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Que Galicia se definiera como nación en su Estatuto tendría el mismo valor jurídico que si lo hiciera como bonsái atlántico o patria de los celtas: ninguno. La razón es muy sencilla: una definición es jurídicamente relevante sólo si de ella se siguen consecuencias normativas. Y, por más vueltas que le demos al asunto, el término nación aplicado a Galicia carecería de cualquier efecto en el mundo del derecho: ni Galicia tendría por ello una posición constitucional particular, ni podría reclamar derechos diferentes, ni pretender un trato distinto por parte del Estado español o de los Estados extranjeros.
Esa posición, esos derechos y ese trato dependen exclusivamente de lo que establece la Constitución en la materia y, por tanto, la gresca sobre la validez jurídica del término nación es un engañabobos con el que los partidos pretenden hurtarnos el auténtico debate que se deriva del uso de tal término: el debate sobre la conveniencia política de utilizar una definición identitaria que la inmensa mayoría de los gallegos no comparten.
Porque esa, y no otra, es la cuestión. La definición nacional es jurídicamente irrelevante, pero tiene una significación política innegable. Su aceptación, con la fórmula que fuere, y en el lugar en que estuviere (el articulado o el preámbulo) serviría a los defensores de la independencia de Galicia de estribo con que encaramarse, antes o después, al caballo de la reivindicación soberanista. Resulta, por ello, perfectamente coherente que quien, el BNG, ha reivindicado desde siempre la independencia de Galicia defienda ahora el término nación y haga de ello cuestión de vida o muerte estatutaria.
Tan coherente, como inexplicable que acepten esa minoritaria pretensión dos partidos que nunca han admitido que Galicia fuera una nación. Es, desde luego, el caso del PP, que dice ahora estar dispuesto a avenirse a una fórmula simbólica. Para constatar cuál sería el resultado de su ingenua ambigüedad no tienen los populares más que mirar a Cataluña, donde se da por ya aceptado que esa Comunidad se define como nación en su Estatuto.
En cuanto al Partido Socialista, Touriño debe explicar por qué él, que jamás habló de Galicia como nación, se ha caído del caballo camino del Gobierno. Y por qué cree, además, que tiene derecho a imponer su conversión al Estado plurinacional a un partido que no lo ha acompañado en esa viaje y a unos votantes que rechazan explícitamente definir a Galicia con un término que sólo sirve para que la inmensa mayoría de los votantes del país (el 78%) tengan que tragarse lo que defiende la activa minoría (el 19%) que vota al BNG. Fuente: Basta Ya, 25/01/07
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