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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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IdomeneoEl que se retire una obra por amenazas de algún clero, déspota, plutócrata o fanatismo vario no es nada bueno pero refleja los males reales de nuestra época con tan bonitos ideales proclamados como el de la libertad de expresión, por ejemplo, y ninguna voluntad de defenderlos.

Pero la genuina libertad de expresión no es libertad de insulto, ni de saqueo de la obra artística de los demás, sobre todo si ya no se pueden defender.

 

  El Idomeneo (K.366) de Mozart cuya acción se desarrolla en la patria chica de El Greco en épocaMozart mitológica fue estrenado en Munich la tarde del 29 de enero de 1781.

Es decir, tres años antes del ingreso del autor salzburgués en la Masonería austriaca.

Por entonces, a juzgar por la obra, la visión mozartiana acerca de los dioses y de los sacerdotes no era demasiado buena. Pero su visión del Islam, o al menos de algunas de las figuras de carácter oriental, ligadas a la moda turca, como el noble y generoso Salim Pachá de El Rapto en el serrallo (K 384) estrenada el 16 de julio de ese año, no es desfavorable. Salim se comporta mejor que los cristianos. Pero Mozart aún no había perfilado la figura del Sarastro de La Flauta mágica, aunque el tal Salim sea su antecedente.

En el Idomeneo, el dios Neptuno es colérico y vengativo de modo que exige sacrificios de sangre. Sin embargo, cuando el sacrificio va a ser consumado en su templo, Neptuno se conforma con la abdicación de Idomeneo en su hijo, quien se casa con su amada, una especie de Aida troyana.

Si ahora está de actualidad el Idomeneo, además de su reposición en el Festival Mozart de La Coruña, se debe a otros factores. En efecto, la Deustsche Oper ha retirado por temor al Islam la programación de una versión debida a Hans Neunfels, quien ni corto ni perezoso se había atrevido a cambiar a su manera el final y el sentido de la ópera mozartiana. En su final alterado el rey de Creta aparece manchado de sangre con un saco en el que lleva las cabezas cortadas de Neptuno, Jesús, Buda y Mahoma.

El que se retire una obra por amenazas de algún clero, déspota, plutócrata o fanatismo vario no es nada bueno pero refleja los males reales de nuestra época con tan bonitos ideales proclamados como el de la libertad de expresión, por ejemplo, y ninguna voluntad de defenderlos.

Pero la genuina libertad de expresión no es libertad de insulto, ni de saqueo de la obra artística de los demás, sobre todo si ya no se pueden defender. Y si hay que oponerse al fanatismo religioso, una de las bajas pasiones que impiden el desarrollo de la maestría en el hombre, el tal Neunfels metido a remendador de la obra mozartiana tampoco tiene derecho a alterar sustancialmente el mensaje espiritual o estético inicial del genial autor salzburgués.

Es el fantasma de Mozart, como el del padre de Hamlet, el que debería aparecer exigiendo justicia por esa suerte de crimen estético que constituye la manipulación de su obra con fines morbosos y de atracción de negocio. Que el tal Neunfels escriba lo que le parezca o haga un aria de rebuznos de coloratura es cosa suya y de quien vaya a verlo. Pero a Mozart, como a cualquier otro insigne artista hay que respetarlo no violando o adulterando su obra.

Esperamos la llegada del fantasma del Comendador del Don Juan para arrastrar a los burladores Neunfels al averno de donde nunca deberían haber salido.