Inicio

La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

cartel 1980 300x136

 Llegó la Navidad de 1895 y nuestro profeta penaba cierta fechoría durante unas semanas en la prisión de Larrinaga (=lugar de las eras). No tan inmunda mazmorra, por cierto, como cuentan sus hagiógrafos según se deduce de su amplitud y mobiliario que testimonian las fotografías existentes. Pero el caso es que, para celebrar el nacimiento del Salvador, don Sabino fue cruelmente torturado por los malvados e impíos españoles. En vez de comer con las habituales frugalidad, humildad y modestia propias de todos los vascos y vascas fue sometido a la terrible sevicia del menú que sigue ...


No voy a hablar del ya muy debatido tema del "conejo a la vicepresidenta" cuya receta facilitan en Ferraz gratis y sin propina a todos los admiradores y beneficiarios de la Feliz Gobernación de Zapatero.

Pero es cierto que vuelve la Navidad, preciosa versión cristiana de la antigua fiesta pagana del solsticio de invierno, nacimiento del sol, en la que la virtud de la Esperanza en forma de niño nace inopinadamente entre criaturas estériles: una virgen, un anciano, un buey y una mula.

Y quizás en forma de Luz como lo hace el sol celeste sobre el horizonte y el interior sobre la conciencia de la gente de bien. También la Pascua es otra fiesta astronómica, en este caso lunisolar, pues liga los movimientos aparentes del sol y de la luna.

Y en el presente escenario tragicómico de este corral hispánico de comedias cabe recordar algunos de los plagios míticos de los nacionalistas vascos que adaptan los grandes ciclos cósmicos a su particular querencia.

Aunque el español o castellano era la lengua oficial de las Vascongadas desde tiempos remotos, y ni siquiera las leyes forales fueron redactadas en vascuence, para el padre Astarloa (=avena entre peñas) el eusquera era la lengua divina por la que Dios hablaba a los hombres antes de que llegara Babel y la consiguiente confusión de lenguas.

Pero para el nuevo Mesías, el restaurador, don Sabino Arana Goiri (=valle, =alto cercano) las fiestas de la buena nueva del nacionalismo están también ligadas a la peripecia solar fundamento de las antiguas religiones mistéricas. Así, la teocracia nacionalista vasca celebra cada año el Aberri Eguna, fiesta de la Patria vasca, en recuerdo del domingo de Resurrección del año 1882. Pues tal domingo, Euzkadi, sin ombligo, y como una nueva Afrodita con chapela nacida del caos indiferenciado del mar, surgía del enfebrecido magín de don Sabino mientras convaleciente de una enfermedad paseaba con su hermano Luis, quien había regresado del colegio de los jesuitas de La Guardia, Pontevedra .

Entonces, dentro de un proceso de transformación industrial acelerado como el que habían vivido las Vascongadas, con la economía rural de los viejos señoritos vascos desestabilizada y con la inmigración de obreros de casi todas las partes de España, desarraigados y no muy católicos, era muy fácil decir a los jóvenes que ingresaban en el seminario: "España está corrompida y sin fe. El carlismo es un instrumento oxidado e impotente. Sigamos el camino de Sabino. Todo para Euzkadi y Euzkadi para Dios".

Hasta el conservador don Antonio Cánovas del Castillo era un peligroso Luzbel para don Sabino y sus esclarecidos seguidores.

Pero el profeta de la teocracia nacionalista vasca es dudoso que conociera demasiado la Historia comparada de las religiones. Él mismo nos lo aclara por si había dudas: "soy poco aficionado a leer, mucho en cambio a meditar, y más que estudiar las cosas en los autores, me gusta estudiarlas en sí mismas, si las tengo al alcance de mi examen".

No cabe aquí pues que le ocurriera lo que a otro carlista más o menos arrepentido, pero éste muy ilustre como el esteta marqués de Bradomín: Los muchos libros son como los muchos desengaños: no dejan nada en el corazón.

De modo que don Sabino no tuvo empacho para inventarse todo lo que favoreciera su buena nueva. Y su biografía, en consonancia con la de su inventada patria, no estuvo libre de grandes sufrimientos infringidos por los malvados españoles entre los que se encontraban entonces ¡quién lo diría ahora! sus enemigos políticos: los socialistas, que fueron internacionalistas proletarios e incluso, algunos, demócratas.

Llegó la Navidad de 1895 y nuestro profeta penaba cierta fechoría durante unas semanas en la prisión de Larrinaga (=lugar de las eras). No tan inmunda mazmorra, por cierto, como cuentan sus hagiógrafos según se deduce de su amplitud y mobiliario que testimonian las fotografías existentes. Pero el caso es que, para celebrar el nacimiento del Salvador, don Sabino fue cruelmente torturado por los malvados e impíos españoles. En vez de comer con las habituales frugalidad, humildad y modestia propias de todos los vascos y vascas fue sometido a la terrible sevicia del menú que sigue:

MENÚ para don Sabino Arana en la mazmorra de Larrinaga (Navidad de 1895)

Entremeses

Aceitunas
Anchoas

Ostras

Sopa de chirlas
Ensalada de alubia
Bacalao en salsa roja
Angulas
Besugo
Bermejuelas
Merluza frita
Caracoles en salsa roja

Postres:

Compota de manzana
Pastel poudre ruso
Mazapán (Jijona y Yema)

Vinos:

Vino de Aranburuzabala
(= punta del valle ancho)
Txacolín blanco

Jerez
Oporto
Chartreusse
Café

Realmente terrible como el paciente lector podrá comprender: ¡qué tormento!
Obligado así nuestro héroe a consumir alimentos y bebidas propios de maketos, esos impíos morenos semitas de origen norteafricano del otro lado de la muga de Orduña.
Aunque sólo fuera por esta cruel tortura el odio de don Sabino hacia España estaría plenamente justificado. En efecto, el proceso de ruptura de don Sabino con la civilización española salió reforzado sin remedio tras este humillante menú de Navidad y con las notables consecuencias que conocemos.


 

Cena de Nochebuena de Sabino, el asceta "Historía del nacionalismo vasco", Maximino García Venero, Ed. Nacional 1969, p 291
"Euzkadi, de Sabino Arana a José Antonio Aguirre", por Ramón Sierra Bustamante, Ed. Nacional 1941, p 35 y foto en p 113

También en:
Montero, Manuel. Crónicas de Bilbao y de Vizcaya. Tomo III. Vida cotidiana en los siglos XIX y XX. Trabajo, amor, diversión, modas, delitos, corrupción política... San Sebastián, 1997, pp. 19-21.