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Los personajes que han cambiado el
grial por la estrella invertida del diablo, el llamado BNG, grupo de
antiliberales, galleguistas y comunistas recauchutados, aliado del
gobierno del socialismo oportunista de comunistas revenidos y
ganapanes que pastorean Galicia, se ha quitado una de sus máscaras
que trataba de encubrir su verdadera faz totalitaria, despótica
y canalla. Pese a estar en un gobierno o gobiernillo de un país
o región occidental, se han negado a condenar el holocausto.
Uniéndose así a los nazis
históricos, los terroristas de Ben Laden, los etarras, los
sabinianos y a esa peculiar alianza de contra civilizaciones que
asocia en su indigencia moral, fanatismo y barbarie a lo peorcito de
cada nación y de la Humanidad.
Para conocer las verdaderas intenciones
liberales y democráticas de muchos grupos políticos no
hay sino preguntar qué opinan sobre los "EEUU", los
"judíos" o la "Masonería". Aquí, en
Galicia, se puede completar con el test "Castilla". El desertor
del fonendoscopio, el fanático Castelao, uno de los padres de
la fingida patria gallega, oía hablar de Castilla "ese
islote de hombres libres en la Europa feudal" como lo llamaba don
Claudio el historiador y ministro republicano, que no rojo, y le daba
el ataque diabólico. Pobrecito. Para llevarlo a exorcizar al
Corpiño.
Si la aversión a Castilla (y
todo lo que ella históricamente significa de homenaje a la
Libertad) es una consecuencia del resentimiento y del complejo de
inferioridad de ciertos gallegos, su crítica al judaísmo
es en extremo pintoresca pues probablemente uno de los pueblos no
indígenas más importante de su pasado sea precisamente
el judío. Y a un judío le debe Galicia su primera
industria regional de la que han vivido generaciones y generaciones
antes que el emprendedor Ortega le diera por fundar INDITEX. Me
refiero a Santiago, quien tuvo la ocurrencia de venirse hasta aquí
en una patera guiada por dos ángeles para ser enterrado.
Y la sede compostelana estuvo muy
relacionada con el judaísmo. El propio obispo Gelmírez
durante la revuelta en la que se vio acosado junto con la reina doña
Urraca salvó la vida al refugiarse en casa de un tal Maurino
judío comerciante de paños. Sin embargo, los burgueses
compostelanos en los que había muchos judíos no
simpatizaban con el obispado. Las calles Francas o Novas como la
compostelana del Franco donde hoy se sablea a los guiris más
desprevenidos solían ser las partes de las ciudades en que
vivían los judíos.
En general, las luchas del "común"
con los poderes tradicionales de nobles y obispos son frecuentes
tanto en Galicia como en el resto de España. En el movimiento
"democrático" que vigorizó la vida municipal
medieval participaron muchos judíos.
Si hacemos caso a José Ramón
Onega en su monumental ensayo "Los judíos en el reino de
Galicia" la presencia judía en Galicia era muy antigua,
siendo en general tolerada y protegida o al menos no perseguida.
Onega resalta el apoyo judío a
los movimientos independentistas medievales. "Se acusó a los
hebreos de que siempre se hallaban dispuestos a pactar con los
enemigos de un Estado si éste se mostraba débil,
sumándose a los vencedores ocasionales. Con frecuencia se les
echaba en cara la traición y la venganza, cuando no la
deslealtad y la felonía hacia los Estados que les acogían.
a los judíos gallegos tal vez les interesaba un reino
independiente y separado de los demás peninsulares, por
razones de seguridad"
Y según Barreiro Fernández
"la burguesía (gallega) estaba en gran parte constituida por
inmigrantes francos y judíos que gozaban de estatutos
privilegiados concedidos por los reyes para favorecer el comercio".
El P. Fita publicó un ensayo
sobre los judíos gallegos en el siglo XI.
También el cobarde teórico
del nacionalismo gallego, Vicente Risco, luego falangista de quita y
pon homenajeado por la Junta, escribió un libro sobre la
Historia de los Judíos.
En fin, para acabar, voy a recordar
otra cosa asaz curiosa es la política pro semita del general
Franco, cuyo apellido es de origen judío. El general Franco
salvó de las garras del nazismo más judíos que
Schindler, el de la famosa lista. Hace unos años un judío
sefardí en la sinagoga madrileña me explicaba conmovido
casi con lágrimas en los ojos cómo el aquí
denostado general Franco era uno de los benefactores del judaísmo
internacional durante el siglo XX, pues había salvado de una
muerte segura a varias decenas de miles de judíos en Grecia,
Rumania, Hungría y Bulgaria, proporcionándoles
pasaportes o salvoconductos españoles.
Pero, no nos merecemos un gobierno de
nazis que no condenan al holocausto.
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