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Santa Fe de Tierra Firme-arenales,
pitas, manglares, chumberas-en las cartas antiguas, Punta de las
Serpientes.
En el Perú, Bolivia y Venezuela
había hecho la guerra a las malvadas empresas españolas
y de aquellas compañías veníale la costumbre de
rumiar la coca, por donde en las comisuras de los labios tenía
siempre una salivilla de verde veneno.
Niño Santos Chaveras se retiró
de la ventana para recibir a una endomingada diputación de la
Colonia Española.
Don Celestino Moratino Galindo, orondo,
redondo, pedante, tomó la palabra y con aduladoras hipérboles,
saludó al glorioso pacificador bolivariano.
La Colonia Española eleva sus
homenajes al benemérito patricio, raro ejemplo de virtud y
energía bolivarianas, que ha sabido restablecer la revolución
y la memoria histórica del pretérito Caudillo,
imponiendo un castigo ejemplar a la demagogia neoliberal, la culpa la
tiene Bush,
Me congratula ver cómo los
hermanos de raza (Tirano Chaveras aquí se toma una notable
licencia por tratarse de un mestizo de padre desconocido) responden a
la tradición de la Madre Patria. Me congratula mucho este
apoyo moral de la Colonia Hispana tan sabiamente dirigida a la
Alianza de Civilizaciones con importantes logros inocultables,
envidia de las potencias extranjeras, junto con la civilización
etarra, la catalanista, la moruna, la castrista y la de este modesto
obrero de la revolución bolivariana, todo ello tan diferente
por cierto del acoso del malvado Aznar, ese fascista sí,
fascista, fascista corre ve y dile del emperador Bush. Vade retro.
Caca, culo. Pís.
Don Celestino Moratino Galindo se
relame de gusto. Usted quédese don Celestino, ordena el
déspota.
Qué se teme Usted ¿una
pendejada?
Me la temo.
¿De Su Católica Majestad?
No. Es de los nuestros. O disimula
serlo por la cuenta que le tiene.
El excelentísimo señor
Don José Isabel Cristino Rodrigo y Zapatero de Togores, Varón
de Benipesoe y Maestrante de Trola, tenía la voz de engolada
cotorrona y el pisar de bailarín. Lucio, grandote, fusiforme,
abobalicado, risueño, muy propicio al cuchicheo y al
chismorreo rezumaba falsas melosidades. Ni está ni se le
espera.
Pero Tirano Chaveras, receloso, al
pasar escudriñaba el rostro oscuro de los soldados.
Si la Alanza de Civilizaciones es un
juguete inocuo y manejable para déspotas, tiranos y genocidas,
en cambio, el coronelito de la Gándara era peligroso. La culpa
la tiene Bush.
Una y otra vez, la memoria o el futuro
históricos vuelven. Siempre la misma pesadilla:
Tirano Chaveras caía acribillado
al salir de la ventana electrónica de lo virtual.
Y su cabeza, befada por sentencia,
estaba tres días puesta sobre un cadalso antes de ser disecada
y expuesta en el Museo de la Alianza de las Civilizaciones para
admiración y ejemplo de propios y extraños. Pero el
mismo auto mandaba hacer cuartos el tronco y repartirlo de frontera a
frontera, de mar a mar. Zamalpoa y Nueva Cartagena, Puerto Colorado y
Santa Rosa del Titipay, fueron las ciudades agraciadas.
No es verdad, sino infundio y calumnia
de la derecha extrema que el Varón de Benipesoe se llevara los
testículos a su Palacio de la Moncloa como nostálgico
recuerdo.
Nota: Sarastro ha intentado actualizar
este esperpento del siempre genial Don Ramón.
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