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La señora o señorita
Regás, auténtico mirlo blanco de pura raza catalana
aparecido en Madrid para ilustrarnos sobre el Progreso según
Prat de la Riba traducido por ZP, por fin ha sido obligada a dimitir
por el nuevo ministro de la cosa socialista de la Cultura. La
impunidad con la que obraba esta progre revenida se agotó tras
el último de los escándalos en la Biblioteca Nacional
de España: el hurto de unos importantes documentos
centenarios.
La estatua desterrada del insigne
Menéndez y Pelayo seguro que se habrá relamido de
gusto, más que si paladeara su brandy habitual, pues su inepta
inquisidora ha sido despedida conforme merecía su probada
estupidez, fanatismo y prepotencia sectaria a la catalana. Pero no
para arrastrar como un feroz Comendador a la mema esclavo-pensadora
al paradójico infierno de sus heterodoxos españoles,
muchos de ellos sólo conocidos ahora porque los citaba el
maestro en su catálogo, ni menos para alojarla entre sus
estudios estéticos o filosóficos. Sino, más
bien, como otra muestra de la degeneración, que él
tanto combatió de la condición y cultura españolas,
y que, al cabo, a falta ya de don quijotes que luchen contra la
injusticia y la iniquidad, puede ser verdad el sanchopancesco "no
hay mal que cien años dure". Y es que la Cultura española,
pese a todo, se resiste a ser asesinada por el fanatismo, la
ignorancia, la ambición y la hipocresía.
A la muerte pública, que ojalá
sea definitiva, de este eximio representante del sectarismo catalán,
aupado al mangoneo presupuestario por el zapaterismo rampante y
rebuznante, hay que lamentar dos desapariciones físicas.
La de una ilustre y veterana actriz
que tanto nos enseñó sobre la vida en obras maestras
como "El verdugo" bajo la dirección del mejor Berlanga.
Todo un hito en la historia del cine y el arte.
Y la de una especie de Max Estrella
pijo, que se inventó a su propio Autor más o menos
desfigurado. Desigual, genialoide, cínico, pícaro de
ciudad o Corte, que según los antiguos tratadistas resultan
ser los más inmorales, Umbral deja varias viudas, muchos
libros y artículos y
un gato.
Como el famoso personaje de Niebla,
pero al revés, seguro que habrá de protestar porque el
personaje haya acabado prematuramente con el Autor. No sabemos cómo
lo recibirá su amigo traicionado, don Camilo el del Premio.
Pero en verdad, es una pena que no haya sido invitado a su inesperado
obituario para hablar solo de su último libro.
Pero en lo mediático, todo ello
quedará empañado por la lamentable muerte de un joven
futbolista. Pues
¡ la cultura es la cultura!
Descansen en paz.
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