Inicio

La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

 

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

 

Y sin embargo se mueve

 

Una amable lectora me reprochaba en un artículo anterior que calificase de “contradictoria” a la II República española, anunciándome de paso que si todo marchaba como debía, la instauración de la III República vendría mas pronto que tarde de la mano de una segunda legislatura del PSOE. Puede ser, no seré yo quien dude de las filias y fobias de Zapatero, si algo hemos de reconocerle es que muestra bien a las claras por donde caminan sus querencias en cada ocasión. ...

Si además, eso es lo que en el futuro desea democráticamente la mayoría de los españoles, bienvenido será.

Claro que hay algo que no termina de casarme. Si por república se entiende un sistema de gobierno similar al imperante en Francia, Portugal, Italia o Alemania, la verdad, no veo mayor inconveniente que el que se le pueda causar a la casa de Borbón, amén de las conocidas desarticulaciones y desavenencias que a menudo ocurren en estos países entre el presidente de la república y el jefe del ejecutivo, cuando, como suele suceder, pertenecen a formaciones políticas distintas.

Pero por aquí no observo nada de eso, sino una clara identificación de sus promotores con los gobiernos del Frente Popular y la España convulsa de aquellos años de sangre, esto es, un episodio más de la celebérrima memoria histórica. Cada acto, fiesta, manifestación o gesto a favor de la instauración republicana parece convertirse en un viaje sentimental al pasado. En torno al pendón de la franja morada se entonan, puño en alto, sentidos loores a aquellos líderes de la izquierda que vivían atrapados entre los resabios de su educación burguesa y los empujones de la revolución. Por si aquello fuera poco, entonces, como hoy, los líderes del socialismo y de la izquierda republicana, malvivían cautivos de las veleidades de los nacionalismos periféricos. También entonces, como hoy, les concedían prebendas y estatutos, pero sin permitirles marcharse del todo, craso error, fuente general de injusticias y agravios para con la parte menos reivindicativa del país y fomento permanente del atosigante irredentismo nacionalista.

Pocos de nuestros esforzados memorialistas se ocuparán de recordarlo, pero si Patxi López y Zapatero semejan pastelear en exceso con los que hasta hace nada se ocupaban de aclarar las filas de su propio partido a base de liquidar militantes, ¿qué diríamos del bonancible Indalecio Prieto, campeón del internacionalismo obrero, subido a una tribuna del PNV entonando a voz en grito “El árbol de Guernica” junto a José Antonio Aguirre, casi a la vez que Lluis Companys, llevado tal vez por sus propios excesos retóricos y la presión de la Ezquerra, proclamaba en Barcelona la República Catalana dentro de una llamada “República Federal de España? ¿No es, acaso, todo esto suficientemente contradictorio y punto ininteligible? Pues a eso me refería.

Cualquiera que tenga curiosidad por ver en qué paran estos actos protorepublicanos, comprobará que acostumbran a iniciarse con himnos inocentes y pacíficos tales como “A las barricadas” o “La Internacional”, seguidos de discursos patrióticos laudatorios de políticos más bien asilvestrados y nada democráticos; Largo Caballero que siempre quiso ser bolchevique, suele ser el más mentado. Así que, supongo, para cuando se entona como colofón el himno de Riego, el rendido público asistente abandonará el acto imbuido de claro fervor revolucionario. A mi no me importa, cada uno se entretiene como quiere y como puede, la única duda que me asalta es saber si algún día estos extraños acólitos del republicanismo histórico, ecológico, nacionalista y revolucionario, decidirán pasar de sus salmodias y cánticos puño en alto a la acción directa. Dicho de otra manera, ¿Y si algún día deciden redimirnos a todos? ¿Volveremos entonces a contemplar colgando de los sorprendidos vanos de la Puerta de Alcalá, los espléndidos y coloristas cartelones con las efigies de los líderes de la más obsoleta y fracasada de las ideologías? ¿Es realmente eso lo que se busca?