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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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Malos tiempos corren cuando es preciso explicar lo evidente. Aquí, en España, a veces es preciso volver una y otra vez a las mismas cuestiones pues parece que nunca terminan de estar claras del todo.

El tema del laicismo es muy antiguo. Una de sus primeras formulaciones conocidas se la debemos al Pitágoras no sólo famoso matemático sino reformista religioso y fundador de la sociedad iniciática de su nombre en Crotona, Italia, en el siglo VI antes de Cristo. Decía más o menos así: "guarda tu corazón para tu Dios legítimo, pero rinde homenaje legal a los dioses de las naciones".

Como se ve el gran sabio de Samos diferenciaba el fenómeno religioso vivido como propio de lo íntimo, de la propia conciencia y sus contenidos psíquicos, (es decir, de lo que Jung calificaba de numinoso veinticinco siglos después), de sus representaciones dogmáticas codificadas establecidas por las diferentes religiones y sus respectivos cleros. En una cultura tan alejada de la griega como la china su contemporáneo Lao Tsé también afirmaba que "el Tao que puede ser expresado con palabras no es verdadero Tao" abundando en la equivocidad lingüística de lo religioso, inabarcable en el ámbito de lo meramente racional y los códigos lingüísticos cerrados basados únicamente en la razón y el pensamiento dirigido.

Y eso que durante la Edad antigua existían extraordinarias instituciones como los llamados Misterios que trataban el fenómeno religioso no como un asunto de fe en una determinada teología o sistema codificado de creencias sino como un hecho experimental mediante procesos iniciáticos de acceso al universo espiritual al modo de los vividos de modo más o menos espontáneo por los místicos.

Y con alguna variedad formal dentro de un planteamiento básico común: la idea iniciática expresada por otro discípulo de Pitágoras, Platón, en su Fedón en que pone en boca de un solemne Sócrates moribundo las siguientes palabras: "el sostener con empeño que esto es tal como yo lo he expuesto (el mito o leyenda teológicos del viaje del alma en el Tártaro) no es lo que conviene a un hombre sensato. Sin embargo, que tal es o algo semejante lo que ocurre con nuestras almas y sus moradas, puesto que el alma se ha mostrado como inmortal, eso sí estimo que conviene creerlo y que vale la pena correr el riesgo de que eso es así. Pues el riesgo es hermoso....así que debe mostrarse animoso todo hombre que se haya afanado en los placeres que versan sobre el aprender, y adornado su alma, no con galas ajenas, sino con las que le son propias: la moderación, la justicia, la valentía, la libertad, la verdad y en tal disposición espera en ponerse en camino del Hades..."

Es decir, nuevamente la diferencia entre los valores metafísicos en que todas las religiones dignas de tal nombre coinciden (la inmortalidad del alma y sus valores) y los planteamientos culturales e históricos, codificados que las diferencian (Tártaro, Hades, Nirvana, Purgatorio, Campos Elíseos...).

Planteamiento que el neoplatónico musulmán granadino Ibn Abentofail expresa también en la magnífica reflexión epistemológica recogida en su obra "El filósofo autodidacto". Y que también es seguido, en lo fundamental, por los genuinos herederos de las antiguas instituciones tradicionales iniciáticas y mistéricas,

El laicismo pretende mantener el fenómeno religioso dentro de la sagrada conciencia del hombre, busca la neutralidad religiosa de la legislación estatal y prefiere la aplicación de los principios éticos y la ilustración de la mente mediante símbolos de doble ámbito, racional y emocional, a los catecismos o códigos de conducta cerrados y no como imposición legal social a fin de evitar los odios, persecuciones y matanzas que el fanatismo religioso ha provocado a lo largo de la historia. No es un movimiento ateo y sólo es anticlerical en un sentido y no necesariamente siempre. En efecto, existen dos grandes tipos de anticlericalismo: El que va contra todo clero. Y el que lucha contra el clericalismo entendiendo por tal la continua y muchas veces fanática injerencia de los cleros en los ordenamientos civiles de ámbito universal o de obligado cumplimiento para toda la ciudadanía independientemente de sus opciones religiosas. Este clericalismo debe ser combatido por todo liberal digno de tal nombre. El verdadero laicismo sólo es anticlerical en este último sentido y siempre que las circunstancias históricas o sociales lo exijan.

El Cristianismo, que como fenómeno histórico además de cierta influencia bienhechora sin duda ha causado numerosos crímenes y desastres en Europa, ha sido atemperado a lo largo de los siglos por la acción de librepensadores e instituciones iniciáticas que han tratado de limitar su influencia legal solo a sus fieles. A estas luchas por la libertad de conciencia y de costumbres para lograr la autonomía de lo civil se debe las solemnes condenas (tan risibles y pintorescas a los ojos actuales) del liberalismo y de la democracia realizadas por ciertos Papas que veían su poder temporal político y económico (clericalismo) amenazados.

Pero, ahora, en el siglo XXI, salvo algunos grupos integristas, este Cristianismo atemperado por fuerzas e instituciones externas y no beligerante contra la libertad de conciencia y de costumbres no resulta problemático para la Libertad. Al menos como lo es el Islam, en que lo político, lo civil y lo religioso siguen tendiendo a confundirse.

Y es que si en el Cristianismo ha habido una importante evolución histórica aunque sea de origen exógeno, en el Islam no habido la misma influencia histórica de librepensadores que lo hayan atemperado. Islam es un término que viene a significar sometimiento a la voluntad de Dios, interpretada eso sí por un clero, intermediario y ajeno a toda pauta de innovación moral civil. Por tanto, la sociedad ha de ser cerrada, de acuerdo con las pretendidas consignas, códigos o mandatos contenidos en las revelaciones realizadas a una persona e interpretadas por ésta según sus propias circunstancias vitales: las de un nómada medieval de la península arábiga.

Los movimientos políticos adversarios del Islam dentro de esa civilización no han sido liberales sino que han imitado otras peligrosas fuentes de pretendida legitimación: tal la mítica Nación o el no menos quimérico Socialismo, pretexto de tantos crímenes y genocidios. Un ejemplo es el partido Baas en Siria e Irak. Partido con claras concomitancias nacional socialistas y, en todo caso, despóticas.

En lo relativo al fenómeno religioso la "alianza de civilizaciones", de ser un intento noble y algo más que una mera consigna hueca para encubrir objetivos canallas, debería descansar en la búsqueda de los símbolos que representan realidades metafísicas comunes a todas las religiones. O mejor aún, como era el caso de las viejas instituciones mistéricas e iniciáticas precristianas, intentar poner a disposición de quien lo merezca por su conducta y objetivos vitales la experiencia inefable de lo sagrado.

Algo muy lejos, pues, de la lamentable promoción del Islam como antídoto o arma de lucha contra el Cristianismo para oponer un clero contra otro introducido artificialmente, que se está intentando en España por gobernantes irresponsables jaleados por supuestos intelectuales que están jugando con el fuego del fanatismo y nos van a terminar quemando a todos.