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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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Teatro ColónAyer 5 de diciembre víspera de santa Constitución, virgen y mártir, se ha inaugurado el teatro Colón reformado y rehabilitado desde sus cimientos. Aunque con sendas trombas de agua a la entrada y la salida que deslucieron el espectáculo de reconocimiento mutuo de los asistentes, no hubo que lamentar desgracias personales pese a que presidió el acto el de la Xunta bicéfala. Y es que en los meses de feliz gobernación del conocido gafe señor Touriño han ocurrido desgracias y desastres por los cuatro elementos de la cosmología griega: Fuego, Agua, Aire y ahora también Tierra si contamos el extraordinario socavón, único en su género y uno de los más grandes de Europa, asombro de propios y extraños, recién aparecido en la compostelana calle general Pardiñas. La obra de remodelación y restauración del antiguo Colón, inaugurado por primera vez en 1948, ha resultado más difícil de lo inicialmente previsto pues ha habido que reforzar los cimientos para evitar el posible desplome del edificio afectado por corrimientos de tierras pues no hay que olvidar se encuentra en una zona de relleno ganada al mar. La factura de las obras también ha subido hasta unos 2.000 millones de antiguas pesetas.

Quizás demasiadas para un edificio y teatro de las características y limitaciones estéticas del comentado. Se ha dotado el edificio de modernos medios técnicos aunque se haya conservado la decoración tradicional. Pero dentro de todo, la rehabilitación obediente de la parte antigua queda sin duda más bonita que la obra nueva, en la que destaca la espantosa garita perpetrada junto a una de las emblemáticas magnolias grandifloras del paseo. Una excelente contribución de catálogo al feísmo gallego.

Si la propiedad es de la Diputación coruñesa, la gestión será privada y ha sido asignada, no sin polémica pues se comenta que la alternativa presentada por Caixanova era mejor, a Caixa Galicia con la obligación de permitir 45 días de programación directa a la Propiedad y de realizar actos culturales por la provincia. Con ello se pretende que no haya costes para el erario público.

En el concierto de inauguración estuvieron presentes, entre otras, buena parte de las fuerzas vivas del establecimiento político actual. Junto con el ya mentado Touriño, Moreda, presidente de la Diputación quien dirigió unas palabras al público, la presidenta del Parlamento regional, el de la academia gallega, ministrillos y ministrillas e intelectuales orgánicos y galleguistas variados.

Victor Pablo al frente de la Sinfónica dirigió con su maestría habitual un programa de dos piezas, más una propina. Andrés Gaos aportó su Impresión nocturna y Antonín Dvorak su famosa Sinfonía del Nuevo Mundo. La propina fue la versión musical de Negra sombra.

La acústica del local es muy buena al menos donde yo estaba. Pero el simbolismo del programa elegido tiene su miga. Tanta que de haberla descubierto habría despertado más que los disimulados bostezos u ostensibles mascadas de chicle,  la incomodidad de cierta intelectualidad enmucetada asistente. Si Colón abrió nuevos horizontes, un nuevo mundo en lo geográfico, lo histórico, lo mental, simbólico y cultural, las obras elegidas se compadecen mal con las miserias del nacionalismo gobernante. La sinfonía número 9 de Dvorak está compuesta por el autor bohemio en Nueva York cuando abandona sus iniciales planteamientos nacionalistas eslavos e incorpora influencias de autores americanos, e incluso espirituales negros o blues.

El coruñés Andrés Gaos puede considerarse una rara avis que supera también el habitual aislacionismo musical gallego de pseudo-celtismo y gaitas. Cosmopolita, gracias a una beca otorgada por la Diputación coruñesa, pudo ampliar estudios musicales en el extranjero.

E incluso la versión musical de la Negra sombra también admite interpretaciones simbólicas no tópicas. Sabido es que a Rosalía, cuando renegó públicamente del fanatismo nacionalista gallego, le gustaba ponerse bajo la protección de cierto hermoso árbol del jardín botánico de Padrón. La Tola, como era llamada por los niños de entonces, le recitaba sus poemas y le hacía testigo de sus más íntimas confidencias. Dicho árbol no era autóctono. Ni roble ni carballo, sino un hermoso árbol emblemático americano. Una majestuosa sequoia sempervivens que aún se conserva.

Pero, como la Cultura es más cosa de contenidos que de continentes, deseamos que este nuevo escenario recuperado por la Diputación coruñesa permita impulsar en nuestra querida ciudad sus mejores valores tradicionales. Que tienen más que ver por cierto con los horizontes liberales que abrió Colón que con el ombliguismo indigenista castrador hoy dominante.