José Bono, quien en su
momento nos explicó que dimitía del ministerio de Defensa por causas personales,
ha aparecido de la mano del compañero Zerolo quien ha hecho de su singularidad
sexual todo un plan de carrera profesional y política. Ambos se han dejado ver
juntos por cierta parroquia roja de asaz inapropiado nombre, nada menos que San
Carlos Borromeo, patrono de los banqueros. En efecto, la parroquia madrileña
del orensano Enrique Castro se ha convertido en un símbolo del rojerío patrio, emblema
de la resistencia contra la jerarquía eclesiástica encarnada por su paisano
Rouco,
especialmente por los que entienden lo de
César y Dios del mismo modo que SE, el finado caudillo gallego, aunque con
otros pretextos políticos. Así, esta
singular parroquia se ha convertido en un lugar de cita de bienintencionadas
gentes que suelen frecuentar poco las iglesias por ser ateos, marxistas o católicos
no practicantes, pero deseosas de meter el dedo en el ojo a la oficialidad
católica, aprovechando que ahora no resultan tan fieros como los sarracenos y
que se pueden hacer méritos mientras la mohatra mediática oficial jalea la
provocación.
Entre las peculiaridades litúrgicas
parroquiales de San Carlos Borromeo se encuentra el mojar el pan o la pieza de
bollería en un vaso de vino y luego tomarse una paella ecuménica. De modo que,
descartado, por supuesto, que estén buscando dónde hacer el preceptivo cursillo
prematrimonial, esta singular epifanía del tandem Zerolo/Bono o Bono/Zerolo que
tanto monta, monta tanto, en cuanto a dignidad, coherencia, contención verbal y
demagogia se refiere, habrá de requerir la exégesis adecuada por teólogo que se
precie.
También hará falta el inapreciable
recurso a buenos y acreditados teólogos, a ser posible galleguistas o expertos
en tal herejía contumaz y abundante en las remotas tierras del heresiarca
Prisciliano, para explicar las bases de otras parejas que buscan legitimar sus
voluptuosas concupiscencias por la vía religiosa más que por la civil.
Es sabido que para paliar el disgusto de
su derrota popular en las últimas elecciones regionales en la Xunta
compostelana se ha producido una coyunda oficial contra natura, de impuro
interés y con separación de bienes. Sí: de camas y consellerías separadas, en
lo que se entiende como una actualización progre o moderna del famoso "Cuius
regio, eius religio" por la que se reparten presupuestos y funcionarios como
señores feudales sus siervos, con el único precepto que cada uno mangonee en lo
suyo sin contar con la pareja.
A Sarastro le han contado fuentes de
buena tinta que, en efecto, Losada se opone a unirse en santa y bendita coalición
con los pintureros mozos de la estrella invertida. Cuestión que le honra, todo
hay que decirlo, aunque sólo sea porque después de estar tantos años guardando
el virgo de novicia en la casa de Bernarda Vázquez Alba no es cosa de largarse
con el primer nacionalista que le requiebra en un matrimonio de conveniencia y
sin posibilidad de amor. Pero mamá Turiño, en acreditado rol de madre castrante
y alienadora según las teorías freudianas, o de madame de mancebía según otras,
le quiere poner al trato o le amenaza con retirarle la dote. En esto estábamos
cuando para colmo de enredo, aparece cierto famoso político de un partido
supuestamente liberal en labores de tercería casamentera o de patrocinio de simple
flirt, ofreciendo novios para boda como Dios manda y buena dote o al menos para
coyundas presupuestarias pasajeras según necesidad y apremio voluptuoso.
Y otro más que confiesa que cuando sea
mayor quiere parecerse a Sarkozy en esta primavera avanzada con tantos
sobresaltos como heladas tardías, enseña su plumaje más vistoso en inopinada
parada nupcial frente a los juncales polluelos húmedos del despotismo sabiniano
o los talludos representantes del capitalismo ventajista catalán. ¡Qué fue de
la oposición al Estatuto catalán o a la solución Ibarreche (que significa casa
de la ribera). . .¡qué fue de tanto propósito de enmienda para no cambiar
valores por presupuestos. Poco dura la
alegría en casa del pobre
.votante liberal y español.
Siempre nos quedará Madrid, o Paris, que
diría el pobre Rick.
¿Qué pasará?
Cualquiera sabe, pero más que con el tópico
arroz o los más finos pétalos de flores a lo mejor quizás algunos esperan a los
futuros contrayentes con ladrillos.
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