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La Coruña, con L de libertad

Imagen: La Coruña, con L de libertad

Doma y castración del Reino de Galicia

 

Reyes Catolicos Galicia

Nacionalismo en las aulas

juventud nazionalista

1980

 

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 Como no todo va a ser Chavez o el moro Mohamed, nos anuncian en hora de máxima audiencia y vivo directo que se acaba de desarticular una peligrosísima banda de funcionarios municipales salteadores de expedientes. Geos, antidisturbios, expertos informáticos, cámaras, asesores de imagen, y agudos reporteros desarrollan la Operación Guateque a fin de explicar al pueblo soberano el modo de trabajo y beneficio de la peligrosa banda de obtención de licencias y permisos por la vía rápida y enseñarnos el copioso arsenal de oficina aprehendido.

Pero nos cabe una importante duda ante tanto despliegue. O bien estamos ante un caso de prevaricación, es decir, los detenidos iban contra norma y actuaban contra la legalidad a sabiendas. O por el contrario estos heroicos y quizás probos funcionarios son una especie de pioneros que habían montado una especie de eficiente gestoría interna dentro de su negociado para agilizar los trámites y salvar sus múltiples trampas como fuere.

Y con un notable ahorro para el administrado cuyos salvos lucros cesantes e incertidumbres resueltas presentan un excelente ratio beneficio coste frente a los importes de sus emolumentos u honorarios profesionales. Bien ganados hay que decirlo conforme a su muy alta productividad de acuerdo con la economía neoclásica walrasiana. El tiempo es oro y mucho más para el emprendedor que tiene empantanadas cuantiosas inversiones a la espera de que el farragoso y bizantino trámite sea consumado. Y en tal caso, la actuación de estos peligrosos funcionarios se trata de un caso a perseguir para que no cunda tan pernicioso ejemplo en la oronda, lamentable Administración, que medra con el mucho embrollar las cosas, hacer casi imposible el cumplimiento de la legalidad, y luego perdonar la vida al administrado, sobre todo si es de los nuestros.


Parece ser que fue Keynes el primero que dijo que "si quieres vender algo primero tienes que crear tu propia demanda". Lección muy bien aprendida por nuestros próceres y autoridades. La demanda de papeleo crece sin pausa y sin tino gracias a la pertinaz diarrea autonómica. La entropía aumenta. Nada menos que diecisiete parlamentos taifales más el de la Carrera de San Jerónimo y un Senado con piscina cubierta, dispuestos a legislar y contra- legislar sobre y contra todo lo divino y humano incluido el cambio climático. Y a eso añadir las ordenanzas y bandos municipales. Todo este barullo ordenancista, toda esta embrollada madeja con el mismo objetivo, parecer que gobernamos y el mismo inexorable destino: gastarnos hasta el último euro saqueado al contribuyente, engordar la gusanera con dímes y diretes, distingos y contradistingos, otros sí digo y declaración de impactos ambientales. Y todo ello fatalmente abocado a no ser cumplido salvo en el papel. Menos mal quizás, puesto que en caso de que milagrosamente se conocieran y cumplieran los miles de de leyes, reglamentos, normas y costumbres vigentes en Europa, España, la taifa Región y el Municipio, todo ello de modo simultáneo, probablemente el sistema estallaría en pedazos. El peor castigo, el más cruel y despiadado que se pudiera aplicar a los políticos malvados es que tuvieran que cumplir como administrados y hacer cumplir de verdad las leyes y normas que perpetran.

Por ejemplo, se hace una severa norma contra el botellón, en la que para disimular se prohíbe la venta de alcohol a menores. No se aplica, faltaría más. Total, seguramente ni tenemos competencias. A la hora de pillar impuestos y tasas todos somos competentes. Pero luego, a la hora de resolver algún problema resulta que a lo peor no tenemos atribuciones. O que la conjunción astral de fuerzas gubernamentales, autonómicas, locales y fácticas no es la adecuada para solucionar la cosa según los expertos en Astrología judiciaria. O que el Tribunal constitucional habrá de sentenciar, un milenio de estos.

Y además, para colmo, no hay que olvidar que la capacidad disuasoria de la Autoridad y de la Justicia son nulas o casi nulas, gracias al desastroso y desmoralizador estado del sistema judicial español, disuasorio no para el delincuente, sino para el sufrido reclamante, víctima o administrado.

Y es que cuando no son menores, y por tanto impunes, son de los nuestros. Estos polluelos, majaras, mal educados y borrachos fin de semana serán nuestros votantes. No hay que morder la mano que te ha de dar de comer. Es verdad que a medio o largo plazo un par de generaciones de españolitos puede estar machacado. Pero como también decía Keynes, el largo plazo es cosa de estudiantes y… a largo plazo, ¡todos muertos!


El asunto no es nuevo, el sin par Don Quijote ya se lo advertía al Sancho gobernador:

No hagas muchas pragmáticas, y si las hicieras procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen; antes dan a entender al príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor para hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas, que al principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella.


Pero volvamos al guateque. El alcalde de Madrid tras el terrible susto en el que se le fue la color, por si lo de la Corulla, respira tranquilo. No pasa ná. Yo no he robao ná. Yo soy socialdemócrata de centro y de tronío. Yo no he sío.

Mientras, el genial y abstruso gran visir Rub Al Kaba ordena a sus jarcas mediáticas y policiales que no se haga sangre del infiel, que es nuestro aliado. Y... ¿nuestro rehén?

Y es que los políticos cuanto más poderosos quieren ser menos responsabilidades desean asumir. En los supuestos más desfavorables como la prevaricación o cohecho, se supone que aunque no alcanzaran responsabilidades penales a los políticos, cosa que ya juzgarán los jueces, existe una responsabilidad política o institucional por cuestiones tales como favorecer un ordenancismo abusivo, organizar mal los procesos, y no controlarlos después y enterarse por la prensa, aún mediando denuncias, de todos estos abusos o supuestos delitos perpetrados por funcionarios bajo su mando.

Pero otra variante del clásico ¡Viva Cartagena! es la creciente manía de delegar responsabilidades propias de la Administración en Entidades privadas auxiliares de la Administración para licencias, certificaciones y controles. Al final resulta una declaración de impotencia o una invitación a la corrupción. Por la forma de hacerse: no es de extrañar incluso que algunas administraciones trasladen la documentación técnica o económica presentada por unas empresas o particulares a Entidades de control auxiliares que pertenecen a grupos o holdings de la competencia. O que muchos de los técnicos en los que recae el estudio, la auditoria o la calificación que antes hacían funcionarios sean jóvenes profesionales mileuristas con escasa experiencia y libertad para hacer frente a las posibles presiones y frecuentemente utilizados como fusibles a achicharrar para proteger las piezas mayores, en su caso. Siempre más lento y más caro. Quizás, también menos fiable.

Cuando el eximio alcalde de Madrid ofrece el lavarse las manos como mansa y galante solución, no sabemos si está dispuesto también a lavárselas a los demás agentes a su cargo. Que para eso cobra. O es que en vista de tan importantes agilidades y eficacia va nombrar a los justiciables de los que hemos hecho mérito gestores del nuevo Ente auxiliar conseguidor de licencias. "Tó pa el pueblo".