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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

cartel 1980 300x136

 La señora o señorita Regás, auténtico mirlo blanco de pura raza catalana aparecido en Madrid para ilustrarnos sobre el Progreso según Prat de la Riba traducido por ZP, por fin ha sido obligada a dimitir por el nuevo ministro de la cosa socialista de la Cultura. La impunidad con la que obraba esta progre revenida se agotó tras el último de los escándalos en la Biblioteca Nacional de España: el hurto de unos importantes documentos centenarios.

La estatua desterrada del insigne Menéndez y Pelayo seguro que se habrá relamido de gusto, más que si paladeara su brandy habitual, pues su inepta inquisidora ha sido despedida conforme merecía su probada estupidez, fanatismo y prepotencia sectaria a la catalana. Pero no para arrastrar como un feroz Comendador a la mema esclavo-pensadora al paradójico infierno de sus heterodoxos españoles, muchos de ellos sólo conocidos ahora porque los citaba el maestro en su catálogo, ni menos para alojarla entre sus estudios estéticos o filosóficos. Sino, más bien, como otra muestra de la degeneración, que él tanto combatió de la condición y cultura españolas, y que, al cabo, a falta ya de don quijotes que luchen contra la injusticia y la iniquidad, puede ser verdad el sanchopancesco "no hay mal que cien años dure". Y es que la Cultura española, pese a todo, se resiste a ser asesinada por el fanatismo, la ignorancia, la ambición y la hipocresía.

A la muerte pública, que ojalá sea definitiva, de este eximio representante del sectarismo catalán, aupado al mangoneo presupuestario por el zapaterismo rampante y rebuznante, hay que lamentar dos desapariciones físicas.

La de una ilustre y veterana actriz que tanto nos enseñó sobre la vida en obras maestras como "El verdugo" bajo la dirección del mejor Berlanga. Todo un hito en la historia del cine y el arte.

Y la de una especie de Max Estrella pijo, que se inventó a su propio Autor más o menos desfigurado. Desigual, genialoide, cínico, pícaro de ciudad o Corte, que según los antiguos tratadistas resultan ser los más inmorales, Umbral deja varias viudas, muchos libros y artículos y… un gato.

Como el famoso personaje de Niebla, pero al revés, seguro que habrá de protestar porque el personaje haya acabado prematuramente con el Autor. No sabemos cómo lo recibirá su amigo traicionado, don Camilo el del Premio. Pero en verdad, es una pena que no haya sido invitado a su inesperado obituario para hablar solo de su último libro.

Pero en lo mediático, todo ello quedará empañado por la lamentable muerte de un joven futbolista. Pues…¡ la cultura es la cultura!

Descansen en paz.