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Es curioso que todo un presidente del
consejo de ministros de SM, el máximo cargo de esta Monarquía
que ha jurado guardar y defender el sistema constitucional, se ponga
a jactarse con el tenebroso lepenista acerca de cuál de los
dos es más federalista o más republicano. Y todo ello
desde la tribuna del Congreso de los diputados.
En la historia del parlamentarismo
español ha habido momentos importantes, iniciáticos,
que han servido para cambiar opiniones, mayorías y gobiernos.
Eran otros tiempos en los que la dictadura interna de los partidos
era menor y había más grupos con los que realizar
combinaciones. Y había parlamentarios más cultos, más
dignos y menos patibularios. Uno de estos momentos excelentes fue con
ocasión del discurso del diputado liberal canario León
y Castillo en el verano de 1873.
Puso fin con sus argumentos a los
intentos de establecer una constitución federal para la España
desgarrada, indigenista y cantonalista de la lamentable primera
experiencia republicana. Puso a los diputados ante la imagen de
violencia cainita, del atropello de la Ley y la destrucción de
la convivencia y la economía que representaba entonces y aún
representa en la práctica la mal entendida y peor aplicada
idea federal entre nosotros.
Ayer, el debate entre el tosco
representante de los lepenistas catalanes de la llamada Esquerra y el
insigne ZP ha permitido constatar una vez más la calaña
de quienes nos mandan. Aunque ZP ha querido, a medias, distanciarse
del malencarado y amenazante lepenista a la catalana sin caer en la
cuenta que es uno de los sostenedores de su lamentable gobierno y
cómplice con mando en plaza del no muy honorable gobiernillo
de la Generalidad.
Decía Pitágoras que el
universo es el conjunto de números e ideas. A falta de otro
universo que los fantasmas de su poco esclarecida conciencia, ZP usa
los números para tapar las ideas, cabe decir obsesiones, en su
caso. Para ZP las palabras significan lo que él quiera que
signifiquen en cada momento según le convenga. Y si tiene
lapsus, ya vendrá el orwelliano Ministerio de la Verdad para
arreglar el entuerto. Por eso para comprender lo que pasa y el real
estado de la nación, es mucho mejor presenciar su debate con
el separatista catalán, tongo incluido, que escuchar su largo
discurso mal leído.
Es curioso que todo un presidente del
consejo de ministros de SM, el máximo cargo de esta Monarquía
que ha jurado guardar y defender el sistema constitucional, se ponga
a jactarse con el tenebroso lepenista acerca de cuál de los
dos es más federalista o más republicano. Y todo ello
desde la tribuna del Congreso de los diputados.
Al Jeremías catalán, que
incoherentemente con el lugar y su ordeño del presupuesto
declara no ser español, como todo buen nacional separatista
demuestra su origen anti liberal y clerical parecía "que le
había hecho la boca un fraile". El habitual rosario de
jeremiadas y exigencias para ver si nos concedía la gracia de
perdonarnos la vida a los españoles, reos como se sabe del
imperdonable pecado original de ser eso: españoles.
Y ZP en relación de compadreo
paternalista, fraternal con el susodicho. Como la del PNV con ETA.
Son "los nuestros", al fin y al cabo.
También él es
izquierdista y federalista y está intentando demoler el
vigente sistema constitucional pero eso sí, desde la
presidencia del Gobierno.
Ignoro si alguien en la Casa real
estaba observando el debate o tenía otras cosas mejores que
hacer. Pero parece que se deberían encender todas las alarmas
si se pretende que la Corona perdure. Pero a lo mejor eso de que
"hablando se entiende la gente" significa que les están
preparando el equipaje ahora que mandan los "suyos".
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