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Se suele decir que los Borbones ni
olvidan ni aprenden. Si los demócratas españoles esperábamos alguna
intervención tranquilizadora del Jefe del Estado que se dignara indicarnos que
no está de acuerdo con que el jefe de su Consejo de ministros y demás
colaboradores usen el aparato del estado, del que ostenta la jefatura máxima,
para desmantelar desde dentro la constitución de 1978, y lo que es peor, atacar
a la propia Nación española, ahora ya se ha producido aunque en sentido opuesto
al deseable y esperado.
O no sabemos interpretarle bien, (ojalá
fuese eso), o en sus recientes declaraciones el Jefe del Estado parece avalar de
algún modo las trampas y desatinos de ZP, Cándido y demás familia. Hay que
intentarlo. En efecto, lo "intentaron" en la T4 y ahora siguen "intentándolo" unos, amenazando
con más atentados o poniendo en ridículo las instituciones y otros, entrenándose
como corresponde a su acreditada naturaleza de "valientes gudaris" partiendo la
cara a concejalas del PP en el País Vasco o quemando sedes de la oposición en
otros lugares en un intento de extender la vacatio legis vascongada al
resto de España.
El Jefe del Estado, que juró lealtad al
general Franco y a los Principios del Movimiento y demás Leyes fundamentales
antes de promover el actual sistema constitucional en sus antípodas políticas,
quizás tenga la tentación de optar dentro de la tradición histórica borbónica
española por el sanchopancesco: ¡qué vengan leyes y
vengan ollas!
Y
que, visto lo visto, cabe pensar que es posible cambiar de regímenes políticos como
se cambia de yate, de corbata o de escopeta y seguir reinando.
Pero si los liberales españoles han venido
tragando a lo largo de la historia del siglo XIX español con toda clase de
desatinos y felonías de sus antepasados, demostrando una paciencia digna de
mejor causa, no estaría de más recordar cómo se las gastaron los socialistas,
separatistas y similares con otro Jefe de Estado que borboneaba que daba gusto.
Me refiero al pobre D. Niceto Alcalá Zamora más conocido como "el Botines" y
primer presidente de la segunda República española hasta 1936. En efecto, don
Niceto se dedicó a "hacer la cama" a la derecha y centro derecha, vetando la
entrada de Gil Robles, líder de la
CEDA, partido entonces más votado, en el gobierno republicano
y favoreciendo torticeramente a las izquierdas socialistas, comunistas y
azañistas del Frente Popular hasta que éstas, una vez conseguido un éxito electoral
suficiente, le dieron la patada en salva sea la parte, y fue depuesto y
sustituido por un candidato más conveniente, (el mismo Azaña), para su intención
de ocupar por completo y sin mayores cortapisas legales el Poder.
Bien es verdad que no parece que, como ocurriera
cierto ya remoto 12 de abril, un resultado electoral favorable en las
municipales del próximo día 27 de mayo dé lugar a que las izquierdas vayan a
proclamar una latente tercera república, ahora "confederal" como correspondería
al fantasmagórico nuevo régimen plurinacional en ciernes. Quizás aún sea
prematuro, aunque en ello están.
Pero quizás tampoco haya que descartar el
que, más pronto que tarde si la situación continúa degradándose, pueda repetirse
la historia de su abuelo Alfonso, y que, llegado el momento, la gente esté ya
tan harta que nadie defienda a una Corona devenida impotente para defender a la
Nación y a la Constitución. ¿Quién será entonces el Romanones de turno e igual
servicio?
Pero, más allá de las lecciones de la
Historia, existe una pregunta lógica, metafísica o teórica que cabe hacerse:
¿Acaso se puede ser Rey de España si España
desaparece?
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