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Con el lenguaje. No es sólo que
Rubalcaba, en su papel, haya hablado de 'enfrentamiento' para describir una escena
en la que unos se enfrentan a la espalda de otros, o tiroteo, que
alude a enfrentamiento a tiros y reparte semánticamente la
causalidad, para aludir a un suceso en que sólo disparan unos
contra la espalda de otros, pero no otros contra unos, o que hable de 'caso
fortuito' -suceso imprevisible e inevitable- para aludir a un doble
asesinato, o suceso circunstancial, con la consiguiente división y atenuación de la responsabilidad (entre Eta y su circunstancia), ...
Es que todos hablan de comando,
en lugar de cuadrilla. ¿Por qué conferir a los asesinos
la dignidad militar que ya se atribuyen ellos?
Todos incorporan hallazgos kulturales
originalísimos, como 'zulo' en lugar de escondrijo, con o sin
alijo, ...
Estos días hemos podido oír
en la radio a un representante de la Asociación Unificada de
la Guardia Civil, probablemente una excrecencia de la UGT para el
control gubernamental del sindicalismo que trata de minar ese cuerpo,
hablar de 'lucha armada' para describir la noble actividad de los
asesinos de sus compañeros.
La primera bomba de Eta ha sido su pequeño, pobre y estúpido diccionario. Y nosotros lo hemos adosado a los bajos de nuestro débil intelecto para hacerla estallar cada vez que, con precipitación y superficialidad, nuestros periodistas publicitan la actividad de la banda.
El lenguaje. Una derrota cotidiana e
innumerable. Y la prueba de uno de las mayores quiebras de nuestro
tiempo: el embotamiento del filo de la razón para distinguir
el bien del mal, y la grosera e injusta confusión que de ello
resulta, trasladada a la opinión pública, y finalmente,
a la escuela, en los libros de texto.
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