Por qué Zapatero debería dimitir PDF Imprimir E-mail
Escrito por José Antonio   
Miércoles, 06 de Junio de 2007 19:54

El comunicado de ruptura de la tregua sólo ha confirmado que no había «proceso de paz» alguno, sino un rearme del terrorismo que el Gobierno no ha combatido. ... El artículo en ABC

 

En marzo del 2004 podía albergarse alguna esperanza de que ETA, entonces cerca del fin, aceptara desarmarse a cambio de beneficios para sus presos y de la legalización de Batasuna, pero pronto fue evidente, para quien quisiera verlo, que tal intención, si existió, dejó paso enseguida a la estrategia de explotar un «proceso de paz» basado en fórmulas rancias, erróneas y fracasadas -las tesis de Eguiguren-, y convertido en oportuna tapadera de un renacimiento operado bajo las mismas narices de las instituciones encargadas de evitarlo. Los terroristas recuperaron la iniciativa gracias a la decisión de Zapatero de marginar a la oposición para monopolizar el presunto éxito de la negociación, y ha sido así, aunque parezca increíble, como ETA ha logrado concesiones estratégicas sin comprometerse a nada por su parte. Al contrario, iremos asistiendo a la revelación de los compromisos de los enviados gubernamentales, más imprudentes que incumplidos, que los terroristas esgrimirán para justificar los próximos asesinatos: de la legalización total de Batasuna a la admisión de la autodeterminación bajo «fórmulas imaginativas», pasando por la mesa de partidos.
Todo indica que el inestimable regreso a las instituciones vascas y navarras mediante la marca ANV es el último éxito que ha animado a ETA a romper sus débiles compromisos de inactividad. ¿Cómo resistirse a la tentación cuando el propio fiscal general califica de «Guantánamo electoral» el rechazo de algunas listas electorales llenas de etarras? La responsabilidad penal es y será de los terroristas, pero la responsabilidad política de haber permitido su rearme es de Zapatero y de su gobierno.
Vuelven los viejos y siniestros tiempos del terrorismo combinado con la presencia impune de su brazo político en las instituciones. El problema es este: ¿podemos confiar en que Zapatero será ahora capaz de perseguir a ETA en todas sus formas, ANV incluida, en que logrará recomponer el consenso con la oposición, en que impulsará el cumplimiento exigente de la legalidad, en que volverá al espíritu del Pacto Antiterrorista? La respuesta es obvia: no, porque ha venido haciendo lo contrario. Si ayer calificaba de «equivocación» el comunicado etarra, en la misma línea de retorsión semántica con la que banalizó, llamándolo «accidente», el atentado de la T-4 que costó la vida a Estacio y Palate, es inútil esperar nada del presidente del Gobierno.
¿Unidad de las fuerzas democráticas contra ETA, movilización de la sociedad civil, apoyo a los colectivos más amenazados, con independencia de siglas o simpatías? Sin duda alguna, pero será imposible con Zapatero. Ha deshecho una política que a punto estuvo de triunfar, y que nos costará sangre y lágrimas rehacer. En fin: todos le estaremos agradecidos, señor presidente, si al menos dimite y deja el puesto a alguien con alguna credibilidad y decidido a terminar con ETA usando la ley, en vez de con bricolaje constitucional chapucero o absurdas adaptaciones de la teoría de juegos.
 
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