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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

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Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

cartel 1980 300x136

banderas el 10M07Recibido al finalizar la jornada del 10 de marzo de 2007.[nota del editor de la web]
 La extraordinaria manifestación de hoy en Madrid contra la escandalosa decisión del presidente del Consejo de Su Majestad, "solo o con ayuda de otros", de liberar a un asesino nacionalista vasco, enemigo de España y de la Libertad, que se jacta de chantajear a la Nación, doblegar al gobierno e insultar a sus víctimas, constituye todo un hito singular, pese al bochornoso ninguneo de la mayoría de las televisiones.

Como también lo es incluso en la tantas veces siniestra trayectoria de socialismo español desde su fundación por Pablo Iglesias la propia decisión gubernamental que la ha provocado. Pues es la propia dignidad de España y  la entidad de los principios que hacen que una civilización sea digna de tal nombre lo que el gobierno ha menoscabado con su política.

En anteriores ocasiones históricas el PSOE ya ha utilizado el supuesto humanitarismo como pretexto hipócrita para aislar al partido conservador. Y también, otra vez, el partido socialista se ha embarcado en un proceso de demolición supuestamente "controlada" de la Monarquía constitucional.

Y es que una de las lecciones que se pueden extraer del reinado del anterior Borbón, hasta su posterior agonía y caída, que se repite también hasta ahora, es la carencia de espíritu constructivo en los debeladores de lo existente así como la falta de energía cuando no de inteligencia de sus defensores. Lección que hoy no se debe olvidar.

"Mal se queja quien se deja". No se puede decir día tras día, que tal es muy grave y luego no actuar en consecuencia. Pero lamentablemente, mientras nos vamos a cercando cada vez más al abismo, sigue el pasotismo de muchos, la eutanasia consumista. Preocupados los más como entonces se decía en lenguaje de la época de "cortar el cupón, comer el capón y deshonrar el copón".

Ojalá este 10 de marzo suponga un punto de inflexión en la necesaria toma de conciencia. 

"Un hombre, un voto" debiera ser equivalente a "un ciudadano, un voto". Cosa que aunque parece igual no es lo mismo. En España quizás nunca lo fue. Por desgracia. Pese a lo que pudiera deducirse de acontecimientos como la multitudinaria manifestación de hoy la expectativa de voto del PSOE y el resto del frente popular no ha caído como cabría esperar de sus acciones. Si las encuestas fueran fidedignas, no abundarían tanto los ciudadanos dignos de tal nombre como cabe pensar, a lo mejor demasiado ingenuamente, que existen en otros países occidentales de arraigadas tradición democrática y decencia pública. Pero ahora, desde el trágico 11M, nos encontramos en un rápido proceso de involución amparado en la demagogia y la impostura. Demagogia que es la antesala de la tiranía. E impostura, porque a diferencia de los Iglesias, Largo o Prieto, cuyo resentimiento cabría explicar por odio de clase, el partido socialista actual no está en manos de obreros o personas de extracción social humilde, sino de burgueses e hijos en su mayor parte, de altos cargos o grandes beneficiados del pasado régimen que tan ferozmente critican a toro pasado.

Malos tiempos corren cuando es preciso demostrar la evidencia, pero, aunque ya pudiera parecer superfluo a estas alturas, los tartufos españoles de la progresía aún no parecen suficientemente desenmascarados. 

Mas, ahora, se están utilizando instituciones del Estado para destruir a la  Nación a cuyo bienestar deben su razón de ser. Y nunca, tampoco, a la luz de lo que se está viendo, el terrorismo que ha perpetrado tantos atentados políticos en España, y desgraciadamente ha logrado asesinar a los presidentes Cánovas, Canalejas, Dato o Carrero Blanco había tenido un logro tan importante como llevar a Zapatero a la Moncloa.

La actual deriva destructiva del presidente del Consejo de Su Majestad, no ya solo contra la democracia sino también contra la Nación española ante el elocuente silencio de sus correligionarios, no debe inspirar mucha confianza al ciudadano de bien, independientemente de sus convicciones políticas.

El aparato del Estado en manos del PSOE y de sus aliados está actuando contra la Nación. 

Esto explica el enorme éxito de manifestaciones como las de hoy, anómalas o superfluas en el contexto europeo. Pero que no debieran ser nube pasajera de primavera. España no se va a rendir pese a los intentos del PSOE y de sus aliados. Quizás de la grave crisis política actual pueda renacer una Nación más fuerte y noble.

De lo ocurrido hoy debería tomar nota no solo el gobierno y su presidente. Toda persona lúcida y bien intencionada, y con más motivo cuanta más autoridad tenga, tendrá que preguntarse ¿qué he hecho yo para evitar lo que está pasando?.

Tras una manifestación tan enorme como la de hoy en la que la ciudadanía ha exigido dignidad y  libertad, si el presidente del gobierno tuviera un mínimo de bonhomía y talante democrático debería dimitir. Pero tal no ocurrirá. Porque en ese caso tampoco haría lo que está haciendo, "solo o con ayuda de otros".  

El PP es hoy por hoy la única fuerza política organizada que puede hacer frente a los enemigos de España y canalizar las esperanzas de los ciudadanos con éxito. Ello representa una grave responsabilidad para sus actuales dirigentes y militantes. Lo que no deben olvidar a la hora de la coherencia. En especial, para los que coquetean en demasía con las taifas autonómicas que han resultado ser más parte del problema que de su solución.

El PP haría bien en atender y valorar las ideas de las asociaciones cívicas que le sirven de acicate y de eficaz estímulo contra la indolencia, la autosatisfacción y el ombliguismo endogámico.

Quizás, cuando pase esta tremenda crisis y se puedan evaluar los daños en toda su dimensión, se llegue a la conclusión que el sistema político español debe ser reformado en profundidad para hacer imposible que pueda repetirse que una nueva alianza entre el PSOE y los separatistas nos ponga de nuevo en peligro de destrucción. Pero mientras tal cosa sucede es preciso aprovechar los cauces que existen.

Ojalá todo esto no se olvide en la etapa electoral que viene cuando los aventajados discípulos del sectario Iglesias intenten abonar sus narcotizados barbechos electorales con la demagogia, el fanatismo, la codicia y la hipocresía.  

Bienvenida sea la reacción ciudadana expresada hoy. En efecto, ya es hora que la politeia, esa ciudad de auténticos ciudadanos que definió Aristóteles y soñó Cervantes deje de estar deshabitada entre nosotros.