|
... La cuestión es si
hay o no hay motivo para este tipo de preocupaciones de las que hacen
escarnio público no sólo quienes promueven abiertamente
la fragmentación política de España en varias
supuestas naciones, sino también quienes colaboran con ellos
dando por derogado el pacto territorial de 1978 y promoviendo
estatutos de relación 'bilateral' desde 'el gobierno de
España', lo que es verdaderamente novedoso y difícil de
creer:
Dos palabras para
explicar el interés de la asociación que presido en el
libro que presentamos:
Entre los objetivos estatutarios Coruña
Liberal destacan:
Promover el reconocimiento de España como nación
histórica, nación cívica y nación
política, trasladando a la sociedad la crítica de los
nacionalismos disgregadores y de las doctrinas xenófobas que
pretenden sembrar la división y cultivar cuanto contribuya a
separar a los españoles, en lugar de reconocer y apreciar lo
mucho que nos une.
Afirmar los valores constitucionales en que se asienta nuestra
convivencia como la igualdad de todos los
españoles bajo un ordenamiento jurídico contrario
a los privilegios.
La cuestión es si
hay o no hay motivo para este tipo de preocupaciones de las que hacen
escarnio público no sólo quienes promueven abiertamente
la fragmentación política de España en varias
supuestas naciones, sino también quienes colaboran con ellos
dando por derogado el pacto territorial de 1978 y promoviendo
estatutos de relación 'bilateral' desde 'el gobierno de
España', lo que es verdaderamente novedoso y difícil de
creer:
Hace pocos días, tanto el
presidente del gobierno como el secretario de organización de
su partido se pusieron de acuerdo en contar el mismo chiste:
He pedido informes al ministerio correspondiente sobre si había
alguna grieta que hiciera temer que España se vaya a romper y
me aseguraron que no: los sismógrafos no registran ninguna
grieta ni indicio alguno de que eso vaya a pasar.
Y un público
adicto aplaudió y rió la ocurrencia.
Los sismógrafos
tampoco registraron grietas en la geografía balcánica
ni antes ni durante la fragmentación de Yugoslavia, pero se
produjo. Ya sólo falta Montenegro, esa nación
antiquísima.
Los procesos históricos
se califican y esclarecen por sus resultados: cuando está
pasando algo, cuando estamos inmersos, no sabemos lo que está
pasando, hasta que cristaliza en una situación nueva. Pero
durante el proceso todos los actores suelen colaborar a ello,
consciente o inconscientemente. Para millones de españoles se
ha reservado el papel de hacerlo inconscientemente.
La publicación
esta semana de un excelente artículo del arabista español
D. Serafín Fanjul me presta las palabras precisas para lo que
quiero decir. Alude a las consecuencias a medio plazo para otros
países europeos del apoyo a la desmembración de
Yugoslavia:
El resultado, por ahora final, es sabido, aunque la desintegración
de los nuevos estaditos en unidades cada vez más minúsculas
amenaza con convertir cada arrabal o aldea con lengua o religión
diferente en una flamante nación, con bandera, himno (y la
letra que no falte), moneda y una historia fuera de discusión
que probará, de modo irrefutable, los pertinentes hechos
diferenciales y la nula relación de tan pimpante patria con el
campanario de al lado.
Un horizonte bien conocido en España, pese a las
divergencias... // ... recordaremos que, muy poco antes de estallar
el polvorín yugoslavo con la proclamación de
independencia de Eslovenia (1991), Jordi Pujol manifestó
embelesado que su modelo de organización territorial para
España era el de Yugoslavia.
...//...
... no formulemos la banal pregunta de qué
provecho sacaron las poblaciones implicadas en semejante catástrofe;
ni tampoco nos interroguemos por un progresismo multicultural cuyo
objetivo real y definitivo consiste en la invención de
microestados de base confesional o lingüística: ¿en
qué quedamos, la convivencia armoniosa y floral entre etnias,
culturas y religiones es posible o no? Aclárense, por favor.
El libro que hoy
presentamos es una novela y un ensayo que trata de estas cosas: es
una versión española del colapso yugoslavo, discutible
en los detalles, pero plausible en el fondo.
Al hilo de los recuerdos
de un testigo de cargo en un juicio por crímenes contra la
humanidad cometidos en una de las limpiezas étnicas en las
guerra civiles de desmembración de España, se
intercalan las reflexiones del protagonista y del narrador:
por ejemplo, por qué
hubiera sido más apropiado hablar de idioma español
que de lengua castellana, como, por satisfacer a los
nacionalistas a costa del rigor, hace nuestra Constitución. Y
así muchas otras claudicaciones, todas en el mismo sentido,
que ya nos hacen presagiar, sin que alcancemos a ver más signo
en contra que la reacción creciente de los ciudadanos,
ese desenlace que tanta gracia les hace a quienes están
jugando con nuestra arquitectura constitucional con una frivolidad
inédita en nuestra Historia, como no sea el cantonalismo de la
Primera república.
|