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JPAGE_CURRENT_OF_TOTAL Palabras de presentación del acto. Buenas tardes: Soy Pilar Pato, presidente de la asociación cívica Coruña Liberal para la defensa de los valores constitucionales. Muchas gracias a todos por haber acudido a este acto. Dos palabras para explicar nuestra motivación y su significado: El once de marzo de 2004 un grupo o una entente terrorista logró cambiar la Historia de España mediante la acción o cadena de acciones criminales que todos conocemos, aunque ignoremos casi todo de los autores y sólo podamos hacer conjeturas sobre sus motivos.
Sabemos, o vamos sabiendo, las consecuencias. La vida de centenares de familias se vio truncada trágicamente, como efecto colateral de la acción de unos agentes con los que no tenían relación alguna. Tampoco las víctimas tenían más relación entre sí que la coincidencia, en unos casos, habitual, en otros esporádica o casual, en el uso de un medio de transporte para fines cotidianos: el trajo, el estudio, o una gestión puntual, ... Parece que se trataba de matar españoles, cuantos más mejor, sin reparar en que en una comunidad con tan fuerte índice de inmigración como Madrid, y en un medio de transporte popular y masivo, habrían de morir también personas de otras nacionalidades. Esto, en menor medida, ya había sucedido en España (el atentado de Hipercor ... ... El de Casablanca, en Marruecos pero dirigido contra españoles, -murieron 41 personas-); y, en mayor y en menor medida, antes y después, ha sucedido en otros países: Estados Unidos, Reino Unido, etc ... Pero el hecho produjo, o incrementó, en España un efecto peculiar y fecundo en consecuencias graves: -que unos españoles proyectasen su rechazo contra otros antes que contra sus desconocidos autores. Ya sucedía antes que, en una medida desproporcionada, estaba instalada entre nosotros la curiosa idea de que, en alguna medida, el responsable de los asesinatos terroristas era el gobierno por no dialogar o el Estado por no avenirse a su descomposición, sin perjuicio de la responsabilidad, de otro orden, que pudiera caber a los terroristas, al parecer obligados a perseguir un fin legítimo por medios un tanto exagerados, debido, precisamente, a la faltad e comprensión del Estado y el gobierno, es decir, de las instituciones democráticas. Esta era, en esencia, la opinión de partidos políticos con responsabilidades de gobierno y con representación parlamentaria, y de buena parte de sus bases electorales. Lo sucedido el 11 de marzo de 2004, inconcebible y paradñójicamente, ha reforzado esta esquizofrenia, aunque sea retrospectivamente.
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