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Pero ¿quién era Blas
Infante?
Pues un antecedente de la memez
zapateril de la Alianza de las Civilizaciones un notario apóstata
que tuvo la feliz idea de renegar de España para hacerse
musulmán.
Todo un modelo de actualidad para las
repugnantes zurdas españolas como las llamaba el sevillano don
Antonio Machado, y eso que aún no se había inventado lo
de la educación para la ciudadanía.
La reciente polémica sobre la
figura del Padre de la Patria andaluza el pintoresco notario Blas
Infante y la acobardada reacción del bizarro líder de
la derecha española nos da idea de hasta qué punto las
cosas no tienen remedio cuando se aceptan acríticamente los
supuestos méritos y razones del adversario.
Lo primero que llama la atención
en esta dictadura cultural del progretariado es la asimetría
de los planteamientos. Cualquier personaje de la derecha o el
liberalismo político puede ser escarnecido impunemente no
importa su valor o talento mientras que toda clase de improperios y
descalificaciones se abate sobre el que osa desenmascarar las hazañas
cuando no fechorías de tanto personajillo del santoral progre.
El asunto resulta especialmente grave cuando se trata de fundadores
de patrias taifales, nacionalistas y colaboracionistas asimilados,
personajillos, normalmente señoritos de buena familia,
partidarios o no del estupro o del escapulario o de incendiar
Castilla, pero siempre carcas, antiliberales, renegados de su
privilegiado origen social y nacionalidad española. A falta de
su necesario estudio por psiquiatras, cosa que yo no soy, cabe
resaltar la paradoja que todos estos rancios especímenes de la
carcundia más hipócrita y feroz sean defendidos contra
toda lógica por la progresía gobernante.
El lúcido Vidal Cuadras, uno de
los baluartes de lo que queda de España en Cataluña, y
de lo que queda de España en la Cultura, ha osado criticar a
Blas Infante y toda la memez ágrafa y liberticida que hoy
representa. Nunca lo hubiera hecho. El superviviente del clan
sevillano de la tortilla y flamante virrey de la taifa andalusí
señor Manolo Chaves ha protestado con su peculiar balbuceante
y ceceante prosa y he aquí que Rajoy, el intrépido
galleguista Rajoy, se ha apresurado a disculparse en nombre del PP y
pedir perdón por la herejía de su supuesto subordinado.
Mal se queja quien se deja.
¿Cómo se puede luchar
políticamente cuando se renuncia a las Ideas y se inciensan
las del enemigo? Desarbolados ante la propaganda y la demagogia del
enemigo, sin defensa de las Ideas y de la Cultura, la batalla
política está perdida de antemano.
Pero es que Vidal Cuadras tiene razón.
El proceso de vaciar de agua el estanque común para llenar la
propia pecera, perpetrado por los nacionalistas y socialistas que
tratan de mantener a salvo su propio comedero y comerse ellos solos
los peces, ranas o lo que pillen, ha dado lugar a que cualquier
impostura, por descomunal que sea, tenga su asiento en la sectaria y
bizca memoria histórica. Así, por ejemplo, la
aprobación del Parlamento andaluz que reconoce en el Estatuto
de autonomía a Blas Infante como padre de la Patria andaluza.
Como los Sabino Arana, Prat de la Riba, Castelao y tantos otros
ilustres antiliberales.
Pero ¿quién era Blas
Infante?
Pues un antecedente de la memez
zapateril de la Alianza de las Civilizaciones un notario apóstata
que tuvo la feliz idea de renegar de España para hacerse
musulmán.
Todo un modelo de actualidad para las
repugnantes zurdas españolas como las llamaba el sevillano don
Antonio Machado, y eso que aún no se había inventado lo
de la educación para la ciudadanía.
Y es que como puede leerse en alguna de
sus hagiografías Blas Infante "naciendo cristiano se
reconoce musulmán, recuperando el din o camino del
Islam de sus antepasados, la fuerza impulsora del Andalus".
En efecto, Blas Infante se baja al moro
y cumple el acto de la Shahada, o de su reconocimiento como musulmán.
Peregrina hasta la tumba de Al Mutamid, el último rey moro de
Sevilla, situada en Abmhat, junto a Marrakech. Y allí, el 15
de setiembre de 1924, efectúa los rituales de rigor ante dos
testigos, un tal Omar Dukali y un cabileño de Beni Al Ahmar,
que le regalaron una chilaba y una daga bereber como las usadas por
las cábilas para castrar o degollar a los prisioneros
españoles. Blas Infante adopta el nombre musulmán de
Ahmad.
¿Curioso, verdad?
Pero no es la primera vez que los
demagogos y traidores recurren al moro en su afán común
de atacar a España.
Los felones inventores de Galeuzca
también recurrieron al salvaje sanguinario Mohamed Uld Abd
el- Krim, el Jatavi y lograron que se les uniera en su lucha
contra España.
El ilustre andalucista Ahmad Infante
patrono de nacionalsocialistas andaluces como buen liberal califal,
demócrata teocrático y partidario de la soberanía
del pueblo confederal escribe:
"¿Qué nos queda del
Islam? nos queda del Islam el sentimiento del poder de Allah, su
equilibrio. El Islam no es sólo espiritualidad, es también
movimiento. Vivir no es solamente una idea sino un conocimiento, y
este conocimiento es nuestra experiencia de Al Andalus en su época
de esplendor."
¿Movimiento? Sí ¿pero
a dónde?
Un ilustre, éste sí lo
era verdaderamente, paisano de Blas Ahmad Infante: nada menos que
Séneca avisaba a navegantes sin criterio que "quién
no sabe dónde va nunca encuentra viento favorable".
No sabemos si las repugnantes zurdas
españolas guiadas por la ambición, la ignorancia y la
codicia saben realmente a dónde van y sobre todo, a dónde
nos llevan, pero no estaría de más que los liberales
nos armáramos con la Razón, la Cultura, La Memoria y la
Palabra, además de serenidad y paciencia, para evitar que nos
arrastren a donde no queremos ir.
Con permiso de galleguistas
consentidores y complacientes como don Mariano.
Sarastro
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