Arcadi Espada ayer en La Coruña PDF Imprimir E-mail
Escrito por C.L.   
Jueves, 13 de Diciembre de 2007 13:21

 ...Gracias, Arcadi, por haber venido a La Coruña, a hablar para un puñado de fachas -esa intemperie a la que nos han arrojado Z y sus socios a todos los que no tenemos cobijo bajo su techado de lo políticamente correcto-. Gracias a los organizadores de la conferencia, que merecía mayor audiencia. Gracias por pasar abiertamente del mero no nacionalismo al antinacionalismo beligerante -en cuyo frente intelectual te corresponde la primera fila-. Gracia por tu blog, ese regalo diario para miles de solitarios como yo, y por tus libros. →→→

 

Pocos fuimos los elegidos que escuchamos ayer a Arcadi Espada en La Coruña: un reducido número de fans -por más que le moleste, aunque muy discretos (yo era el más exaltado y pasé completamente inadvertido)- un reducido número de udeptos -de udyp-, algún ciudadano -del partido de los Ciudadanos- y, la mayor parte, gentes de derecha de toda la vida y algunos más recientes, expulsados felizmente de la izquierda desde que ésta empezó a romper la baraja -como dijo Cancio en el turno de preguntas que no son preguntas-. En resumidas cuentas: diversos componentes de la derecha extrema, según la taxonomía social de Z, Pepiño, López Aguerrido y sus socios de otras naciones menos discutibles.

Fuimos pocos, en mi opinión, en relación con la audiencia que merece uno de los intelectuales más lúcidos de España en la crítica de esa idea maligna -aunque estúpida- que es el nacionalismo. Tal idea se resume en que "como llegué antes, tengo más derechos que tú" [aunque Arcadi distinguió refiriéndose al nacionalismo catalán sus dos corrientes: la menos mala, aquella que pretendió dirigir la regeneración de España -Francesc Cambó, Joan Estelrich.- y la independentista]

Arcadi inició su discurso aludiendo a sus orígenes familiares para, desde esa supuesta subjetividad, alcanzar o iniciar una aproximación objetiva, es decir, al objeto: España, una trama de afectos.

Con antecedentes andaluces, aragoneses, castellanos, ... etc -menos gallegos, que recuerde-, y nacido en Barcelona por casualidad -como nacemos todos donde nos toca- concluyó que si algo es, desde el punto de vista de la pertenencia gentilicia, es español. Esta obviedad de partida suscitó una corriente de simpatía futbolística -de afecto- en los asistentes, españoles tan necesitados de av¡fecto, que él se apresuró a rechazar con humildad sonrojada: -"No. No me reconozcan mérito alguno por eso: me lo dieron hecho". En fin: desde ese punto de vista que he llamado gentilicio, Arcadi es lo mismo que millones de españoles, resultado de infinidad de cruces migratorios debidos a la pobreza de las tierras de origen. Curiosamente, un indígena como yo, en cuyas sagas familiares no constan más que aldeanos nacidos todos en un área casi incestuosa -no ha sido Bergantiños nunca tierra de acogida, sino de partida, o de expulsión- simpatiza con esos millones de simpáticos, e incluso guapos, diría mi mujer, mestizos, esa trama de afectos sanguíneos, con la misma calidez que el propio Arcadi expresó ayer.

En consecuencia, cuando el consejero Castells -un socialnacionalista catalán- insultó a los andaluces llamándoles depredadores fiscales -parásitos-, blandiendo una 'balanza fiscal' que no sabe leer, insultaba también a la mitad de la población de Cataluña, unos tres millones de habitantes, directamente imputables al fenómeno migratorio durante la posguerra, y a una considerable parte de sus votantes. (Lástima, digo yo, que este burdo insulto no haya tenido reflejo electoral, salvo constatar el masoquismo o la estupidez de una no pequeña parte de los insultados. No quiero decir con esto que se lo merezcan. Sólo que no reaccionaron con la lógica humana esperable, que es no (volver a) votar a quienes te insultan)

Demostrada la textura de España como una trama de afectos, en lo que también los indígenas no envenenados estamos de acuerdo con el mismo entusiasmo pues hay afectos superiores a los sanguíneos, se preguntó Arcadi cómo ha sido posible que una idea maligna -y estúpida- como el nacionalismo se haya convertido en el problema que tanto nos da que cabilar, en perjuicio de otros menesteres más agradables y productivos -peor que una enfermedad-.

En primer lugar se constata que el nacionalismo como idea se ha adueñado de la realidad -como un virus de un organismo confiado- y pulula en todas partes, en todas las mentes, incluso en las más insospechadas: mencionó que se le pida a Rubalcaba, con tantas y tan graves cuentas pendientes, la de su adscripción a la lista al Congreso por Cádiz en las próximas elecciones, cuestión verdaderamente nimia. Y ello es destacable porque ese miramiento localista se formula por personas que compartirían lo esencial del discurso antinacionalista desarrollado ayer, como miembros conscientes de esa trama de afectos. Sin embargo, el virus está ahí, y se manifiesta -lo que no es nada en comparación con el nacionalismo de que adolecen los partidos supuestamente españoles en sus organizaciones regionales (esto lo digo yo) según estamos viendo estos días a propósito de las competencias que malbarata Z a cambio de que la Magdalena no se deshaga hasta marzo: la crítica del PP regional no lo es a la liquidación del estado solidario que nos permitió superar la crisis del Prestige sin haber tenido que comernos todo el chapapote nosotros solos, sino al hecho de que no se logre la transferencia del salvamento marítimo, para que la próxima vez no tengamos que compartirlo con nadie-. En efecto, el nacionalismo lo contamina todo, a veces con un grado de estupidez que te hace avergonzarte incluso de aquellos con quienes tendrías mayor afinidad. (Esto no lo dijo Arcadi, pero me lo suscitó)

Una, la primera, de las causas del éxito mórbido del nacionalismo, es, según Arcadi, el franquismo. No comparto enteramente esta etiología, pero intentaré acercarme a su exposición: no tanto el franquismo precluido exitosamente para le democracia con la Trasición modélica que hicimos los españoles, cuanto el franquismo actualizado por la izquierda actualmente en el poder: esa izquierda que al remover estatuas y legislar sobre la memoria -cuando antes la ley no se ocupaba de la metafísica- actualiza el franquismo sin otro propósito que beneficiarse electoralmente de un antifranquismo retrospectivo, es decir, inútil -y tan útil a la vez-. La idea es que, al haberse identificado el régimen con la unidad de España, denostar al régimen implica hacerlo con su simbolismo, con su unitarismo, ... La gente somos así.

La segunda causa de la preponderancia ideológica del nacionalismo es el funcionamiento -comportamiento para los idealistas- de la izquierda después de la caída del muro de Berlín, por dar una referencia clara. En realidad, como colige el lector, esta segunda causa se confunde con la primera en buena medida, porque es siempre la izquierda -no el franquismo- salvo que confundamos causas con pretextos.

Esta izquierda, o esta parte de la izquierda, que es la que infelizmente nos ha tocado, manosea ahora groseramente la nación -elegida- como antes hizo con la clase, pero lo hace con más indecencia y menor rigor intelectual, si cabe. (Salvó Arcadi una izquierda decente, que prefiere la solidaridad de la especie a la de la raza, una izquierda internacionalista ... que, esto no lo dijo él, pero lo diré yo: no constituye remedio útil o suficiente contra el nacionalismo porque, puesto que naciones hay, si tú dices que no perteneces a ninguna, otros decidirán por ti cual será tu pasaporte; ya está sucediendo. Es esta izquierda para la que España ni siquiera es una trama de afectos: verás lo que hacen los nacionalistas con nuestros afectos)

Seguro que algo se me olvida -Arcadi es denso y ubérrimo como un conceptista moderno, y esta tentativa de crónica subjetiva no cabaría nunca si sigo todos los hilos que trenzó ayer- pero, en último lugar mencionó al terrorismo como una causa, sorprendente, paradójica, del ascendiente, del prestigio (¡!) del nacionalismo. Creo que tiene razón. Es difícil de comprender, pero es así. Sin embargo, a mí, esta etiología me devuelve, como las dos anteriores, a la izquierda. Es sobre todo la izquierda la que le confirió prestigio al terrorismo. Ha sido terrible -y Arcadi lo ha denunciado como nadie- que esa izquierda que convirtió en héroe al estudiante burguesito, ahíto de centraminas que asesinó a mi vecino José Antonio Pardines en 1968 -en cuyo pueblo gobierna esa izquierda, o una de sus esquirlas- haya vuelto a sus orígenes filoterroristas de la mano de Z. Pero a eso hemos asistido sin saberlo mientras engañaba con el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, y sabiéndolo desde el anuncio "del proceso de paz", en cuya continuidad críptica podemos y debemos creer a la vista de la ejecutoria de Z, empeñado en que el nacionalismo consiga sin el terrorismo lo que no pudo conseguir con éste. Esto no lo dijo exactamente Arcadi, pero lo mencionó oportunamente Cancio. De ahí la dialéctica entre ETA derrotada o ETA victoriosa. Arcadi dijo que está derrotada. NO le falta toda la razón, pero tampoco le asiste toda: Z y su equipo han trabajado eficazmente para que no hubiera vencedores ni vencidos: de nuevo la izquierda. Su equidistancia respecto del asesinato y la virtud cívica es un prodigio de equilibrio, pero no cabe duda de que si son el gobierno y las instituciones quienes adoptan ese punto de vista equidistante, conceden al crimen al menos la mitad del recorrido. Si Arcadi cree -como lo cree Boadella- que el nacionalismo puede salirse con la suya, es decir, puede ganar, en tal caso no cabría hablar de derrota de ETA: sería una victoria, aunque fuese póstuma. Un consuelo muy escaso para los antinacionalistas entre los que nos contamos, para mi orgullo, Arcadi y yo.

Gracias, Arcadi, por haber venido a La Coruña, a hablar para un puñado de fachas -esa intemperie que ya nos cobija a todos los que no estamos con Z ni con sus socios bajo el techado de lo políticamente correcto-. Gracias a los organizadores de la conferencia, que merecía mayor audiencia. Gracias por pasar abiertamente del mero no nacionalismo al antinacionalismo beligerante -en cuyo frente intelectual te corresponde la primera fila-. Gracia por tu blog, ese regalo diario para miles de solitarios como yo, y por tus libros.
Tal vez una de las evidencias del acto de ayer es que el movimiento cívico -uno de los elementos de esperanza contra esa idea maligna, junto con el final del terrorismo y, paradójicamente, la decadencia de la Cataluña nacionalista- existe en La Coruña, pero causó la impresión de ser débil y exiguo. ¿Un embrión lleno de potencial o moribundo? Contribuyamos a que sea lo primero.

 
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