre este tema tabú, que algunos medios internacionales solventes describan el proceso de destrucción de la credibilidad internacional de España desde que ZP es el jefe de gobierno de Su Majestad, y se hagan eco del creciente desprestigio de la Monarquía. Y es que muchos españoles veamos ya a la Corona (hablando se entiende la gente) más como parte del problema político presente que de su solución.

Don Sabino nos advierte sensata y diplomáticamente de la precariedad de las bases de la actual ciudad alegre y confiada. Los intereses creados pueden variar y de hecho varían. Don Pío, "el impío", decía durante los amargos treinta que el mayor logro del socialismo en España había sido la creación de una nueva variante del tradicional señorito. El "señorito socialista" que tiene sus propios intereses aún cuando pueda cohabitar pragmáticamente con la Monarquía en una joint venture o UTE provisional. El Estado de las autonomías ha proporcionado abundante pesebre a toda clase de señoritos locales y regionales. La coalición de intereses de los señoritos socialistas que mandan ahora con los señoritos autonómicos de todo pelaje, partido y ralea, aumenta la inestabilidad del sistema político y lo que es peor afecta cada vez más negativamente a la sociedad española.


Si la Monarquía resulta incapaz de defender la continuidad de la Nación ni los derechos de todos los españoles en cualquier parte de España y fía su supervivencia al favor de sus enemigos, cabe colegir que su situación puede resultar muy difícil de sostener incluso a medio plazo. No sabemos si el punto de no retorno será en marzo, convertido en otro "12 de abril", si ZP consigue renovar su coalición demoledora con los enemigos de España y de la Libertad, pero no sería de descartar que la próxima primavera pudiera significar el fin del actual régimen constitucional salvo que la victoria suficiente del PP, hoy improbable, parase o retrasase ese final.


Si la memoria histórica nos enseña algo, es que las dos experiencias históricas republicanas españolas han resultado aún peores que algunos, no todos, de los reinados de los Borbones. Pero ¿puede servir indefinidamente apelar a argumentos propios del chiste del paralítico de Lourdes: "Virgencita... por Dios, que me quede como estoy"