... Se lo mandaban el Departamento de Educación y el patriarca gitano, la
ley civil y la ley gitana, ... El
director ... Se negó. En sus diálogos con la inspectora de la Generalitat
apeló a todo tipo de razones: morales y prácticas. Ella repetía
fijamente que lo hacía por los niños y que un mal menor es preferible a
un mal mayor. Permíteme, porque éste es el asunto central de los
chantajes: ¿hasta qué número de males menores se puede llegar sin que
se conviertan en un mal mayor? ... Diarios de Arcadi Espada, 19 de enero.
Querido J:
Verás. Debía de ser muy a principios de este último octubre, en el
Instituto Francesc Macià (así llamado en homenaje al modelo político de
don José Montilla) de Cornellà de Llobregat. El órgano correspondiente
del departamento de Educación de la Generalitat comunicaba al director
que dos niños se incorporarían de inmediato al centro. Este tipo de
anuncios son mal recibidos en los institutos: alteran la composición de
las clases y suponen siempre un problema más en lugares cargado de
problemas. Suelen protagonizarlos alumnos extranjeros y son casos
frecuentes; hasta tal punto que ya han desarrollado una etiqueta
burocrática propia: incorporación tardía. Esta vez, sin embargo, no se
trataba de una incorporación tardía convencional. El director comprobó
que los dos alumnos (un niño y una niña, primos) habían estado
matriculados desde principios de curso en otro instituto de Cornellà.
Concretamente en el Instituto Martí i Pol. Supo también que eran
gitanos. Excúsame, pero tengo que darte este detalle. Ya sabes que los
periódicos sólo utilizan la palabra gitano cuando hay que ensalzar al
gitano o cuando hay que compadecerse de él. Es decir, cuando un
violinista gitano abre una temporada musical o cuando una niña gitana
es víctima de un agresión; jamás cuando un gitano delinque. El
pensamiento correcto opina que la adhesión de una etnia a
circunstancias negativas provoca su criminalización, sin apercibirse
(porque es correcto pero no demasiado inteligente) que la adhesión de
características positivas provoca el mismo efecto, aunque llegue por un
camino curvo. En fin, es perentorio, inevitable, impuesto por el guión:
los niños eran gitanos.
El director quiso saber. Esto ya lo retrata. Un gran número de
personas en el mundo no quieren saber. Le intrigaba el traslado de
instituto a poco de comenzar el curso y también la circunstancia del
parentesco. Contaba menos para su curiosidad que fueran gitanos. No hay
que engañarse: entre los gitanos hay alumnos difíciles: es una
circunstancia que comparten con los llamados payos. La curiosidad del
director tenía un interés más o menos oculto, que era el de averiguar
si había una grieta por donde pudiera zafarse de la incorporación: los
cursos estaban ya sobrecargados, con más de treinta alumnos por aula.
Preguntando se va a Roma y allí llegó al fin el director.
Los niños tenían que cambiar de instituto porque estaban amenazados de muerte.
Imprudentemente se interesó por quién o quiénes los amenazaban y le
contestaron que otra familia gitana. Las palabras exactas fueron: una
familia rival. Encajó y siguió preguntando qué se había hecho para
protegerlos. Qué habían hechos las autoridades educativas, qué habían
hecho los asistentes sociales e incluso preguntó qué había hecho la
Policía. No había hecho falta nada de esto, zanjaron. Precisamente la
respuesta a todas la inquietudes del director la tenía él mismo. El
colegio que dirigía. La incorporación tardía. La seguridad de los niños
dependía justamente del cambio de colegio. Verás. El director fue
recorriendo pasillos y a cada recodo se encontraba con otro. La
intención del departamento fue que se detuviera antes de llegar al
final. Pero ya estaba allí y preguntó: ¿Por qué razón el instituto iba
a salvar la vida de los niños?
Verás. La clave estaba en la intervención del patriarca gitano de
Cataluña. No te puedo dar demasiados datos sobre lo que sea un
patriarca gitano. Las últimas pistas en torno al asunto son las de
María la Coneja, cuando hace poco le dijo a Gadafi que lo era, y de los
faraónicos. En cualquier caso fue la expresión que usaron. No dijeron
el llamado patriarca gitano o incluso un patriarca gitano. El
acatamiento semántico presagiaba lo peor. A continuación le explicaron
al director esta fabulosa historia. Conocedor el patriarca del odio
mutuo que maceraba en dos familias gitanas radicadas en Cornellà, de
sus amenazas y de las posibilidades de llevarlas a cabo, dispuso que la
ciudad quedara dividida por una línea; a una parte los unos y a la otra
los otros, y con prohibición expresa y tajante de que ningún miembro de
las familias incurriera en desliz. Deducirás que el antiguo instituto
de los niños estaba en la zona rival. No tengo información concreta, y
me habría gustado dártela, sobre el itinerario que sigue este muro
civilizatorio. Podría haberle preguntado al patriarca; pero la pregunta
implicaba demasiados reconocimientos de jurisdicción. He puesto los
datos que tengo en google maps. El barrio de la Fontsanta, que es donde
viven los niños; el antiguo Instituto Martí i Pol, que está en la
Avenida del Prat, y el Instituto Francesc Macià, que es donde estudian
ahora. La carretera de Esplugues, o la vía del tren pueden formar parte
con coherencia de la línea patriarcalmente trazada. Algo se oyó también
sobre la Rambla de Anselm Clavé, que separa a los dos institutos,
aunque es una línea mucho más corta y permeable.
El director se negó en redondo a aceptar el mandato. Se lo mandaban
el Departamento de Educación y el patriarca gitano, la ley civil y la
ley gitana, y no fue suficiente. Todo un carácter. El director es un
hombre curtido en la gestión. Curtido no quiere decir maleado. Se negó.
En sus diálogos con la inspectora de la Generalitat apeló a todo tipo
de razones: morales y prácticas. Ella repetía fijamente que lo hacía
por los niños y que un mal menor es preferible a un mal mayor.
Permíteme, porque éste es el asunto central de los chantajes: ¿hasta
qué número de males menores se puede llegar sin que se conviertan en un
mal mayor? El director exigió que la petición constara por escrito.
Pataleó. Supo, en su estupefacción, que no era la primera vez que el
departamento de Educación se sometía a la llamada ley gitana. ¿Escritos
quería? Se los hicieron llegar, y raudos. En Cataluña el impudor no se
detiene en la letra impresa. Le llegaron los escritos y los
requerimientos terminantes. Indignado convocó un claustro de urgencia.
Era el 10 de octubre. Quería informar al profesorado de que iba a
desobedecer la orden del departamento y que asumiría personalmente las
consecuencias. Empezaron a hablar. Hubo el que lo apoyó, pero la
mayoría se mostró dispuesta a que los niños se escolarizaran en el
instituto, haciendo constar, eso sí, que estaban enfadados. Incluso muy
enfadados. Le dijeron al director que él acabaría pagando la posición
de firmeza y le pidieron que desistiera. Desistió. Pasado el puente del
Pilar los dos niños se incorporaron al instituto.
No sé qué tal van de flamenco en el departamento de Educación. Yo
muy bien, ya lo sabes. El director tendría que haber contestado a la
petición de la inspectora con alboreás. Ese cante dulcísimo y tan bello
que describe la aplicación de la ley gitana a las núbiles inminentes, y
que gusta mucho a las mujeres relativistas.
En un prado verde tendí mi pañuelo
y salieron tres rosas como tres luceros
Sigue con salud.
En esta sencilla historia se resume el fracaso y la impotencia de la estructura burocrática del estadito para asegurar su mera existencia; su propensión a la degeneración tribal o intertribal. Su fracaso como estado antes de nacer. Sus genes raquíticos, la amniocentesis que aconseja, en este caso sin contraindicación moral, antes al contrario, su aborto definitivo. Para siempre. Las estructuras burocráticas transferidas, poseídas y corrompidas por el nacionalismo aseguran la propagación del odio étnico contra los españoles, pero no la protección, ni siquiera de los niños, frente a otros ciudadanos de etnias más respetables -menos pacíficas-, salvo a cambio de la derogación singular del ordenamiento jurídico "propio" en beneficio del ajeno: la ley gitana siempre será preferible a la ley española para cierta gentuza, no menos abundante en los territorios periféricos.
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