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Discurso al finalizar la manifestación del 10 de marzo de 2007:
Gracias a todos por venir, y por pensar que este esfuerzo merecía la pena.
Gracias por creer que las cosas no se arreglan solas, que sois
necesarios y que España es responsabilidad de todos y de cada uno de
nosotros. Nos ha movilizado la torpeza de un Gobierno que se ha dejado
coaccionar por un asesino y ha cedido. Nos ha traído aquí la injusticia
cometida contra todos los españoles con un terrorista que no pide
perdón, que no se arrepiente, que nos desprecia y, para colmo, se ríe
de nosotros con sus parodias de hospital.
Nos ha traído aquí la falta de gallardía de un Gobierno que
pretende disfrazar la humillación con razones de política inteligente y
la indignidad con excusas humanitarias. Hemos venido para proclamar que
la mayoría de los españoles no estamos conformes; para que nadie pueda
beneficiarse de nuestro silencio; para que nadie cuente con nuestra
resignación. Hemos venido a decir NO a esa burla de la ambulancia y NO
a todo lo que se oculta tras esta claudicación.
Porque este gesto ha desenmascarado todos los disimulos. Ha dejado
todas las intenciones a la vista. Ya no es posible ocultar lo que
resulta evidente. Ahora sabemos por qué se nos humilla ante los
terroristas; por qué el Gobierno es tan complaciente con sus
portavoces; por qué Batasuna que es ilegal recibe mejor trato que
quienes respetamos las leyes. Ahora sabemos por qué había que retorcer
las normas, trampear los procedimientos y engañar a los españoles para
excarcelar a un terrorista insaciable.
Son compromisos previos, son exigencias que los terroristas
imponen para que el Gobierno demuestre su buena voluntad hacia ellos.
Es el peaje que paga el Gobierno para poder negociar. Se ha pretendido
embaucarnos con el pretexto de una paz engañosa. Esa paz que lleva
escrita en el rostro De Juana Chaos. La paz de Otegui. La paz de los
canallas que colocaron la bomba en Barajas.
ETA no nos dejará en paz. No se arrepiente de nada. No renuncia a
nada. Quiere Navarra, quiere la amnistía, quiere la independencia.
Nunca se conformará con menos. Mientras se le consienta, seguirá y
seguirá hasta lograr su propósito, hasta que renunciemos a la razón, a
la justicia, a la dignidad, en definitiva, hasta que nos rindamos.
Tampoco renunciará jamás a su capacidad de coacción, de chantaje, de
intimidación.
Todo esto lo sabe el Gobierno. Pese a ello, siendo evidente que
ETA no pensaba dejar las armas, buscó su trato. Siendo evidente que ETA
pretendía obtener con el alto el fuego los mismos beneficios
que reclamaba con las armas, buscó su trato. Siendo evidente que ETA se
reservaba el derecho de dialogar con bombas, buscó su trato.
Un trato delirante porque pretender que los criminales se
apacigüen mediante concesiones es tan absurdo como apagar un incendio
con leña. Cuanto más echemos, más nos pedirá. Cuanto más obtengan, más
querrán. No se detendrán hasta obtener todo lo que piden.
ETA no quiere la paz. Busca la victoria. Ha descubierto un Gobierno débil y quiere aprovechar la ocasión.
Quien cede una vez ante ellos se condena a seguir cediendo o a
tener que combatirlos cuando sea demasiado tarde. Por eso es preferible
tener el coraje de hacerles frente desde el principio, sin debilitar
nuestra fuerza, sin fortalecer al principal enemigo de nuestra libertad.
El Gobierno está cogido en una trampa en la que él mismo se ha
metido y de la que no sabe salir. Por eso se asusta cuando un
terrorista no come. Y se asusta cuando se le piden explicaciones. Y se
asusta cuando los españoles sacamos nuestra indignación, serena y
democrática, a la calle.
Se ha equivocado. Está en un callejón sin salida y debe
rectificar, pero no se atreve porque lo que más le asusta es tener que
reconocer su error. Millones de personas le han pedido en la calle que
rectifique, pero no hace caso. Le hemos tendido la mano muchas veces y
se nos ha rechazado siempre. Hemos querido ayudar y se ha despreciado
nuestra ayuda.
Por eso estamos aquí. Es hora de que los españoles hablen. Tenemos
que impedir que las cosas continúen por este camino delirante.
Necesitamos una política antiterrorista seria. Una política diseñada
para perseguir a los terroristas, no para poner zancadillas a los
españoles que no aplauden al Gobierno.
Quiero que este acto quede como testimonio de un pueblo que sabe
que sólo siendo fiel a sus valores podrá construir el mejor futuro. De
un pueblo que sabe que entre el terrorismo y la democracia no hay
caminos de encuentro y que uno de los dos debe prevalecer a costa del
otro. Y que, desde luego, quiere que prevalezca la democracia. De un
pueblo que no quiere tener que contar un día que el terrorismo ganó una
batalla en su país.
Este es un acto de afirmación y de esperanza. De afirmación de lo
que nos une a todos los que aquí estamos y a muchos que no han podido
estar: la democracia, la convivencia pacífica, el aislamiento de los
violentos, las ganas de construir juntos el futuro. Todo el mundo sabe
que hay otra manera de hacer las cosas, más digna, más justa, más
eficaz. Hemos conocido mejores días en la lucha contra el terror.
Queremos recuperar la España que no se rendía ante los
terroristas, que no se humillaba ante el chantaje, que no premiaba a
los asesinos, que no menospreciaba a las víctimas. La España que
consiguió que ETA no matara porque no podía matar, porque la estábamos
derrotando. La España que acabó con el terrorismo callejero. ¡Claro que
hay otra manera de hacer las cosas! Y tenemos derecho a reclamarla.
Queremos que la democracia gane y que ETA pierda.
Queremos que Batasuna desaparezca de nuestras calles, de nuestros
telediarios y que ni sueñe con volver a los ayuntamientos. Queremos que
los terroristas sepan que no tienen nada que reclamarnos, que su único
destino es la cárcel y que nosotros todavía sabemos distinguir con
nitidez quiénes son las personas decentes y quiénes son los
indeseables. Los distinguimos muy bien. Por eso no nos olvidamos de las
víctimas. A nosotros no nos estorban. Al contrario:
Son el mejor estandarte de nuestros valores; el testimonio vivo
de nuestra fe en la democracia; representan el precio que hemos pagado
por nuestra libertad; expresan nuestra respuesta al terrorismo; hacen
saber que, ni con uno ni con mil muertos, logrará nadie doblegar
nuestros principios. Dos personas, entre tantas otras que permanecen en
nuestro recuerdo, simbolizan de forma eminente la voluntad de este
pueblo de decir que NO al chantaje y al terror.
Una de ellas, Miguel Ángel Blanco, no puede estar hoy con
nosotros. Pero aún esta plaza de Colón se estremece con el recuerdo del
grito de más de un millón de gargantas que clamaron "¡Basta ya!" tras
su cruel asesinato. Y aún nos estremece a todos el coraje cívico de sus
familiares ofreciendo su sacrificio por la derrota final del
terrorismo. La otra persona, José Antonio Ortega Lara, sí está hoy
entre nosotros y su ejemplo de valor y sacrificio siguen siendo el
mejor estímulo para la resistencia cívica de un pueblo.
El mejor camino para honrar a las víctimas es que volvamos a hacer
las cosas como se hacían cuando se hacían bien. Las flores y los
aplausos nunca sobran, pero como de verdad se les honra es defendiendo
la razón que da sentido a su muerte. Se les honra defendiendo las ideas
que sus asesinos condenan. Se les honra persiguiendo a sus
perseguidores. Se les honra haciendo justicia. Nosotros les haremos
justicia. Esto es lo que queremos y esto es lo que nos ha traído aquí:
que el Gobierno rectifique, que se imponga la razón, que se aplique la
ley y que sea el Gobierno el primero en respetarla.
No se si se nos escuchará o nos responderán con la arrogancia
habitual , pero esta es nuestra posición y a ella convocamos a los
españoles. Esta es nuestra tarea. Un empeño que está por encima de
diferencias ideológicas; por encima de partidos, por encima de
rivalidades políticas, porque afecta al interés común. Una tarea que
exige el esfuerzo de todos y merece el apoyo de todos. Porque no
estamos hablando solamente del terrorismo. Ni siquiera principalmente.
Estamos hablando de España, que es lo que nos ocultan detrás de eso que
llaman negociaciones.
¿Con quién discute el Gobierno el futuro de Navarra, del País
Vasco, de España? ¿Con los Navarros? No. ¿Con los españoles? No. ¡Lo
discute con Batasuna, a escondidas, en secreto! ¿Con qué derecho? No lo
vamos a consentir. España nos pertenece a todos y nadie tiene derecho a
modificarla para dar gusto a ETA. No lo vamos a consentir.
Hasta hace tres años, esto era impensable porque las cosas
importantes para todos los españoles estaban amparadas por un consenso.
Esas cosas no se tocaban. Ese consenso que el señor Rodríguez Zapatero
se apresuró a quebrar para tener las manos libres. Necesitamos
recuperar el consenso. Si no es posible alcanzarlo con el Gobierno yo
quiero establecerlo con la gente, con los españoles. En ese espíritu,
convoco solemnemente a todos los españoles, a los que les importe
España a poner fin a esta situación. Les convoco a defender la nación
española y a sumar esfuerzos para recuperar nuestra autoestima como un
pueblo que ha sabido dar ejemplo al mundo con su entereza frente al
terrorismo.
Si alguien piensa que esta es una empresa que requiere mucho
esfuerzo y mucha constancia y mucha voluntad, piensa bien. Pero si
alguien piensa que vamos a cansarnos, se equivoca. Se equivoca de medio
a medio y basta con venir aquí para comprobarlo.
Somos una voluntad en marcha. No nos vamos a resignar. No nos
cansaremos de combatir por nuestros principios. No renunciaremos a
conquistar lo que es justo. No nos rendiremos jamás. Volved a vuestras
casas y contad a todo el mundo lo que ha pasado aquí, lo que habéis
hecho, lo que habéis sentido. Que os vean en pie, con la cabeza alta y
fuertes como yunques. Orgullosos de ser españoles que no se resignan.
Decid que estamos reclamando una deuda que el Gobierno quiere
cancelar. Decid que reclamamos la libertad que nos han robado y que
solamente podremos recuperar cuando se haga justicia, cuando podamos
respirar hondo, cuando los terroristas no ejerzan ninguna influencia en
nuestra vida, cuando ETA sea derrotada y desaparezca.
Este es nuestro empeño, esto es posible y esto, con la ayuda de
todos, lo haremos realidad. Gracias otra vez por vuestra presencia, por
vuestro calor y por vuestro gran ejemplo de civismo.
Y ahora, si todavía no estáis roncos, gritad conmigo:
¡Viva la libertad!
¡Viva España!
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