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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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Tras el susto del sábado, las fuerzas bienhechoras de la humanidad vasca están tratando de recuperar la alianza para el proceso o el proceso para la alianza, que ya no hay quien se entienda, alterados unilateralmente por la emergente civilización etarra. Así, uno de los discípulos más aventajados de su paisano Loyola, tras desayunar con puches de polenta, transido de piadosa congoja, salía en la teletarra regional ensayando mañas de seráfica madre de todos los vascos y vascas, mientras sonreía con almíbar de santa que coquetea con la neodemocrática tele-ciudadanía. Carísimos vascos y vascas sermoneaba monseñor Ibarreche, jefe de la civilización sabiniana vasca, compungido con aviesa mansedumbre pero con la debida condescendencia hacia la deriva herética de las nuevas generaciones de la teología de la liberación vasca a bombazos: total por una bomba más o menos y colocada además en territorio enemigo, no se va a romper las ansias infinitas de paz de los vascos y vascas.

Y es que esto de la alianza vasca de las civilizaciones y sus procesos vascos de paz asociados, cuyos méritos y potencialidades se los está tratando de apropiar indebidamente un tal ZP, lo inventó en realidad una genuina criatura vasca, vasca sí, sí de pura raza vasca, y sin sombra o mancha filogenética de españolidad alguna. Tan de pura raza vasca y con no peor pedigree que don Sabino Arana y su santa esposa la de los dieciocho primeros apellidos vascos.

Me refiero, tal como el lector buen conocedor y entendido en temas vascos habrá ya adivinado, a la famosa mula de san Ignacio de Loyola, padre de la patria teocrática vasca. Sí, sí, este noble, aunque infértil en lo biológico, animal fue el pionero de la ahora tan cacareada, con perdón, alianza de civilizaciones.

Iba san Ignacio hidalgo caballero en mula de paso cuando topó con un valenciano morisco. Buscó san Ignacio polémica con el bizarro moro. La conversación giró sobre el tema de la virginidad de María, dogma asaz misterioso. Más que miserioso incluso increíble para otros, pues el milagro base de una civilización para unos resulta desde otra fe civilizatoria cosa increíble y absurda. De modo que el malvado moro, más ignorante de la ciencia ginecológica que Avicena, argüía que después del parto tal cosa era imposible. San Ignacio defiende vehemente la pureza de María en el proceso que pretendía ser de paz y que terminó como el amable lector verá.

Y como ya la palabra no bastaba necesita en su fe apelar a las obras materiales y a la material acción, así que retarda el paso de su mula, se lleva la mano al puñal y decide matar al impío. En esto llega a una encrucijada y antes de consumar su buena obra vasca, barrunta que se puede meter en un lío y que mejor dar otra oportunidad a la paz. Si la cabalgadura de pura raza vasca decide tirar por la pendiente dejará al miserable moro de raza no vasca que continúe con su no menos miserable vida no vasca. Si su mula acierta a seguir por el camino ancho, lo matará allí mismo. Con singular gran acierto, el compasivo héroe cuadrúpedo vasco escogió de modo que la virginal naturaleza vasca se impuso a la bípeda pero bien armada teología vasca.

En las palabras del padre Rivadeneira: " y después de haber buen rato pensado en ello, al fin se determinó de seguir su camino hasta una encrucijada, de donde se partía el camino para el pueblo a donde iba el moro, y allí soltar la rienda a la cabalgadura en que iba, para que si ella echase por el camino por donde el moro iba, le buscase y le matase a puñaladas, pero si fuese por otro camino le dejase y no hiciese más caso de él. Quiso la bondad divina que con su sabiduría y providencia ordena todas las cosas, para bien de los que le desean agradar y servir, que la cabalgadura dejando el camino ancho, por do había ido el moro, se fuese por el que era mas a propósito"

Rubalcaba ha estado a punto de poner un retrato robot de tan piadosa mula en comisarías y cuartelillos. Una busca y captura justificada para ver si puede arreglar lo de la alianza para el proceso. O el proceso para la alianza. Pero el bienhechor animalito no ha podido transmitir sus infinitas ansias de paz a sus imposibles descendientes. Y, así, la civilización zapateríl está ahora en las últimas, sin alianza a la que unirse, ni mula que la asesore.

Pero, a la desesperada, sólo queda acogerse al sagrado manto teocrático bizcaitarra de monseñor Ibarreche, el único que parece pueda salvarles, renovando la alianza vasca de civilizaciones con el otrora enemigo anticlerical, extranjero español, ateo y socialista, más ahora cómplice en las delicias de la feliz gobernación y el ordeño presupuestario.