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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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La CoruñaEn esta época de memorias históricas sesgadas y cargadas con posta lobera cabe recordar los tiempos cuando la ciudad de La Coruña era la avanzada de la libertad en Galicia. Frente a las ciudades episcopales (Santiago, Lugo, Orense, Mondoñedo) las ciudades liberales entre las que La Coruña, gracias entre otras razones a la influencia del puerto y de los vecinos procedentes del resto de España, era la capital, la señera y la que mayor garantía ofrecía al ejercicio de los derechos humanos y el libre pensamiento. VÁZQUEZ Y LA CIUDAD PROHIBIDA

Uno de los que pudiera avalar esta tesis sería Curros Enríquez que, de no ser absuelto en segunda instancia aquí, podría haber pasado mucho más tiempo en la cárcel, donde fuera condenado en Orense por denuncias de su obispo.

Y conviene recordar también que la L de La Coruña no sólo corresponde a la corrección en el uso de la lengua oficial de España, sino que en este caso posee un cierto carácter ideográfico, propio de las viejas lenguas orientales, en los que los ideogramas recuerdan la forma de lo representado. En efecto, la L recuerda la propia geografía actual del istmo y península donde se asienta la ciudad.

Y que nunca ha existido “A Coruña”. Si se quiere hacer caso a la vieja leyenda el topónimo correcto sería Cruña, nombre de una primitiva paisana del lugar, aunque quizás puede que una bárbara más sueva o celta que gallego parlante.

Pero antes que Francisco Vázquez se fuera desterrado a Roma a convertir infieles, hay que agradecerle su empeño en defensa de ciertos derechos humanos cotidianos y elementales como es el de hablar y escribir en la propia lengua constitucional de España, y, a poder ser, sin faltas de ortografía. Y que la recuperación de la tradición y la memoria empieza por la de su propio nombre, el de la gran ciudad española y gallega. Nombre por el que es conocida en toda España y en los países en que alguna vez se ha oído hablar de ella. Lástima que en tal empeño, fruto del sentido común y del respeto a la tradición histórica, el anterior alcalde de La Coruña se haya encontrado más bien solo en el guetto de una clase política hipócrita o acobardada, que sólo usa tal nombre cuando habla en privado, que menosprecia a la ciudadanía y, lo que es aún peor, a la gramática, y que tantas veces cree que el universo empieza y termina en su ombligo. O que basta con el control del DOGA para ningunear el habla del pueblo.

Y ya se sabe lo que significa el BNG, pero resulta incomprensible y una desconsideración, cuando no traición, a los intereses de los ciudadanos de La Coruña, del resto de los españoles y de la mayoría de sus votantes, que el PP juegue a dos bandas a la vez, y se haya abstenido en su momento en las votaciones locales sobre este asunto. ¿Por qué lo hizo? Quizás entonces miró de reojo a Santiago y al antiguo patrón de san Caetano cuya lamentable política de promover una inmersión lingüística a la catalana, es la que nos ha traído estos lodos. Política lingüística que crea una amurallada ciudad prohibida para solaz del emperador y su mandarinato pero que debería fracasar por su impostura, no ya sólo en la ciudad cosmopolita de La Coruña, sino en la ciudadanía de Galicia que no haya perdido del todo el sentido de la realidad y sus intereses dentro y fuera de España. El actual PP de La Coruña debe rectificar los errores anteriores en este asunto. Y de modo claro y contundente, pues si el BNG gobierna la ciudad tras las próximas elecciones la cosa va a empeorar. Y es que no corren buenos tiempos cuando, como decía Aristóteles, es preciso tener que demostrar lo evidente. Pero, ya veremos si después de las próximas elecciones se logra abrir la ciudad prohibida. Aunque, sin embargo, pese a todo, el faro de la Torre de Hércules seguirá emitiendo los destellos que la navegación internacional reconoce. Con la L de La Coruña en alfabeto Morse, y L también de luz. L que identifica a la ciudad abierta en medio del océano más o menos tenebroso y turbulento que la rodea.