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Llegó la Navidad de 1895 y nuestro
profeta penaba cierta fechoría durante unas semanas en la prisión de Larrinaga
(=lugar de las eras). No tan inmunda mazmorra, por cierto, como cuentan sus
hagiógrafos según se deduce de su amplitud y mobiliario que testimonian las
fotografías existentes. Pero el caso es que, para celebrar el nacimiento del
Salvador, don Sabino fue cruelmente torturado por los malvados e impíos españoles.
En vez de comer con las habituales frugalidad, humildad y modestia propias de
todos los vascos y vascas fue sometido a la terrible sevicia del menú que
sigue ...
No voy a hablar del ya muy debatido tema
del "conejo a la vicepresidenta" cuya receta facilitan en Ferraz gratis y sin
propina a todos los admiradores y beneficiarios de la Feliz Gobernación de
Zapatero.
Pero es cierto que vuelve la Navidad, preciosa
versión cristiana de la antigua fiesta pagana del solsticio de invierno,
nacimiento del sol, en la que la virtud de la Esperanza en forma de niño nace inopinadamente
entre criaturas estériles: una virgen, un anciano, un buey y una mula.
Y quizás en forma de Luz como lo hace el
sol celeste sobre el horizonte y el interior sobre la conciencia de la gente de
bien. También la Pascua
es otra fiesta astronómica, en este caso lunisolar, pues liga los movimientos
aparentes del sol y de la luna.
Y
en el presente escenario tragicómico de este corral hispánico de comedias cabe
recordar algunos de los plagios míticos de los nacionalistas vascos que adaptan
los grandes ciclos cósmicos a su particular querencia.
Aunque el español o castellano era la
lengua oficial de las Vascongadas desde tiempos remotos, y ni siquiera las
leyes forales fueron redactadas en vascuence, para el padre Astarloa (=avena
entre peñas) el eusquera era la lengua divina por la que Dios hablaba a los
hombres antes de que llegara Babel y la consiguiente confusión de lenguas.
Pero para el nuevo Mesías, el
restaurador, don Sabino Arana Goiri (=valle, =alto cercano) las fiestas de la
buena nueva del nacionalismo están también ligadas a la peripecia solar
fundamento de las antiguas religiones mistéricas. Así, la teocracia
nacionalista vasca celebra cada año el Aberri Eguna, fiesta de la Patria vasca, en recuerdo
del domingo de Resurrección del año 1882. Pues tal domingo, Euzkadi, sin
ombligo, y como una nueva Afrodita con chapela nacida del caos indiferenciado del
mar, surgía del enfebrecido magín de don Sabino mientras convaleciente de una
enfermedad paseaba con su hermano Luis, quien había regresado del colegio de
los jesuitas de La Guardia, Pontevedra .
Entonces, dentro de un proceso de
transformación industrial acelerado como el que habían vivido las Vascongadas,
con la economía rural de los viejos señoritos vascos desestabilizada y con la
inmigración de obreros de casi todas las partes de España, desarraigados y no
muy católicos, era muy fácil decir a los jóvenes que ingresaban en el
seminario: "España está corrompida y sin fe. El carlismo es un instrumento
oxidado e impotente. Sigamos el camino de Sabino. Todo para Euzkadi y Euzkadi
para Dios".
Hasta el conservador don Antonio Cánovas
del Castillo era un peligroso Luzbel para don Sabino y sus esclarecidos seguidores.
Pero el profeta de la teocracia
nacionalista vasca es dudoso que conociera demasiado la Historia comparada de
las religiones. Él mismo nos lo aclara por si había dudas: "soy poco aficionado
a leer, mucho en cambio a meditar, y más que estudiar las cosas en los autores,
me gusta estudiarlas en sí mismas, si las tengo al alcance de mi examen".
No cabe aquí pues que le ocurriera lo que a otro carlista más o menos arrepentido, pero éste muy ilustre como
el esteta marqués de Bradomín: Los
muchos libros son como los muchos desengaños: no dejan nada en el corazón.
De modo que don Sabino no tuvo empacho
para inventarse todo lo que favoreciera su buena nueva. Y su biografía, en
consonancia con la de su inventada patria, no estuvo libre de grandes
sufrimientos infringidos por los malvados españoles entre los que se
encontraban entonces ¡quién lo diría ahora! sus enemigos políticos: los
socialistas, que fueron internacionalistas proletarios e incluso, algunos,
demócratas.
Llegó la Navidad de 1895 y nuestro
profeta penaba cierta fechoría durante unas semanas en la prisión de Larrinaga
(=lugar de las eras). No tan inmunda mazmorra, por cierto, como cuentan sus
hagiógrafos según se deduce de su amplitud y mobiliario que testimonian las
fotografías existentes. Pero el caso es que, para celebrar el nacimiento del
Salvador, don Sabino fue cruelmente torturado por los malvados e impíos españoles.
En vez de comer con las habituales frugalidad, humildad y modestia propias de
todos los vascos y vascas fue sometido a la terrible sevicia del menú que
sigue:
MENÚ para don Sabino Arana en la
mazmorra de Larrinaga (Navidad de 1895)
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Entremeses
Aceitunas
Anchoas
Ostras
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Sopa de chirlas
Ensalada de alubia
Bacalao en salsa roja
Angulas
Besugo
Bermejuelas
Merluza frita
Caracoles en salsa roja
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Postres:
Compota de manzana
Pastel poudre ruso
Mazapán (Jijona y Yema)
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Vinos:
Vino de Aranburuzabala
(= punta del valle
ancho)
Txacolín blanco
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Jerez
Oporto
Chartreusse |
Café |
Realmente terrible como el paciente
lector podrá comprender: ¡qué tormento!
Obligado así nuestro héroe a consumir
alimentos y bebidas propios de maketos, esos impíos morenos semitas de origen norteafricano
del otro lado de la muga de Orduña.
Aunque sólo fuera por esta cruel tortura el odio
de don Sabino hacia España estaría plenamente justificado. En efecto, el proceso de ruptura de don
Sabino con la civilización española salió reforzado sin remedio tras este humillante
menú de Navidad y con las notables consecuencias que conocemos.
"Historía del nacionalismo vasco", Maximino García Venero, Ed. Nacional 1969, p 291
"Euzkadi, de Sabino Arana a José Antonio Aguirre", por Ramón Sierra Bustamante, Ed. Nacional 1941, p 35 y foto en p 113
También en:
Montero, Manuel. Crónicas de Bilbao y de Vizcaya. Tomo III. Vida
cotidiana en los siglos XIX y XX. Trabajo, amor, diversión, modas,
delitos, corrupción política... San Sebastián, 1997, pp. 19-21.
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