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Como no todo va a ser Chavez o el moro
Mohamed, nos anuncian en hora de máxima audiencia y vivo
directo que se acaba de desarticular una peligrosísima banda
de funcionarios municipales salteadores de expedientes. Geos,
antidisturbios, expertos informáticos, cámaras,
asesores de imagen, y agudos reporteros desarrollan la Operación
Guateque a fin de explicar al pueblo soberano el modo de trabajo y
beneficio de la peligrosa banda de obtención de licencias y
permisos por la vía rápida y enseñarnos el
copioso arsenal de oficina aprehendido.
Pero nos cabe una importante duda ante
tanto despliegue. O bien estamos ante un caso de prevaricación,
es decir, los detenidos iban contra norma y actuaban contra la
legalidad a sabiendas. O por el contrario estos heroicos y quizás
probos funcionarios son una especie de pioneros que habían
montado una especie de eficiente gestoría interna dentro de su
negociado para agilizar los trámites y salvar sus múltiples
trampas como fuere.
Y con un notable ahorro para el
administrado cuyos salvos lucros cesantes e incertidumbres resueltas
presentan un excelente ratio beneficio coste frente a los importes de
sus emolumentos u honorarios profesionales. Bien ganados hay que
decirlo conforme a su muy alta productividad de acuerdo con la
economía neoclásica walrasiana. El tiempo es oro y
mucho más para el emprendedor que tiene empantanadas
cuantiosas inversiones a la espera de que el farragoso y bizantino
trámite sea consumado. Y en tal caso, la actuación de
estos peligrosos funcionarios se trata de un caso a perseguir para
que no cunda tan pernicioso ejemplo en la oronda, lamentable
Administración, que medra con el mucho embrollar las cosas,
hacer casi imposible el cumplimiento de la legalidad, y luego
perdonar la vida al administrado, sobre todo si es de los nuestros.
Parece ser que fue Keynes el primero
que dijo que "si quieres vender algo primero tienes que crear tu
propia demanda". Lección muy bien aprendida por nuestros
próceres y autoridades. La demanda de papeleo crece sin pausa
y sin tino gracias a la pertinaz diarrea autonómica. La
entropía aumenta. Nada menos que diecisiete parlamentos
taifales más el de la Carrera de San Jerónimo y un
Senado con piscina cubierta, dispuestos a legislar y contra- legislar
sobre y contra todo lo divino y humano incluido el cambio climático.
Y a eso añadir las ordenanzas y bandos municipales. Todo este
barullo ordenancista, toda esta embrollada madeja con el mismo
objetivo, parecer que gobernamos y el mismo inexorable destino:
gastarnos hasta el último euro saqueado al contribuyente,
engordar la gusanera con dímes y diretes, distingos y
contradistingos, otros sí digo y declaración de
impactos ambientales. Y todo ello fatalmente abocado a no ser
cumplido salvo en el papel. Menos mal quizás, puesto que en
caso de que milagrosamente se conocieran y cumplieran los miles de de
leyes, reglamentos, normas y costumbres vigentes en Europa, España,
la taifa Región y el Municipio, todo ello de modo simultáneo,
probablemente el sistema estallaría en pedazos. El peor
castigo, el más cruel y despiadado que se pudiera aplicar a
los políticos malvados es que tuvieran que cumplir como
administrados y hacer cumplir de verdad las leyes y normas que
perpetran.
Por ejemplo, se hace una severa norma
contra el botellón, en la que para disimular se prohíbe
la venta de alcohol a menores. No se aplica, faltaría más.
Total, seguramente ni tenemos competencias. A la hora de pillar
impuestos y tasas todos somos competentes. Pero luego, a la hora de
resolver algún problema resulta que a lo peor no tenemos
atribuciones. O que la conjunción astral de fuerzas
gubernamentales, autonómicas, locales y fácticas no es
la adecuada para solucionar la cosa según los expertos en
Astrología judiciaria. O que el Tribunal constitucional habrá
de sentenciar, un milenio de estos.
Y además, para colmo, no hay
que olvidar que la capacidad disuasoria de la Autoridad y de la
Justicia son nulas o casi nulas, gracias al desastroso y
desmoralizador estado del sistema judicial español, disuasorio
no para el delincuente, sino para el sufrido reclamante, víctima
o administrado.
Y es que cuando no son menores, y por
tanto impunes, son de los nuestros. Estos polluelos, majaras, mal
educados y borrachos fin de semana serán nuestros votantes. No
hay que morder la mano que te ha de dar de comer. Es verdad que a
medio o largo plazo un par de generaciones de españolitos
puede estar machacado. Pero como también decía Keynes,
el largo plazo es cosa de estudiantes y
a largo plazo, ¡todos
muertos!
El asunto no es nuevo, el sin par Don
Quijote ya se lo advertía al Sancho gobernador:
No hagas muchas pragmáticas,
y si las hicieras procura que sean buenas, y sobre todo que se
guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo
mismo es que si no lo fuesen; antes dan a entender al príncipe
que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor
para hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se
ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas, que al
principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se
subieron sobre ella.
Pero volvamos al guateque. El alcalde
de Madrid tras el terrible susto en el que se le fue la color, por si
lo de la Corulla, respira tranquilo. No pasa ná. Yo no he
robao ná. Yo soy socialdemócrata de centro y de tronío.
Yo no he sío.
Mientras, el genial y abstruso gran
visir Rub Al Kaba ordena a sus jarcas mediáticas y policiales
que no se haga sangre del infiel, que es nuestro aliado. Y...
¿nuestro rehén?
Y es que los políticos cuanto
más poderosos quieren ser menos responsabilidades desean
asumir. En los supuestos más desfavorables como la
prevaricación o cohecho, se supone que aunque no alcanzaran
responsabilidades penales a los políticos, cosa que ya
juzgarán los jueces, existe una responsabilidad política
o institucional por cuestiones tales como favorecer un ordenancismo
abusivo, organizar mal los procesos, y no controlarlos después
y enterarse por la prensa, aún mediando denuncias, de todos
estos abusos o supuestos delitos perpetrados por funcionarios bajo su
mando.
Pero otra variante del clásico
¡Viva Cartagena! es la creciente manía de delegar
responsabilidades propias de la Administración en Entidades
privadas auxiliares de la Administración para licencias,
certificaciones y controles. Al final resulta una declaración
de impotencia o una invitación a la corrupción. Por la
forma de hacerse: no es de extrañar incluso que algunas
administraciones trasladen la documentación técnica o
económica presentada por unas empresas o particulares a
Entidades de control auxiliares que pertenecen a grupos o holdings de
la competencia. O que muchos de los técnicos en los que recae
el estudio, la auditoria o la calificación que antes hacían
funcionarios sean jóvenes profesionales mileuristas con escasa
experiencia y libertad para hacer frente a las posibles presiones y
frecuentemente utilizados como fusibles a achicharrar para proteger
las piezas mayores, en su caso. Siempre más lento y más
caro. Quizás, también menos fiable.
Cuando el eximio alcalde de Madrid
ofrece el lavarse las manos como mansa y galante solución, no
sabemos si está dispuesto también a lavárselas a
los demás agentes a su cargo. Que para eso cobra. O es que en
vista de tan importantes agilidades y eficacia va nombrar a los
justiciables de los que hemos hecho mérito gestores del nuevo
Ente auxiliar conseguidor de licencias. "Tó pa el pueblo".
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