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El polémico investigador y
escritor Pío Moa ha estado en la Fundación Caixa
Galicia de La Coruña quien generosamente ha cedido el moderno
Salón de Actos de su sede para disertar sobre "Guerra civil,
franquismo y democracia". Un tema muy amplio y ambicioso como se
puede ver, quizás demasiado, sobre el que no voy a incidir
ahora.
Pero sí quiero comentar algunos
de los aspectos que rodearon el acto que me parecen muy interesantes
tanto por lo que esconden como por lo que revelan.
Hubo lleno y también especiales
medidas de seguridad. La Caixa de Galicia no se arredró en su
meritoria labor de mecenazgo y amparó la libertad de expresión
del conferenciante y asistentes al acto, cosa especialmente meritoria
en los tiempos que corren en España en general y en la Galicia
bicéfala en particular. Y esta es una primera cuestión:
que la salud actual de la sociedad civil en España es mala si, como en los viejos tiempos de Quevedo, "cuando no
reina la justicia es gran peligro tener razón". O razones. Y
hay que resaltar que dejen hablar a la gente que defiende otras
posturas ajenas a las gubernamentales.
La libertad de expresión, como
todo el sistema constitucional en su conjunto, se encuentra
gravemente amenazado ahora, igual que durante la segunda República,
no ya por las fuerzas supuestamente extramuros del sistema: las
bombas anarquistas las ponen ahora ciertos nacionalistas vascos, sino
lo que casi es peor por las fuerzas parlamentarias remedo del
lamentable y viejo frente popular, socialistas, separatistas y
comunistas que deberían defenderlo.
Pío Moa estuvo bien. Y no sólo
por lo que dijo, el tema ya se ha indicado que era muy amplio, sino
por el cómo lo dijo. Ofreciendo una vez más una lección
de serenidad, firmeza, contundencia y saber estar. Intentó,
con éxito, aplicar la eléntica, primera fase del método
socrático para relativizar y ridiculizar al enemigo que no
leal oponente aprovechando su propio impulso, pero quizás la
segunda fase o mayéutica no pudo dar más de sí
puesto que lo único que se puede sacar de las turbas que le
suelen acosar en sus conferencias y en ésta también,
fue ignorancia, fanatismo e hipocresía.
No obstante, intentó razonar
con algunos de los socialistas presentes, los que se comportaron
educadamente, y demostró que conoce el arte de la esgrima
cuando paró alguna que otra de sus estocadas, contraatacando a
continuación con sus mismas armas, es decir con la referencia
al GAL socialista en el caso de cierta pregunta acerca de su eventual
arrepentimiento de su antiguo pasado terrorista.
Una reflexión fundamental, que
conviene recordar una y otra vez, es la de la falta de una continuada
tradición intelectual liberal y democrática como una de
las causas de nuestros males históricos. En este aspecto y por
su modesta pero decidida contribución a fomentarla en la
medida de sus posibilidades, mis felicitaciones a Coruña
Liberal.
Y por habernos ofrecido esta
oportunidad de contrarrestar por unos minutos la feroz campaña
de propaganda gubernamental, mi gratitud y apoyo al valiente
conferenciante en sus denuncias de la impostura de las falsamente
democráticas zurdas españolas, (Antonio Machado las
calificaba de "repugnantes"), que, si nadie lo remedia, llevan
camino de llevar a España otra vez al borde del desastre.
Sarastro
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