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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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Pi y Margall Es curioso que todo un presidente del consejo de ministros de SM, el máximo cargo de esta Monarquía que ha jurado guardar y defender el sistema constitucional, se ponga a jactarse con el tenebroso lepenista acerca de cuál de los dos es más federalista o más republicano. Y todo ello desde la tribuna del Congreso de los diputados.

En la historia del parlamentarismo español ha habido momentos importantes, iniciáticos, que han servido para cambiar opiniones, mayorías y gobiernos. Eran otros tiempos en los que la dictadura interna de los partidos era menor y había más grupos con los que realizar combinaciones. Y había parlamentarios más cultos, más dignos y menos patibularios. Uno de estos momentos excelentes fue con ocasión del discurso del diputado liberal canario León y Castillo en el verano de 1873.

Puso fin con sus argumentos a los intentos de establecer una constitución federal para la España desgarrada, indigenista y cantonalista de la lamentable primera experiencia republicana. Puso a los diputados ante la imagen de violencia cainita, del atropello de la Ley y la destrucción de la convivencia y la economía que representaba entonces y aún representa en la práctica la mal entendida y peor aplicada idea federal entre nosotros.

Ayer, el debate entre el tosco representante de los lepenistas catalanes de la llamada Esquerra y el insigne ZP ha permitido constatar una vez más la calaña de quienes nos mandan. Aunque ZP ha querido, a medias, distanciarse del malencarado y amenazante lepenista a la catalana sin caer en la cuenta que es uno de los sostenedores de su lamentable gobierno y cómplice con mando en plaza del no muy honorable gobiernillo de la Generalidad.

Decía Pitágoras que el universo es el conjunto de números e ideas. A falta de otro universo que los fantasmas de su poco esclarecida conciencia, ZP usa los números para tapar las ideas, cabe decir obsesiones, en su caso. Para ZP las palabras significan lo que él quiera que signifiquen en cada momento según le convenga. Y si tiene lapsus, ya vendrá el orwelliano Ministerio de la Verdad para arreglar el entuerto. Por eso para comprender lo que pasa y el real estado de la nación, es mucho mejor presenciar su debate con el separatista catalán, tongo incluido, que escuchar su largo discurso mal leído.

Es curioso que todo un presidente del consejo de ministros de SM, el máximo cargo de esta Monarquía que ha jurado guardar y defender el sistema constitucional, se ponga a jactarse con el tenebroso lepenista acerca de cuál de los dos es más federalista o más republicano. Y todo ello desde la tribuna del Congreso de los diputados.

Al Jeremías catalán, que incoherentemente con el lugar y su ordeño del presupuesto declara no ser español, como todo buen nacional separatista demuestra su origen anti liberal y clerical parecía "que le había hecho la boca un fraile". El habitual rosario de jeremiadas y exigencias para ver si nos concedía la gracia de perdonarnos la vida a los españoles, reos como se sabe del imperdonable pecado original de ser eso: españoles.

Y ZP en relación de compadreo paternalista, fraternal con el susodicho. Como la del PNV con ETA. Son "los nuestros", al fin y al cabo.

También él es izquierdista y federalista y está intentando demoler el vigente sistema constitucional pero eso sí, desde la presidencia del Gobierno.

Ignoro si alguien en la Casa real estaba observando el debate o tenía otras cosas mejores que hacer. Pero parece que se deberían encender todas las alarmas si se pretende que la Corona perdure. Pero a lo mejor eso de que "hablando se entiende la gente" significa que les están preparando el equipaje ahora que mandan los "suyos".