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En la sección de cartas al director de la edición digital de
La Voz de Galicia
se publicó el 14 de enero la siguiente:
Acabo de leer el libro de Pío Moa "Años de hierro", que, a mi juicio, confirma
que es el mejor historiador español del presente, y lo digo por tres razones:
1) analiza los datos mucho más en profundidad de lo que es habitual en los
historiadores corrientes;
2) presenta aquellos tiempos con una visión de conjunto que
combina muchos más factores de los que nos ofrecen otros estudios, desde la
represión o el hambre hasta la vida cotidiana, la cultura o una original, pero
seria, síntesis de la guerra mundial; 3) Moa escribe muy bien y leerle es una
delicia. No sé por qué, la mayoría de los libros de historia están bastante mal
escritos y hacen aburridos los temas que deberían ser más interesantes. Me
parece de justicia señalar estas cosas y le agradecería la publicación de esta
carta
Teresa Buitrago López
En la misma sección se publicó el día 18 la siguiente, firmada
por Luís Gundín Pérez:
Sobre el juicio entusiasta de la señora Teresa Buitrago sobre el libro de Pío
Moa "Años de Hierro", tres puntualizaciones:
1. Pío Moa no tiene el título de historiador
2. Es un personaje neofranquista que solo cuenta mentiras
3. Por eso ni lo he leído ni pienso leerlo, y me parece muy mal que se le haga
propaganda.
Un cordial saludo
El día 19 esta asociación envió a la redacción de La Voz, la siguiente carta, sin
que haya merecido aparecer en la misma sección de la publicación digital:
En una carta anterior, Dª Teresa Buitrago expresaba su aprecio por la
obra de D. Pío Moa «Años de hierro. España en la posguerra 1939-1945»
después de haberla leído. Insisto en este punto: después de haberla leído.
Ayer, D. Luis Gundín, alardeando de no haber leído obra alguna del Sr. Moa ni
pensar en hacerlo, publica unas «puntualizaciones» a dicha carta: que «Pío Moa
no tiene el título de historiador», que «es un personaje neofranquista que solo
cuenta mentiras» y que «le parece muy mal que se le haga propaganda».
Aunque Reig Tapia haya juntado quinientas páginas glosando al Sr. Gundín,
corresponde a éste el mérito extraordinario de resumir en su admirable carta
todo lo que, tanto la historiografía progresista como la ignorancia
progresista -separadas sólo por la erudición o el conocimiento inútil, como
diría Revel- tienen que decir contra Pío Moa.
También es admirable la economía de medios con la que se despacha un libro de
700 págs. o toda la obra de un autor sin necesidad de leer una sola línea. Y no
lo es menos el rendimiento, los resultados, de una actividad tan eficiente: la
propuesta de profilaxis intelectual (censura) en el mejor de los casos. Otros
hay que, con los mismos argumentos proponen la persecución penal o,
directamente, pasan a la acción. Eso sí, en nombre de su elevado concepto de la
democracia, previa calificación de la víctima como «neofranquista», sambenito
que ampara si no exige la muerte civil.
Por limitaciones del medio no podemos desarrollar todas las líneas de discusión
que surgen de la fecunda carta del Sr. Gundín. Nos limitaremos a una:
Tucídides, Heródoto o Jenofonte -que nos dejó el relato de la gesta de Leónidas
en las Termópilas-, Tácito o Tito Livio tampoco tuvieron el «título de
historiador». Citando a la víctima, «no existe el título de historiador,
como no existe el de filósofo, novelista, poeta, etc. El licenciado, doctor o
profesor de historia, sin más, difiere tanto del historiador como el licenciado
o doctor en filosofía difiere del filósofo, o el licenciado, etc. en filología
del novelista o del poeta ... el historiador, como el novelista, etc., puede
ser bueno, malo o regular, lo cual no depende de sus títulos, sino del valor de
sus trabajos».
Pero eso, Sr. Gundín, no es posible saberlo sin leer (algo). Beatus qui legit.
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