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... El próximo domingo se vota. Ojalá
que, pese a las apariencias, se produzca una deseable reacción
de modo que los votos entregados a las urnas en toda España no
resulten un sudario para la Libertad. ...
Vienen otra vez las
elecciones locales y autonómicas en toda España menos
en las regiones con privilegios, Galicia entre ellas. Dentro de una
situación de normalidad democrática lo que legalmente
se dirimiría ahora sería únicamente la
representación política del ciudadano en municipios y
regiones, en su caso. Y desde ese punto de vista, sobre todo a nivel
local, las características personales de los candidatos pueden
ser más importantes que las de los partidos o formaciones por
las que se presenten, de modo que cada cual puede tener su opinión
sobre quién puede ser mejor (o menos malo) para representarle
en estos ámbitos.
Pero la situación política
española desde el fatídico 11M dista mucho de ser
normal.
ZP era entonces el candidato preferido
de los terroristas sean quienes fueren, y lamentablemente los hechos
han confirmado lo atinado de su apuesta macabra. (El hecho de que
millones de ciudadanos prefiriesen al mismo candidato por razones
distintas no cambia esa apreciación)
Y el resultado de las presentes
elecciones, se quiera o no, va ser interpretado en clave nacional de
toda España, y si es favorable al gobierno, no cabe la más
mínima duda, conociendo al personaje y los medios que le
jalean, que ZP va a considerarlo un apoyo a su política de
desmantelamiento del sistema constitucional y de la propia Nación
española. Hay que "intentarlo"...y lo va a seguir
"intentando" con mayor denuedo si se cree respaldado.
Es por eso que el demócrata o
ciudadano de bien que no quiera ser cómplice del zapaterismo
se encuentra en la obligación moral de dar un fulminante voto
de castigo al PSOE para evitar que pueda blanquear tanta felonía.
En el PSOE aún hay gente excelente, seguro que sí,
aunque la verdad es que de momento no parecen demostrarlo intentando
poner fin a esta etapa de impostura, rebelándose desde dentro.
Mientras no exista la posibilidad de
listas abiertas, votar ahora al PSOE significa en la práctica
dar por buena la demagogia, la mentira, la prepotencia, la
corrupción, el uso sectario de las instituciones
constitucionales, la traición a España y a la memoria
de las víctimas del terrorismo nacionalista. Es blanquear las
hazañas que vienen perpetrando muchos de sus actuales
dirigentes. Se quiera o no, en la práctica, también
significa votar colateralmente a Otegui, De Juana y demás
derivados de ETA Batasuna con los que están asociados en el
mal llamado proceso de paz y con los que no es de descartar busquen
una coalición para lograr nuevos puntos de poder en el País
vasco y Navarra.
Significa jalear la burla y ninguneo a
las víctimas del terrorismo, o desoír el grito radical
de angustia, desolación y protesta de la valiente madre de los
Pagaza, una familia de socialistas tradicionales. Representa dar por
buenas las injusticias de Cándido, o los exabruptos de Bermejo
o del eximio perito en corrutos. Apoyar la persecución o
ninguneo del disidente. La mohatra organizada con los medios de
comunicación. Y la corrupción y ajustes de cuentas
promovidas desde la oficina de Moncloa, el intento de expoliar a los
accionistas de ENDESA, el compadreo suicida con el sultán de
Marruecos, Castro, Chávez o Morales o los fundamentalistas
atómicos de Irán.
O invitar al tal Arenillas, (subjefe de
Monipodio, colega del ilustre huele braguetas Sebastián, y
ministro consorte de la cosa educativa), a copas a 300 euros cada
una, la mitad del sueldo mensual o el importe de la pensión de
alguno de sus representados inasequibles, por cierto, a la razón
y la evidencia de tanta impostura.
O cohonestar el uso del poder para
investigar la "vida de los otros" y generar dossier para
chantajear a los adversarios o resistentes, volviendo a la funesta
etapa del súper-espía Serra, el prócer catalán
aventajado imitador de tanto déspota como ha entenebrecido el
siglo XIX.
En el caso de La Coruña parece
que sólo hay dos opciones de voto que puedan considerarse
razonables para un liberal: Votar a Carlos Negreira o en blanco.
En positivo, porque se requiere
enterrar ya el agotado ciclo vazquista. Y para ello sólo hay
una opción posible: el PP, pese a sus errores pasados y muy
mejorable compromiso histórico con la ciudad. Y Carlos
Negreira es una persona bienintencionada y con experiencia de
gestión, y está acompañado por un equipo de
gente valiosa y sin que se les conozcan escándalos. Algo que
debería darse por supuesto pero que ya es todo un hito en los
tiempos que corren.
En negativo, porque el partido de
Losada quiere renovar la mayoría absoluta tras la marcha de
Vázquez y está intentando "anestesiar" a cierta
opinión pública indicando cínicamente que ellos
son el "mal menor" si se quiere evitar que gobierne el partido de
la estrella invertida en la ciudad de La Coruña, señera
tantas veces de las libertades en Galicia. ¡Vótame! que
si no peligra mi alma (y tu bolsillo) pues no me va a quedar más
remedio que sacrificarme, yéndome a una más que segura
perdición junto con las malas compañías con las
que voy a tener que compartir el tesoro. Mi tesoro. Y todo esto
cuando el PSOE gobierna, es un decir, la Xunta bicéfala
repartiéndose escandalosamente las consellerías con los
separatistas y actuando como señores en sus feudos, y en un
remedo del "cuius regio, eius religio", es decir: cada mochuelo
partidario a su olivo conselleríl. O para pasmo y espanto de
propios y extraños (todo sea por atraer y conservar
inversiones) y que no se molesten sus socios y convecinos de San
Caetano, deja hacer a los vándalos que han convertido la
semana pasada a Vigo en una ciudad del Oeste sin ley ni sheriff.
Y para colmo, cuando se acaba de negar
al pacto que le proponía Rajoy para respetar los derechos a la
alcaldía de la lista más votada en cada municipio lo
que imposibilitaría el chantaje nacionalista.
Una singularidad de esta campaña
es la presencia del misterioso partido de Marcos, un filatélico
de pro, que según se estima ha podido dedicar cerca de un
millón de euros a financiar su candidatura. Más que un
partido nuevo al estilo del catalán Ciudadanos o el que parece
pueda formarse en el País vasco con los socialistas críticos
de ZP, se cree que podríamos estar en este caso ante una
segunda marca del PSOE para el supuesto de que el sucesor de Vázquez
no obtenga la codiciada mayoría absoluta. Un hipotético
escaño que podría llegar a valer su peso en oro a la
hora de controlar el tesoro recalificatorio que se avecina con las
operaciones ligadas a la construcción del puerto exterior.
El voto en blanco es un voto moralmente
muy respetable. Pero no parece lo más adecuado en las actuales
condiciones, salvo que ya se haya perdido toda esperanza.
Es preciso hacer una llamada a los
orígenes, a la Politeia, a esa ciudad digna de tal nombre,
consciente de su ciudadanía que no puede olvidar que la
demagogia es la antesala de la tiranía.
El próximo domingo se vota.
Ojalá que, pese a las apariencias, se produzca una deseable
reacción de modo que los votos entregados a las urnas en toda
España no resulten un sudario para la Libertad.
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